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El Secreto Masónico
Robert Ambelain
UN GRAN MAESTRO HABLA……
NOTA DEL EDITOR FRANCÉS:
EL AUTOR

Dado que el propósito de esta obra no se limita al
aspecto histórico, sino que pretende ser al mismo tiempo una reprimenda,
nos ha parecido necesario justificar la posición del autor. ¿Posee éste
la autoridad suficiente para defender ciertas posturas de la francmasonería
y, por otra parte, censurar algunas de sus orientaciones? Para informar
a nuestros lectores, hemos consultado la biografía incluida en la página
47 del Dictionnaire des Franc-Maçons français, publicado en 1980.
(MICHEL GAUDART DE SOULAGES y HUBERT LAMANT, Dictionnaire del Franc-Maçons
françcais, prólogo de Henri Prouteau, 33º del Rito Escocés Antiguo y
Aceptado. Ed. Albatros, París, 1980.)
La resumimos a continuación:
Ambelain, Robert.
Nacido en París el 2 de septiembre de 1907 (a las 10.20 horas). Escritor.
Historiador. Miembros de las sociedades Gens de Lettres y Association
des Écrivans de Langue Francaise “Mer-Outre-mer”, de la Academia Nacional
francesa de Historia, de la Academia de Ciencias de Roma (sección literaria).
Autor de cuarenta y dos obras, publicadas entre 1936 y 1985, carrera
en la masonería:
- Recibido como Aprendiz el 26 de marzo de 1939,
en la logia “La Jerusalem des Vallées Égiptiennes”, Rito de Memphis-Misraim.
Padrino: C. Chevillon, Gran Maestre.
- Recibido como Compañero y
Maestro el 24 de junio de 1941. encargado por C. Savoire, R. Wibaux,
R. Crampon y G. Lagrèze –altos dignatarios del Rito de Memphis-Misraim,
el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y el Rito Escocés Rectificado- de
mantener el Rito de Memphis-Misraim en la clandestinidad, creó, en compañía
de algunos miembros de diversas obediencias unidos a la Resistencia
masónica, la logia Alexandrie d’Egypte y, más tarde, su capítulo. Templo:
en su domicilio, plaza del Limousin, número 12, París (13º), con insignias
y accesorios rituales. Para ello, recibió durante los años de la ocupación,
con todos los poderes necesarios:
- todos los grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, hasta el 33º incluido;
- todos los grados del Rito Escocés Rectificado, incluidos los de la Orden Interior (Caballero de la Ciudad Santa, Profeso);
- todos los grados del Rito Antiguo y Primitivo de Memphis-Misraim, hasta el 95º incluido;
- todos los grados del Rito Sueco, incluido el de Caballero del Templo;
- el título de Gran Maestre ad vitam para Francia del Rito de Memphis-Misraim, el de Gran Maestre Mundial adjunto (1943 y 1944) y el de Gran Maestre Mundial de dicho Rito (1962);
En la actualidad, posee los títulos siguientes:
- Gran Maestre Consumado Mundial del Honor del Rito de Memphis-Misraim
(1985);
- Gran Maestre de Honor del Grande Oriente Mixto de Brasil;
- Gran Maestre de Honor del antiguo Grande Oriente de Chile;
- Presidente
del Supremo Consejo de los Ritos Confederados de Francia;
- Gran
Maestre de Francia del Rito Escocés Primitivo (Early Grand Scottish
Rite);
- Compañero imaginero del Tour de France (Union Compagnonnique
des Devoirs Unis), con el nombre de “Parisien-la-liberté” (1945).
INTRODUCCIÓN: EL PORQUÉ DE ESTA OBRA
La contrainiciación
se afana por introducir sus agentes
en organizaciones pseudoiniciáticas,
a las que éstos inspiran
sin que lo adviertan sus miembros ordinarios.
RENÉ GUÉNON
El reino de la cantidad y los signos de los tiempos
Venida de los tiempos más remotos, desde los constructores de las
pirámides a los constructores de las catedrales, pasando por las corporaciones
tirias y judaicas, los collegia grecorromanos y las cofradías medievales,
la masonería operativa ha estado siempre dirigida por misteriosos filósofos,
que le adjudican la tarea de transmitir, conscientemente o no, lo esencial
de una técnica iniciática muy precisa.
En efecto, se advierte
siempre en el pasado la existencia de una iniciación, vinculada a los
oficios, que en francés se ha convenido en llamar métiers. La palabra
viene del término latino ministerium, que significa “oficio”, “ministerio”,
“servicio”, y esta raíz nos conduce a una cierta sacralización de lo
que se denomina también una profesión, voz emparentada con profeso,
término con que se designa al que ha formulado votos y ha aceptado compromisos
dentro de una orden religiosa o caballeresca.
Mucho antes de
que diese nacimiento a la masonería especulativa, su gran hermana contemporánea,
la masonería operativa había creado, ya en la Edad Media, un lenguaje
simbólico, con imágenes plenas de sustancia, puesto que el pensamiento
libre, conservado celosamente por cerebros elegidos, no corría el peligro
de prostituirse. Las antenas sutiles que la mente humana tiende a veces
hacia el mundo misterioso de los arquetipos y los universales, captan
con gran frecuencia conceptos cuyas imágenes fugaces se mantendrían
difícilmente en el consciente del hombre si los símbolos, como pasarelas
tendidas entre la carne y el espíritu, no permitiesen percibirlas, representarlas
y traducirlas.
Pero el Homo Faber contemporáneo apartó hace mucho
tiempo de sus actividades profesionales esta vida de los símbolos...
