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PERUANA DEL GUAJIRO

Nunca Arriba, Nunca Abajo, Siempre Iguales

 

Miguel Grau
Los Romanceros Criollos

Peru

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Gran Almirante del Perú Miguel María Grau Seminario

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El máximo héroe nacional, también denominado “Caballero de los Mares” y “Peruano del Milenio”
nació en la ciudad de Piura el 27 de julio de 1834.
Fue hijo del Teniente Coronel grancolombiano Juan Manuel Grau y Berrío, natural de la ciudad de Cartagena de Indias,
quien vino al Perú formando parte del ejército de Simón Bolívar.
Nacionalizado peruano, se casó con María Luisa Seminario y del Castillo,
piurana de nacimiento e hija de Fernando Seminario y Jaime,
alcalde ordinario del cabildo piurano y regidor perpetuo.



Vals Criollo del Perú




Letra: Lucas Borja
Música: Lucas Borja




Ya salió, el crucero Lima
todo cubierto de luto,
recorriendo, aguas chilenas
en busca de Miguel Grau.

El valiente Miguel Grau
con su Huascar, se batió;
le volaron medio cuerpo
y en el mar se inmortalizó (bis)

[Coro x2]

Adiós Tacna bella palma
adiós Arica laurel
ya se fue tu hijo querido
no lo volverás a ver

Si Leónidas el bravo espartano
defendiendo su patria murió,
Miguel Grau, el valiente peruano
con su Huáscar se inmortalizó.

Si en Lima por mí preguntan
díganles que preso estoy
el que quiera rescatarme
en Santiago de Chile estoy.

Adiós Tacna bella palma,
Adiós Arica laurel
ya se fue tu hijo,
no lo volverás a ver.




El pequeño Miguel Grau, debido a que su padre era empleado de la Aduana de Paita, fue puesto bajo la tutela de Manuel Francisco Herrera, capitán del bergantín neogranadino “Tescua”, nave en la que realizó sus primeras singladuras en la mar, y sufriría una dura experiencia al naufragar aquel bergantín frente a la isla Gorgona (Colombia). Sin embargo, pese a ello volvería a embarcarse. Su carrera naval la inició en 1854 como Guardiamarina, graduándose de Alférez de Fragata en 1856.

En 1858, participó a favor de la revolución del General Vivanco contra el gobierno de Ramón Castilla, pero al fracasar este movimiento, fue separado de la Armada, regresando a la Marina Mercante, y en este lapso, realizó numerosos viajes por el mundo entero.

En 1862 se reincorporó a la Armada y dos años después fue comisionado en misión oficial a Europa, para la adquisición de buques de guerra para la Escuadra. Hallándose en Francia como parte dicha comisión, fue nombrado para hacerse cargo de la recién adquirida corbeta “Unión”, siendo su primer comandante. Dicha nave, junto a su gemela “América”, inicia su viaje hacia el Perú en febrero de 1865, arribando al Callao meses después.

En diciembre de aquel año, el Perú había firmado un tratado de alianza ofensiva y defensiva con Chile ante una serie de incidentes producidos a raíz de la presencia de la Escuadra Española en aguas del Pacífico, la que desde 1864 había capturado las islas Chincha, y con una serie de actos hostiles amenazaba la paz continental.

Al ser declarada la guerra a España el 14 de enero de 1866, la “Unión”, en compañía de otras naves peruanas, se hallaban en aguas chilenas, conformando la denominada Flota Aliada, la que el 7 de febrero del mismo año, se batió contra una división española en el Combate de Abtao, ocasión en la que Miguel Grau, ya con los galones de Capitán de Fragata, comandó con arrojo a los tripulantes de la “Unión”.

Concluido el conflicto, en 1867 Grau se retira con licencia del servicio activo en la Armada para contraer matrimonio el 12 de abril de aquel año, con la dama limeña Dolores Cabero Núñez, con quien tuvo diez hijos.

En 1868 se reincorporó nuevamente a la Armada, siendo nombrado comandante del monitor “Huáscar”. Ya en 1872, a raíz del golpe de estado de los hermanos Gutiérrez, se pronunció en contra de esta inconstitucional actitud liderando un movimiento a favor de la estabilidad democrática y del orden constitucional.

En 1876 incursionó en la política en forma activa. Fue miembro del Partido Civil, y también se desempeñó como Diputado por el departamento de Paita, dejando el comando del “Huáscar” durante dos periodos legislativos.

En 1877 es nombrado por el presidente Prado en el cargo de Comandante General de la Marina. Al año siguiente, durante su gestión presentó una Memoria de Marina al Gobierno, documento en el cual informaba y evaluaba la situación general de la Armada tanto en lo material como en lo concerniente al personal, señalando importantes recomendaciones.

Al estallar la guerra con Chile, fue destinado nuevamente al mando del “Huáscar”, nave de la cual no se le desligaría jamás. Grau era consciente que Chile contaba con mejores naves en su escuadra de las que poseía el Perú. No obstante, a bordo del “Huáscar” con su habilidad y pericia, supo aprovechar al máximo los recursos ofensivos del buque y la capacidad combativa de su valerosa tripulación para pasearse frente a costas enemigas durante seis meses como si su Escuadra no existiese, amenazando las líneas de comunicaciones marítimas que sustentaban el esfuerzo bélico chileno.

