Manual del Compañero Masón
por Aldo Lavagnin Magíster
Al Compañero Masón
Este segundo grado en el cual habéis sido admitido,
es el resultado natural de vuestros esfuerzos en el primero: habiendo
aprendido, tenéis que probar, o sea demostrar en la práctica, con
una actividad fecunda, vuestros conocimientos y reconocimientos
interiores. En esto esencialmente estriba la cualidad de Compañero,
u Obrero de la Inteligencia Constructora, que se ha convertido en
tal como resultado de un aprendizaje fiel y perseverante.
Su iniciación efectiva en el Arte, como obrero o artista, lo hace
compañero de todos los que lo practican en comunidad de ideales
y finalidades, compartiendo el pan de los conocimientos y capacidades,
adquiridos por medio del estudio y de la experiencia, como resultado
de los esfuerzos en una actividad útil y constructiva.
El sentimiento de solidaridad o compañerismo que nace de tal íntima
comunión, es o debería ser la característica fundamental de este
grado masónico. El Aprendiz, en virtud de sus conocimientos todavía
rudimentarios, y de su simbólica incapacidad para una Obra realmente
eficiente, por no haber sido todavía probadas su perseverancia y
firmeza de propósito, no puede sentir aún esta solidaridad que nace
del sentimiento de igualdad con los que practican el Arte; sino
que debe de esforzarse constantemente para estar en aplomo con los
Principios, y poder llegar asía nivel con los que se han establecido
en los mismos.
La libertad es el ideal y la aspiración del Aprendiz, cuyos esfuerzos
se dirigen principalmente a libertarse del yugo de las pasiones,
de los errores y vicios; pues cada vicio es un vínculo (según la
etimología de la palabra) que lo detiene y retarda su progreso.
Por medio del esfuerzo vertical, simbolizado por la plomada (en
sentido opuesto a la gravedad de las propensiones negativas que
constituyen la polaridad inferior de su ser), llega a conquistar
aquella Libertad que sólo se encuentra en la fidelidad a los Ideales,
Principios y Aspiraciones más elevados de nuestro ser.
La igualdad debe ser igualmente la característica del Compañero
que aspira a elevarse interiormente hasta su más alto Ideal y, como
consecuencia, al nivel de los que se esfuerzan en el mismo camino
y para las mismas finalidades. En cuanto a la fraternidad no puede
ser sino el resultado de haberse identificado de una manera aún
más íntima con sus hermanos, cualesquiera que puedan ser las diferencias
exteriores que, como barreras, aparentan elevarse algunas veces
entre los hombres.
Sin embargo, el aprendizaje que habéis simbólicamente terminado,
al ser admitido en el segundo grado, no se ha acabado todavía: doquiera
y en cualquiera condición, en cualquier grado masónico, no cesamos
de ser aprendices porque siempre tenemos algo que aprender. Y este
deseo o actitud para aprender es la condición permanente de toda
posibilidad de progreso ulterior.
Pero a la cualidad de Aprendiz debéis agregar algo más: la capacidad
de demostrar y poner en práctica en actividad constructiva los conocimientos
que habéis adquirido, y por medio de esta capacidad realizadora
es como llegáis a convertiros en verdaderos Compañeros.
Igualmente, la capacidad de alcanzar un estado mental de firmeza,
perseverancia e igualdad no os dispensa de la necesidad de seguir
esforzándoos para estar constantemente en aplomo con vuestros ideales,
principios y aspiraciones espirituales.
Cada grado masónico simboliza, pues, una condición, cualidad, prerrogativa,
deber y responsabilidad que se suma a las precedentes sin que nos
dispense de cumplir con ellas. Por lo tanto, la cualidad de Compañero
debe agregarse a la de Aprendiz de manera que, sin que cese el esfuerzo
para aprender y progresar, esta actividad se haga fecundos y productiva,
según lo expresa el sentido de la Palabra que indica el pasaje del
primero al segundo grado.
Así, pues, por haber sido admitido en un grado superior, no debéis
olvidar vuestra instrucción de Aprendiz, ni tampoco dejar de seguir
estudiando y meditando el simbolismo del primer grado: el martillo,
el cincel y la escuadra no os son menos necesarios por el hecho
de que aprendáis también el uso del compás, de la palanca y de la
regla, que los complementan, pero no los substituyen.
Cada grado masónico es, pues, sobre todo, un nuevo grado de comprensión
de la misma Doctrina, un grado ulterior de capacidad en el uso de
los mismos instrumentos, cuyas infinitas posibilidades dependen
sólo de nuestro desarrollo interior. Con el mar-tillo y el cincel,
hará el humilde cantero al principio de su carrera una piedra toscamente
labrada; el obrero experto un trabajo mucho más provechoso para
los objetos de la construcción; un artista de mayor habilidad sabrá
hacer de ella un capitel u otra obra ornamental. Pero el escultor
que sabe expresar en dicha piedra un ideal de belleza, hará de los
mismos instrumentos un uso infinitamente superior, y el valor de
su obra será por cierto mucho mayor.
Lo mismo pasa con los grados masónicos, caracterizados tanto por
una mayor capacidad en el uso de los primeros y fundamentales instrumentos
del Arte, como por nuevos instrumentos simbólicos desconocidos en
los primeros grados. Más bien, el uso siempre más perfecto de los
instrumentos elementales, es lo que hace útiles y provechosos los
demás que de nada servirían, para quien no hubiera aprendido todavía
a manejar los primeros.
No olvidéis, por tanto, al ingresar en esta segunda etapa de vuestra
carrera masónica, que todo vuestro progreso en ella, como en las
sucesivas, depende de vuestra crecida capacidad de interpretar los
elementos fundamentales del simbolismo del Arte, aprendiendo a vivirlos
y realizarlos en una forma siempre más perfecta y provechosa; ya
que cada grado no es otra cosa que una mejor, más iluminada, elevada
y profunda comprensión y realización del programa del Aprendiz,
que será para siempre la base del Edificio Masónico, dado que en
su simbolismo se halla concentrada toda la Doctrina que se desarrolla
y explica en los grados sucesivos.