Ya se encargaron de separarlo de ella los medios que se preocupaban
por su porvenir. Y en nuestros días, cada vez se pone más en duda la
importancia y la utilidad de la parte de herencia operativa conservada
por la masonería especulativa. Digámoslo claramente, la francmasonería,
en su conjunto, siguió el mismo descenso evolutivo que la Iglesia, su
hermana gemela y rival. El materialismo invadió los templos masónicos,
se incrementó la mediocridad al aumentar el número, y lo que debía limitarse
a una discreta tolerancia se convirtió en laxismo agresivo. Como se
ha dicho, la mentalidad moderna en sus múltiples aspectos no es otra
cosa que el producto de una vasta sugestión colectiva, ejercida de modo
continuado durante cerca de cuatrocientos años en todos los campos,
religioso, político, familiar e individual, y tendente a cortar los
lazos entre el hombre y sus raíces espirituales.
Las grandes
religiones exotéricas –judaísmo, cristianismo, Islam- tienen su parte
de responsabilidad en esta decadencia, por su obstinación en querer
imponer a las masas, en la actualidad ya advertidas, una serie de cuentos
chinos. Y a las corrientes revolucionarias les resultó fácil sacar partido
del materialismo, estúpido y egoísta, de las clases dirigentes. Las
páginas que siguen van dirigidas en primer lugar a los francmasones,
pero también a todos aquellos que se inquietan por el mañana, que no
da en absoluto la impresión de que vaya a ser feliz. A los primeros
les toca en serio su papel de “constructores” en la sociedad del nuevo
milenio.
GLOSARIO DE LOS PRINCIPALES TÉRMINOS MASÓNICOS
ARQUITECTO (GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO): Definición
general que dan los francmasones de la Causa Primera. Oficial de logia,
conservador de los archivos y encargado del mobiliario del templo.
BANDA: Cinta de muaré, de diez a doce centímetros de ancho, con
los colores correspondientes a los diversos grados de la jerarquía masónica.
La llevan los que están en posesión de esos grados. Va de un hombro
(derecho o izquierdo) a la cadera del lado opuesto. Se le llama también
“tahalí”.
BÓVEDA DE ACERO: Cuando un dignatario entra en una
logia como visitador o para una inspección, el Venerable hace levantarse
a los presentes y ponerse “a la orden” (signo ritual), y pide que se
conduzca hasta él al dignatario visitador, encuadrado por Maestros portadores
de la espada y precedido por el Maestro de Ceremonias, con el candelabro
de tres brazos encendido. El Maestro de Ceremonias va precedido a su
vez por el Gran Experto, que lleva la espada a la altura de los labios.
Durante ese tiempo, el Venerable y los dos Vigilantes riman con sus
malletes la batería de entrada, y los masones de las primeras filas
forman con sus espadas masónicas la bóveda de acero. Una vez que el
dignatario ha subido al Oriente, el Venerable debe entregarle su mallete,
símbolo de la abdicación de su autoridad. Este último rito sólo se practica
cuando el visitador es dignatario de la misma obediencia. Se sigue el
mismo ceremonial para la salida del dignatario. Véase “Columna de armonía”.
COLUMNA DE ARMONÍA: Conjunto instrumental o dispositivo de reproducción
musical destinados a la ejecución de la música masónica en el curso
de las ceremonias rituales.
COLUMNAS DE ORDEN: Tres columnas
enmarcan el rectángulo. Simbolizan la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza,
virtudes determinantes en toda obra masónica.
COLUMNAS DEL TEMPLO:
Representan los bancos situados al norte y al sur de un templo masónico,
en los que se sientan, en un orden preciso, los miembros de la logia,
del capítulo, del areópago, etc., de acuerdo con su jerarquía.
COLUMNAS J y B: Columnas que flanquean interiormente la puerta de
un templo masónico, en recuerdo de las dos columnas que adornaban la
entrada del templo de Salomón en Jerusalén.
COLLAR: De la misma
naturaleza que la banda, pero cortado y cosido en ángulo, rodeando el
cuello y los hombros de un masón. Corresponde a los oficiales de la
orden, y también a ciertos grados de la jerarquía masónica. Mantiene
colgando sobre el pecho la joya apropiada.
CONVENTO: Asamblea
general anual, que se celebra normalmente durante el equinoccio de septiembre
y que reúne a los representantes de todas las logias que constituyen
una obediencia. Esta asamblea es a la vez deliberativa y legislativa,
en el marco de las Constituciones y los Reglamentos generales de dicha
obediencia.
DECORACIONES: Las diversas insignias utilizadas por
los francmasones, incluyendo el mandil del grado, la banda o la cinta,
y los guantes, blancos o negros según el grado practicado.
DELTA:
Gran triángulo luminoso, que lleva en su centro un ojo rodeado de rayos,
el cual expresa la presencia en el templo del Gran Arquitecto del Universo,
cuando los trabajos se han iniciado según el rito y “a Su Gloria”, fórmula
secular.
ESPADA: Espada de hoja plana, con empuñadura en forma
de cruz. Lleva símbolos masónicos y se utiliza en las diversas ceremonias.
ESTRELLA FLAMÍGERA: Estrella simbólica de cinco o seis puntas. Hace
alusión al conocimiento esotérico masónico.
ESTRELLAS: Aparecen
generalmente representadas en el techo pintado de azul de los templos
masónicos. El término indica también las luminarias (velas, cirios),
fijadas o portadas por los Oficiales durante las ceremonias.
GRAN LOGIA: Asociación de varias logias masónicas que practican el mismo
rito. Se necesitan como mínimo tres logias para constituir una Gran
Logia o un Grande Oriente.