El primer episodio de importancia durante la fase marítima del conflicto se llevó a cabo el 21 de mayo de 1879, cuando la primera división naval peruana, compuesta por el monitor “Huáscar” y la fragata blindada “Independencia”, se enfrentaron a los buques chilenos que bloqueaban el puerto de Iquique, entablando combate, siendo esta una ocasión en la que Grau mostró ante el enemigo su grandeza de espíritu y su célebre sagacidad: luego de hundir a la corbeta “Esmeralda” al tercer espolonazo, ordenó salvar a los sobrevivientes del buque vencido.

Tras este episodio, y con la pérdida de la fragata “Independencia” frente a Punta Gruesa, todo el peso de la campaña naval quedo prácticamente sobre los hombres del “Huáscar”. Con todo, Grau y los suyos conocían que tarde o temprano llegaría la hora de enfrentar a los blindados enemigos. Pese a lo precaria de su situación, Grau y la tripulación del “Huáscar”, continuaron negando el uso del mar a toda la flota enemiga. El 26 de mayo de 1879 ataca Antofagasta y al día siguiente apresa dos naves mercantes en Cobija.

El 3 de junio es avistado por el blindado “Blanco Encalada” y la cañonera Magallanes, pero logra escapar después de un corto duelo de artillería. Durante la noche del 10 de julio penetra en Iquique y ataca a las unidades navales que bloquean el puerto. La cañonera “Magallanes” logra eludir al “Huáscar”. Pero, ante la probabilidad de tener que enfrentar al blindado “Cochrane”, el comandante Grau decide regresar al puerto de Arica.

El 17 de julio zarpa a interceptar un convoy chileno, y una semana después captura al transporte “Rímac”, con 300 hombres pertenecientes al regimiento “Carabineros de Yungay”, y abastecimiento de guerra. Los éxitos del Grau a bordo del “Huáscar”, en particular la captura del “Rímac”, llevaron a la renuncia del Jefe de la Escuadra enemiga, Contralmirante Juan Williams Rebolledo, luego de lo cual se designa a un nuevo jefe y se somete a los buques chilenos a una recuperación de sus capacidades operativas, a fin de darle caza al “Huáscar”, lo que toma la mayor parte del mes de septiembre.

Mientras tanto, el monitor peruano y su brillante comandante, continuaban incursionando sobre la costa chilena, destruyendo instalaciones portuarias y embarcaciones, y evitando en lo posible dañar poblados indefensos, para afectar el esfuerzo económico chileno necesario para sostener la guerra. En reconocimiento a sus méritos, el 26 de agosto, el Congreso peruano le otorgó el ascenso al grado de Contralmirante, el cual Grau se negaría a ostentar, puesto que ello conllevaría a dejar el mando del “Huáscar”.

A principios de octubre, la Escuadra chilena se halla lista para llevar a cabo un plan concebido para capturar al “Huáscar”, y este se pone en marcha. El momento final llega en la madrugada del 8 de ese mes, cuando aproximadamente a las 3:30 horas, el “Huáscar” y la “Unión”, que llegaban de Antofagasta, divisaron tres humos, constatando después que se trataba de naves enemigas.

Grau actuó como otras veces, ya que no había otra posibilidad, y enrumbó hacia el Este para continuar luego al Norte. A las 7:15 horas distinguió otros tres humos provenientes del Norte, que eran el “Cochrane”, la corbeta “O'Higgins” y el transporte “Loa”, que navegaban hacia la división peruana para cerrarles el paso. Dada la situación de encontrarse entre dos divisiones enemigas y en la convicción de que eludir el combate ante fuerzas tan superiores era imposible, el Almirante Grau se dispuso a cumplir con su deber. Ordenó al comandante de la “Unión” salvar su buque, lo que se hizo aprovechando su mayor andar.

A los veinte minutos de iniciada la acción, una granada lanzada desde el “Cochrane” impactó en la torre del comandante, volando por los aires al Almirante Grau y dejando moribundo al Teniente Primero Diego Ferré, que le servía de ayudante.

Se continuó el combate con singular coraje de parte de los defensores del “Huáscar”, cuyo blindaje no tenía resistencia ante las poderosas baterías de las naves chilenas. El combate fue tenaz y sostenido, y se sucedieron en el comando de la nave peruana varios de sus oficiales que caerían muertos durante la contienda, hasta que debido a los daños recibidos, el último comandante del “Huáscar”, el Teniente Primero Pedro Gárezon, ordenó inundar el buque para evitar su captura. Sin embargo, la nave, ya incapacitada para la defensa, sin gobierno, pero con el pabellón aun a tope, sufrió el abordaje del enemigo.

En este último episodio glorioso que se registraría a bordo del “Huáscar”, cada uno a bordo del monitor peruano cumplió con su deber, siguiendo el ejemplo de su comandante.

Con el sacrificio de Grau, concluyó la vida de uno de los más ilustres peruanos de todos los tiempos. Todos los hechos de su vida estuvieron marcados por una conducta ejemplar, y su grandeza no solo estriba en el comportamiento heroico que mostró en las ocasiones en la que tuvo que defender a su patria y su inigualable pericia marinera, sino en la forma en que supo sobreponerse a las dificultades que el destino le puso en su camino. Como dijera el historiador peruano Jorge Basadre: “Miguel Grau Seminario fue un hombre comprometido con su tiempo, con su país y sus valores. Fue honesto y leal con sus principios, defendió el orden constitucional y fue enemigo de las dictaduras. El héroe de Angamos siempre estuvo en la línea de afirmación de las normas morales y las tradiciones de la república. Honrado en el camarote y en la torre de mando, lo es también en el salón y en el hogar”.

 

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