GRANDE ORIENTE: Sinónimo de Gran Logia.
Representa siempre una obediencia. Véase este término.
GUANTES:
Los francmasones usan guantes para las ceremonias rituales, blancos,
negros o amarillos, según el ritual y el grado jerárquico practicados.
El día de su iniciación, el nuevo Aprendiz recibe dos pares de guantes
blancos, uno para él y otro para “la mujer a la que más quiera”. Los
correspondientes los Grandes Oficiales están adornados con manoplas.
GUARDA TEMPLO: Oficial de logia encargado de vigilar a la entrada
del templo la regularidad con que penetran en él los miembros o los
visitadores y la seguridad de los trabajos: discreción, alejamiento
de los inoportunos, etc.
JOYA: Modelo reducido de uno de los
nueve útiles simbólicos de la francmasonería. La llevan los Oficiales
colgando del collar. Cada joya de logia designa una función dentro de
ésta.
JOYAS DE LA LOGIA: Las tres joyas de una logia son el Compás,
símbolo del Hombre, del Espíritu; la Escuadra, símbolo de la Materia
y también de la regularidad del trabajo, y el Libro Sagrado, símbolo
del Gran Arquitecto del Universo. En ciertos ritos, este último ha sido
reemplazado por la regla.
LETRA G: Significativa del Conocimiento,
de la Gnosis, de la Geometría, de la Generación, según las tres virtudes
masónicas, Sabiduría, Fuerza y Belleza, sinónimas de utilidad, solidez
y armonía.
LIBRO SAGRADO: A veces reemplazado por la regla. Se
trata siempre de uno de los libros que sirven de base a una religión
revelada: Biblia, Evangelio, Corán, etc. Puede ser también, simplemente,
el libro de las Constituciones de la obediencia.
LOGIA: Reunión
de francmasones bajo una misma denominación, los cuales practican el
mismo rito y pertenecen a la misma obediencia (véase este término).
Sinónimo de templo. Logia “salvaje” o independiente: que no pertenece
a ninguna obediencia. Logia tradicional: que perpetúa un rito que ya
no se practica.
LUCES DE ORDEN: Cirios encendidos sobre los pilares
de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza. Su número varía con el grado
jerárquico practicado. En encenderlos y el apagarlos constituye la parte
esencial del ceremonial de apertura y cierre de los trabajos.
MALLETE O MAZO: Mazo de boj, de ébano o de marfil que sirve para
ir marcando, mediante un número emblemático de golpes, las diversas
fases de las ceremonias masónicas. Son tres, el del Venerable y los
del Primer y Segundo Vigilantes.
MALLETES BATIENTES: Golpeteo
cadencioso de los tres malletes que acabamos de citar, conforme al ritmo
de los tambores de antaño. Acompaña a la entrada solemne de los dignatarios
en la logia, bajo la bóveda de acero (véanse estos términos).
MANDIL: Emblema e insignia esencial de la cualidad masónica. De
piel de cordero, seda o satén, según el grado. Generalmente adornado
con franjas de oro para los Grandes Maestres, lleva símbolos bordados
en relación con la función o el grado a los que está asociado. Su ausencia
descalifica a una logia o a una obediencia.
MEDIODÍA: Desde el
punto de vista de la hora, señala el comienzo simbólico de los trabajos
masónicos. Como sinónimo de sur, designa la columna ocupada por los
Compañeros y los Maestros. Está bajo el cuidado del Primer Vigilante.
NORTE: Designa la columna situada al septentrión. La primera fila
está ocupada por los Aprendices, la segunda por los Maestros, bajo el
cuidado del Segundo Vigilante.
OBEDIENCIA: Conjunto de una formación
masónica que comprende cierto número de logias sometidas a un mismo
rito y a una misma autoridad administrativa.
OCCIDENTE: Designa
simbólicamente la parte del templo por la que se entra en la logia,
entre las dos columnas J y B. está bajo la vigilancia del Guarda Templo.
OFICIALES DE LOGIA: Son doce:
1. El Venerable (presidente
del taller),
2. El Primer Vigilante,
3. El Segundo Vigilante,
4. El Orador (guardián de las Constituciones y censor de las ceremonias),
5. El Secretario (memoria de la logia, asume el secretariado),
6.
El Maestro de Ceremonias (dirige éstas),
7. El Gran Experto (asume
la responsabilidad de las ceremonias de iniciación),
8. El Tesorero
(conserva los fondos de la logia),
9. El Limosnero u Hospitalario
(conserva los fondos de beneficencia, visita a los hermanos enfermos
o necesitados),
10. El Guarda Templo (guardián de la entrada en el
templo, controlador de las identidades),
11. El Arquitecto (conservador
de los archivos, del mobiliario y los accesorios, organizador de los
banquetes),
12. El Maestro Consumado (Venerable que ha cumplido su
mandato trienal; se sitúa a la izquierda del Venerable en ejercicio
y actúa como su consejero).
ORIENTE: Estrado formado por tres
escalones, situado al este de la logia y en el que se acomodan el Venerable,
el Secretario, el Orador, el Maestro Consumado y los dignatarios visitadores.
Designa también la ciudad en que se lleva a cabo la actividad de una
logia. Se dice: “al Oriente de...”.
ORIENTE ETERNO: Término que
designa para la francmasonería el más allá. Es el mundo de los muertos,
el de los “Maestros Consumados”, agrupados en la Logia Eterna. Significa
también el fichero de los masones difuntos.
PASOS PERDIDOS: Término
con que se conocen los vestíbulos, locales y corredores que conducen
a uno o más templos masónicos, y en los cuales no es necesario adoptar
el mismo comportamiento que en un templo cerrado.
PREGUNTAS DE
ORDEN, llamadas también testamento filosófico. Tras aislarse algún tiempo
en la sala de reflexiones, preliminar indispensable para la ceremonia
de iniciación al grado de Aprendiz, el candidato debe responder por
escrito a tres preguntas:
- ¿Cuáles son los deberes del hombre
con respecto al Gran Arquitecto del Universo?
- ¿Cuáles son los deberes
del hombre con respecto al universo, a los seres?
- ¿Cuáles son los
deberes del hombre con respecto a sí mismo y a la humanidad?
El testamento filosófico nunca ha significado para la masonería la promesa,
hecha por el profano candidato a la iniciación, de ser enterrado o incinerado
sin ningún rito religioso. Y en nuestra época, no faltan masones que,
a su fallecimiento, pasan por la iglesia, el templo o la sinagoga. Recordemos
que la Iglesia Católica autoriza ahora la incineración póstuma. Lo cual,
desde el punto de vista ocultista, supone un error. La naturaleza no
incinera. Devuelve al medio ambiente el carbono, el oxígeno, el hidrógeno
y el nitrógeno.
RECTÁNGULO: Gran rectángulo en forma de tablero
de ajedrez, blanco y negro, que incluye por regla general cierto número
de casillas emblemáticas y que ocupa el centro de un templo masónico.
En sus ángulos se alzan las tres columnas que soportan las luces de
orden. Véanse estos términos.
REGULARIDAD: Clasificación arbitraria
que ciertas obediencias masónicas reservan para otras obediencias, en
función de la diferencia de origen, de ritos, de orientación. Los francmasones
no observan esta noción entre ellos, sino que es propia de las autoridades
administrativas de dichas obediencias.
REMATAR (TUILER): Interrogar
a un Visitador sirviéndose de gestos y palabras secretas, con objeto
de asegurarse de su cualidad masónica y de su verdadero grado.
RITO: Conjunto de las ceremonias y los usos propios de una familia
masónica en particular, es decir una logia, obediencia, etc.
RITUAL: Obra que enumera en detalle las ceremonias que se han de observar
durante una tenida masónica. Cada oficial de logia posee el suyo, el
correspondiente a su función. Es el equivalente de un sacramental o
un pontifical religiosos.
SALA O CÁMARA DE REFLEXIONES: Cámara
semi-oscura en la que medita durante algún tiempo, ante los símbolos
apropiados, el candidato a la iniciación masónica.
SEPTENTRIÓN:
Parte norte de un templo. Su columna está reservada a los Aprendices
y Maestros. Se halla a cargo del Segundo Vigilante.
SUPREMO CONSEJO:
Asamblea formada por un número preciso de miembros, que dirige los altos
rangos de una obediencia. Las logias ordinarias están dirigidas por
un consejo federal, con las mismas prerrogativas.
TALLER: Sinónimo
de logia. Véase este término.
TAPIZ DE LOGIA, LLAMADO TAMBIÉN
“CUADRO”: Lienzo pintado que simboliza el templo de Salomón y que se
coloca extendido sobre el rectángulo, entre las tres columnas de orden
(véanse estos términos). Los tapices de logia, que varían con el grado
practicado, reemplazaron el trazado con tiza sobre el suelo de las habitaciones
en que se celebran las ceremonias masónicas en los siglos XVI y XVII.
Se trataba entonces de un rito evocador del antiguo templo de Jerusalén,
que en su origen gozó de una sacralización excepcional. Dicho rito desapareció
con la masonería moderna, que ha perdido por completo la clave y que
ni siquiera sacraliza ya los tapices de logia.
TEMPLO: Lugar
cerrado en el que se desarrollan las ceremonias masónicas. Pasa siempre
por una ceremonia de sacralización el día de su inauguración, ceremonia
que se repite cada vez que se lleva a cabo algún arreglo material. En
su interior no se debe fumar, comer ni beber, y hay que penetrar siempre
en él con las decoraciones.
TENIDA: Una tenida masónica es una
asamblea de masones reunidos con una finalidad precisa, es decir, tenida
ritual, tenida de comité (Oficiales de logia), tenida de familia (no
ritual).
TESTAMENTO: Véase “Preguntas de orden”.
VENERABLE:
Presidente de una logia. Llamado antiguamente Maestro de logia, su nombramiento
solía ser vitalicio cuando se trataba del fundador de la misma. En la
actualidad lo eligen los miembros de la logia, y su mandato dura tres
años como máximo. En ciertas obediencias, la capacidad de elección está
reservada a los Maestros. Pero siempre se exigen como mínimo cinco años
de Maestría para ser elegible para ese puesto. La elección tiene que
ser aprobada y confirmada por la alta autoridad administrativa de su
obediencia. Su “instalación” es objeto de una ceremonia particular,
en el curso de la cual “instala” a sus Oficiales, tras haber prestado
juramento de fidelidad a las Constituciones. Le corresponde conferir
a los nuevos Aprendices la iniciación masónica, abrir y cerrar los trabajos,
convocar la logia, etc. En la cumbre de la obediencia, su lugar es asumido
por el Gran Maestre, quien disfruta del poder secular de “dar la luz”
(es decir, iniciar) a un profano y convertirlo en Aprendiz, y de conferir
el grado de Compañero o de Maestro a un Aprendiz bajo su propia responsabilidad,
sin dar cuentas a nadie. Ese privilegio sólo se ejerce en circunstancias
excepcionales.
1
LA FRANCMASONERÍA
Un masón está obligado, por su misma condición, a
obedecer a la ley moral. Y si entiende exactamente el Arte, no será
nunca un ateo estúpido, ni un libertino irreligioso.
El Libro
de las Constituciones, 1723 Tal es el primer párrafo de una obra de
título muy largo: Las obligaciones de los francmasones, extraídas de
los antiguos archivos de las logias de más allá del mar, las de Inglaterra,
Escocia e Irlanda, en uso en las logias de Londres. Para leer con ocasión
de la admisión de nuevos Hermanos, o cuando el Maestro dé la orden.
La primera edición fue realizada en Londres, por William Hunter,
para John Scnex ‘del Globo’ y John Hooke ‘de la Flor de Luz’, frente
a la iglesia de St. Dunstan, Fleet-Street. Año de la masonería: 5723;
año de Jesucristo: 1723”.
Esta publicación fue como la participación
de nacimiento de la francmasonería que conocemos, y a la que pertenecen
más de cinco millones y medio de hombres en el mundo entero. Pero ¿de
dónde venía? Sus orígenes siguen siendo misteriosos y en parte legendarios.
Se puede admitir que los tres primeros grados de la masonería “Simbólica”
-es decir, que agrupa los tres primeros grados, Aprendiz, Compañero
y Maestro- nacieron, en efecto, por cooptación Honorífica de Miembros
no Operativos, pero “Aceptados”, de las corporaciones tradicionales
de canteros y carpinteros. Sin embargo, es más lógico admitir que los
Altos Grados, al menos un buen número de ellos, derivan de las Ordenes
de Caballería entonces existentes y de otras ya desaparecidas: Templarios,
Teutónicos, Porta-Espadas, del Santo Sepulcro, etcétera.
En la
práctica, la masonería se nos presenta hoy en día como una sociedad
de pensamiento, relativamente secreta, extendida por el mundo entero.
Basada en la libertad de pensamiento y la tolerancia, se fija como objetivo
la búsqueda de la verdad en todos los campos y el perfeccionamiento
material y moral de la humanidad. Sus adherentes se agrupan en logias,
capítulos, areópagos (según los grados de la jerarquía), reunidos y
constituyendo obediencias: Grandes Logias, Supremos Consejos, Soberanos
Santuarios. Sus diversas formaciones difieren por los ritos practicados,
expresados en rituales. Las diferencias entre los ritos están subrayadas
por las diferencias entre sus diversas insignias, llamadas «decoraciones»,
es decir, los mandiles (de piel de cordero, seda o satén) y las bandas
o collares, con sus joyas, símbolos metálicos, plateados o dorados,
que expresan un rango o una función. Las bandas y collares provienen
de los que utilizaban ciertas órdenes honoríficas civiles históricas
o ciertas órdenes militares.
Diversas tradiciones hacen remontar
la francmasonería a la construcción de las pirámides, a la del templo
de Salomón en Jerusalén, a los antiguos misterios de Egipto y Grecia,
etc. Se la puede razonablemente vincular a las corporaciones de constructores,
desde los collegia grecorromanos a los constructores de las catedrales
medievales, con todos los aspectos accesorios dependientes del simple
urbanismo: puentes, acueductos, fortalezas... y qué duda cabe que los
nueve útiles simbólicos de la francmasonería actual, la importancia
dada a la geometría, el uso del mandil, la exhibición del compás y la
escuadra en las diversas ceremonias y todo el lenguaje convencional
utilizado en los rituales se relaciona con el arte de construir de las
corporaciones medievales y con sus símbolos.
Como todas las asociaciones
profesionales, esas corporaciones poseían secretos del oficio que transmitían
a sus miembros, secretos sobre operaciones manuales, habilidades y distintas
sutilezas. A esto se añadía para los maestros de obras todo el arte
de la Geometría e, inevitablemente, el conocimiento de la resistencia
de los materiales.
En los lugares en que iniciaban una obra para
trabajar en ella, los albañiles (los maçons) encontraban alumnos, los
Aprendices, formados en la logia del lugar, que no se limitaba a ser
un taller, sino que servía también como emplazamiento para el descanso,
la enseñanza, el intercambio de ideas. Cuando llego el tiempo en que
las corporaciones de albañiles perdieron su principal razón de ser a
causa de las transformaciones económicas y sociales, admitieron para
subsistir, a miembros honorarios, llamados en inglés Accepted Masons,
o sea, masones aceptados, por oposición a los albañiles o masones profesionales,
llamados Operative Masons, es decir, masones operativos.
Fue
en Gran Bretaña, en el siglo XVII, donde las corporaciones de albañiles,
que habían cobrado desde la Edad Media una importancia particular, empezaron
a recibir miembros no pertenecientes a la profesión. Ya en 1600 aparece
inscrito en la logia de Edimburgo (Escocia) un escocés perteneciente
a la nobleza, John Boswell, lord Auchinleck. El 16 de octubre de 1646,
Elie Ashmole, el miembro más activo del Círculo Católico de Londres,
fue recibido como masón aceptado en la logia de Warrington, al mismo
tiempo que su cuñado, el coronel Henri Mainwarieg de Kerthingham, apadrinados
ambos por Richard Penket, warden de los Fellow-Crafts. Ashmole encontró
allí a Thomas y George Warton, al matemático William Oughteed, a los
doctores en teología John Herwitt y John Prarson y al astrólogo del
rey Carlos I, William Lilly.
Así, poco a poco, a través de una
lenta evolución, las logias operativas se transformaron en sociedad
de pensamiento, y las ceremonias iniciáticas transfirieron su simbolismo
del plano material al plano intelectual. No obstante, durante todo el
siglo XVII los ritos continuaron invariables, sencillos pero eficaces,
teniendo en cuenta la importancia absoluta que un hombre honorable daba
a su palabra y a su juramento. Fue en el siglo XVIII cuando se produjo
el cambio, debido al escepticismo de buen tono, a la irrisión de lo
espiritual, al materialismo que invadía los salones, sobre todo en Francia.
El mal alcanzó a los medios masónicos, con mayor o menos intensidad,
de acuerdo con la naturaleza de las logias. Para ponerle remedio, se
alargaron las ceremonias, las «pruebas», la gravedad y la longitud de
los juramentos, se completaron los tres grados de la masonería primitiva
con los primeros «grados de venganza», para castigar implacablemente
al posible traidor. Personas como Helvecio, Voltaire, Marmontel, Montesquieu,
D’Holbach, todos ellos masones, todos ellos celebridades del Siglo de
las Luces, redactores de la Enciclopedia, tienen su parte de responsabilidad
en la degradación espiritual de la francmasonería inicial del siglo
XVII.
También la tiene la llegada del «número». El esoterismo
que se albergaba en el interior de la Orden no podía acomodarse con
una masonería nacida de una sociedad ligera y fútil, por lo cual el
«número» tenía que conducir fatalmente a la mediocridad: «Todo el mundo
pertenece a ella...» escribirá María Antonieta a su madre, la emperatriz
de Austria. Cierto, todo el mundo pertenece a ella... Y el cuadro de
los Grandes Oficiales del Grande Oriente de Francia correspondiente
al año 1773 resulta impresionante. Desde el Serenísimo Gran Maestre
Luis José Felipe de Orleáns, duque de Chartres, príncipe de sangre real,
hasta el modesto Gran Limosnero de la Orden, el Muy Respetable Hermano
marqués de Briqueville, mariscal de los Campamentos y Ejércitos del
Rey, se incluyen dieciocho nombres pertenecientes a las familias más
encumbradas de la aristocracia de Versalles, a los que siguen cuarenta
y seis nombres de muy buena nobleza para las diversas cámaras de la
Orden.
Lo que significa que los ritos tendrán que acomodarse
a una vida mundana que carece de relación con ellos y con lo que transmiten,
y donde la beneficencia y las obras de caridad ocupan el mayor lugar,
sin más. Lo mismo ocurre actualmente en ciertas obediencias, en las
que un vago humanismo, incluso a veces irracional y sin contacto con
la realidad, no hace más que encubrir un plan político extraño a la
verdadera masonería, cuando no se opone francamente a ella en sus esperanzas
y sus resultados.
Por regla general, se fija el comienzo de la
francmasonería moderna el 24 de junio de 1717, fecha de la fundación
de la Gran Logia de Londres, para lo cual se reunieron cuatro logias
londinenses en la posada de El Manzano, en Covent Garden.[2]
Por
mayoría de votos, se eligió como Gran Maestre a Anthony Sayer. Se desconoce
si era o no gentilhombre (gentleman). Ahora bien, a partir de 1721 la
masonería escogerá a sus Grandes Maestres entre la alta aristocracia,
empezando con el duque de Montagu. La obligación (muy lata) de creer
en Dios, Gran Arquitecto del Universo, se extendió a todas las confesiones
y, a partir de 1723, la masonería inglesa admitió en su seno a los judíos.
Entre ellos destacaría el célebre Falk Sheck, resh galutha (exilarca)
de toda la Diáspora (véase más adelante, p. 68). Al menos, así se creía
entonces.
Como reacción inevitable, la logia de York, logia inmemorial,
se alarmó ante esta creación y se constituyó en seguida en Gran Logia
de toda Inglaterra. Pero la Gran Logia de Londres extendió poco a poco
su influencia sobre toda Gran Bretaña. En 1717 su jurisdicción abarcaba
cuatro logias, sesenta y tres en 1725, ciento veintiséis en 1733. en
1725 se fundó la Gran Logia de Irlanda; en 1736 la Gran Logia de Escocia.
Durante la década de 1730 la masonería pasó a las Indias británicas,
a las Antillas y a las colonias inglesas de América del Norte.
Pero no toda la masa masónica había seguido el movimiento. Seguían
existiendo muchas logias independientes, al estilo antiguo, formadas
sin ninguna autorización precedente de una Gran Logia cualquiera. Había
también las logias militares, fundadas y perpetuadas en el seno de los
regimientos. Mientras que las logias civiles se denominaban «al oriente
de...» (la ciudad en que funcionaban), las logias militares se nombraban
«al oriente de tal regimiento». Comprendían a los oficiales y a los
bajos oficiales (suboficiales) de esos regimientos.
Fueron esas
logias militares las que introdujeron la masonería en Francia, con la
llegada del rey Jacobo II de Inglaterra, exiliado en Saint-Germain en
-Laye-, y los regimientos fieles que le siguieron, compuestos de escoceses
e irlandeses, católicos, protestantes o anglicanos, todos unidos por
su juramento de fidelidad al soberano. En aquellos tiempos, eso contaba.
Más tarde, la masonería francesa se particulariza. Se hablará de
logias estuardistas o jacobitas, nacidas de las logias militares de
Saint-Germain -en Laye-. La primera se funda en París, en 1725, la Gran
Logia de Francia se constituirá en 1732, precisemos que la actual Gran
Logia de Francia no tiene ninguna filiación (dejando aparte la filiación
masónica, claro está) con la de 1732, fue fundada en 1897. El 7 de noviembre
de 1894 el Supremo Consejo del Rito Escocés concedió la autonomía a
sus logias «azules» (simbólicas, que trabajaban en los tres primeros
grados) y autorizó su fusión con la Gran Logia Simbólica Escocésa, cuyas
treinta y seis logias se habían separado con anterioridad. Con las sesenta
logias «azules» que permanecieron fieles al Rito Escocés, el efectivo
de la recién nacida Gran Logia de Francia se elevaba a noventa y seis
talleres «azules».
Pero volvamos al siglo XVIII y a Francia.
En 1773 se crea la Orden Real de la Francmasonería, que toma el nombre
de Grande Oriente de Francia. Representa entonces a cerca de cuatrocientas
logias. Su Gran Maestre es el duque de Chartres, Felipe de Orleáns,
el futuro Felipe Igualdad. Los nombres más ilustres de la aristocracia
francesa ocupan las funciones de «Grandes Oficiales». Y la Orden vivirá
hasta nuestros días su vida histórica, sin misterio, aunque no sin ciertas
persecuciones: bajo la Revolución y bajo el Gobierno de Vichy, presionado
por la Alemania nazi. En el curso de los siglos aparecerán nuevas obediencias,
fruto del deseo de los hombres de reunirse de acuerdo con sus afinidades,
sus teologías, sus preferencias en materia de ritualismo.
Se
producirán a veces fricciones entre esas obediencias, pero nunca entre
los masones que las constituyen. Y que una obediencia reconozca y reciba
a otra o bien la niegue y la rechace no cambia en nada la fraternidad
que une a los miembros de ambas. La existencia de las «fraternales profesiones»
lo demuestra. Hoy como ayer, cuando se le veía aparecer a veces en los
campos de batalla, ese sentimiento sobrepasa las fronteras de los Estados.
La masonería consiguió lo que la Iglesia no ha conseguido nunca entre
sus fieles de nacionalidades diversas: hacerles amarse, a pesar de intereses
en ocasiones divergentes, a pesar de creencias diferentes, de opiniones
políticas opuestas. No siempre resulta fácil. Pero cuando el masón se
da cuenta de que se desvía, recuerda su juramento de Aprendiz: «Consideraré
a todos los francmasones como mis Hermanos». Y obedece.
Desgraciadamente,
ese sentimiento, tan meritorio en sí, conduce a ciertos miembros de
la Orden masónica a confundir fraternidad con complicidad. Por eso,
las obediencias que tienen un jurado fraternal, independiente de la
logia a la que pertenece el masón acusado, demuestran con ello su sabiduría.
De otro modo, la amistad fraternal, desarrollada en tantas reuniones
comunes, correría el peligro de convertirse en laxismo.
En ciertas
obediencias, los Reglamentos generales y las Constituciones prevén que
todo masón acusado sea juzgado por un tribunal compuesto por miembros
del grado inmediatamente superior al suyo. Se mantiene el derecho de
apelación. Las sentencias consisten en suspensiones de actividad durante
cierto tiempo o en una exclusión simple y pura, que puede ser señalada
a las obediencias hermanas cuando el delito lo justifica, a fin de evitar
que el sancionado vaya a otra parte a continuar sus desdichadas actividades.
En el caso de crimen patente -denuncia a las autoridades perseguidoras,
tentativa de asesinato, etc.- y cualquiera que sea la sentencia de un
tribunal profano, los tribunales masónicos están habilitados para pronunciar
la pena de muerte masónica. Se aplica en la logia del condenado, en
presencia de numerosos masones y de las autoridades de la obediencia,
y siguiendo un ritual en extremo impresionante. Una severidad absolutamente
necesaria, ya que las consecuencias de toda complicidad latente, de
toda indulgencia manifestada con el único pretexto de la afiliación
masónica y de la fraternidad se vuelven contra toda la Orden masónica.
Recuérdense los acontecimientos que se desarrollaron en Francia
del 3 de enero al 6 de febrero de 1934, a causa de los cuales estuvo
a punto de caer la República. Me refiero al escándalo Stavisky, descubierto
por el ministerio francés de Hacienda. En lugar de permitir que la justicia
siguiera su curso, los masones comprometidos fueron protegidos por otros
masones bien situados. El seudo-suicidio del estafador Stavisky en el
momento de su detención, y el asesinato del juez Albert Prince, encargado
de la instrucción del caso, asesinato cometido por el policía Bony (que
más tarde se pasó a la GESTAPO), dieron lugar a que el 6 de febrero
de 1934, a partir de las seis de la tarde, doscientas mil personas,
desde miembros de las Juventudes comunistas a los Camelots du Roi, pasando
por los antiguos combatientes y todas las ligas nacionalistas, se manifestasen
en la plaza de la Concorde, dispuestas a pasar el puente de la Concorde
e invadir el Palais-Bourbon. La guardia móvil abrió fuego y hubo numerosos
muertos y heridos.
Esta situación provenía de una fraternidad
convertida en complicidad. Hubiera bastado que algunos se acordasen
de lo que precisaban ya las Constituciones de Anderson en el siglo XVIII:
«Un masón está obligado, por su propia condición, a obedecer a la ley
moral. (...) Es decir, a ser gente de bien, leal, hombres de honor y
de probidad» (cf. Constituciones, I, Londres, 1723).
He querido
recordar este período de la historia francesa porque existen demasiadas
personas que pretenden presentar aquella serie de escándalos como «calumnias
fascistas» (sic). Cierto que los partidos de derechas los explotaron,
pero eso formaba parte de las reglas del juego. Más hubiera valido poner
en acción la justicia masónica...
Los adversarios de la francmasonería
aprovecharán también la derrota francesa de junio de 1940 para satisfacer
una venganza de la que habrían sido totalmente incapaces sin sus protectores
alemanes. Saldrán entonces a la luz todas las estupideces sobre las
apariciones de Satán en las logias y sus desapariciones ante los signos
de la cruz, así como sobre los asesinatos rituales. Y nuestros piadosos
imbéciles no vacilarán en asociar el comunismo soviético, perseguidor
de los masones rusos y de los judíos, a lo que ellos llaman la judeo-masonería.
Los milicianos del Gobierno de Vichy se abatieron sobre los
templos masónicos como chimpancés furiosos, llegando a veces incluso
a destrozar los suelos y los techos, como en el templo más que centenario
de la calle La Condamine de París, esperando así encontrar los esqueletos
de las «víctimas» de los puñales masónicos, pues habían tomado las calaveras
que figuran en las «salas de reflexiones», compradas en las tiendas
de los osteologistas cercanas a la Escuela de Medicina, por las de dichas
«víctimas». Un policía del servicio de sociedades secretas, sito en
la plaza Rapp, lanzó incluso a sus avispados sabuesos tras la pista
de Louis-Claude de Saint-Martin, muerto en 1813 y que, en su opinión,
vivía todavía en Saint-Cloud.
Se rodó una película contra la
Orden, fuerzas ocultas, presentada al público el 9 de marzo de 1843.
Hay que decir que los ritos se observan en ella con tal perfección [3]
que, en la oscuridad de la sala de proyección, se oían con frecuencia
las reflexiones admirativas del público con respecto a las ceremonias
masónicas. Y la Exposición antimasónica del Petit Palais de París tuvo
exactamente el efecto contrario al pretendido.
Sus organizadores,
los mismos que costearon la película, esperaban sarcasmos y risas, y
el público visitó el conjunto en un silencio recogido, a pasos lentos
y silenciosos. Puedo afirmarlo, puesto que me hallaba presente. Y recordaba
entonces lo que había escrito para concluir mi libro Dans l´ombre des
cathédrales [4], publicado en la primavera del angustioso año 1939.
«Y aunque el huracán materialista y negador consiguiese incendiar
el mundo, aunque nuevos bárbaros, asolando bibliotecas y museos, cumpliesen
la terrible profecía de Henri Heine, aunque el martillo de Tor aplastase
definitivamente nuestras viejas catedrales y su maravilloso mensaje,
nos empeñaríamos en seguir creyendo en la salvaguardia del saber esencial.»
“Pasada la tempestad, en un mundo caído de nuevo en la barbarie,
quedarían aún algunos hombres lo bastante intuitivos, ansiosos de misterio
y de infinito, para ir a reanimar, piadosa y pacientemente, la lámpara
antigua junto al famoso sudario de púrpura en el que duermen los dioses
muertos. Y de nuevo, a través de la gran noche del Espíritu, la llama
verde del Saber oculto guiará a los hombres hacia su maravilloso reino:
la deslumbradora y radiante “ciudad solar” de los filósofos y los sabios...”
Por eso, el sábado 19 de agosto de 1944, en París, salieron los
fusiles de sus escondites de cuatro años para siete días de combate.
Los dulces, aunque peligrosos, pacifistas iluminados de antes de
la guerra no lo habían previsto.
En efecto, para reparar la loca
imprevisión y el rechazo de lo real de algunos masones, varios miles
de ellos tuvieron que morir en la deportación o fusilados a causa de
sus actividades en la Resistencia, o bien fallecidos poco tiempo después
de su regreso de los campos de la muerte, como mi queridísimo hermano
y amigo André Bastien, quien gritaba a veces en sus pesadillas nocturnas,
reviviendo lo que había sufrido en Rawa-Ruska y en Dora. Entre todos
esos muertos, algunos nombres pasarán a la posteridad, en unión de los
más conocidos de Jean Moulin, Pierre Brossolette, Gaston Delaive, Constant
Chevillon.
Quiera Dios que se beneficien del voto piadoso de
la liturgia latina: “Dadles, Señor, el descanso eterno y que la luz
que no se apaga brille para ellos...”. La “luz” de la que estaban tan
orgullosos de ser los “hijos”.
[1]
[2] Las tabernas inglesas eran entonces lujosos restaurantes y cervecerías, con habitaciones,
salas de reuniones, salón de lectura, peluquería. Después de la tenida
ritual, los masones celebraban en ellas su banquete, también ritual.
Ofrecían alojamiento «a pie y a caballo», según la expresión de la época.
[3] Fue dirigida por Jean-Marquès Rivière, ex masón de la Grande Logia
de Francia, autor de La trahison spirituelle de la F.·. M.·., el cual
dejó París poco antes de la insurrección, escoltado por milicianos,
y fue condenado por contumacia a trabajos forzados perpetuos, por haber
colaborado durante cuatro años con la GESTAPO en este aspecto.
[4]
Dans I´ombre des cathédrales, ensayo sobre el esoterismo arquitectónico
y decorativo de Norte-Dame de París, en sus relaciones con el simbolismo
hermético, las doctrinas secretas, la magia y la alquimia (Èd. Adyar,
París, 1939). Con una tirada de mil cien ejemplares, setecientos fueron
destruidos por orden de la GESTAPO, a fines de 1940.
Y que la Masonería siga no siendo nada a los ojos del iluso es la mejor prueba de su valor.
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