El Maestro de los Nueve 9º Grado
Dr. Jorge Adoum
Capítulo X
El Cristo Místico
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El relato sobre el descenso del verbo en el seno de la materia es tan
perfecto y verdadero como el descenso del "Yo Soy" en mi cuerpo.
134. Jesús se identificó con Cristo, el Verbo por quien todas las cosas
fueron hechas., para las iglesias, este divino acontecimiento se convirtió
en fechas históricas de aquel a quien consideraban la Divinidad Encarnada
(Cristo Místico). Así como el Cristo de los Misterios, el Logos, la Segunda
Persona de la Trinidad, es el Macrocosmos, de igual manera el Microcosmos
contiene y representa al segundo aspecto del Espíritu Divino llamado, por
ello, Cristo. El segundo aspecto del Cristo de los Misterios es, por lo tanto,
la vida del Iniciado, la vida del segundo nacimiento en el Reino Interno.
Durante esta Iniciación Interna, el Cristo nace en el hombre, y más tarde
se eleva para tornar más intelectual para el Iniciado la naturaleza del
Espíritu existente en él. El hombre sólo puede aspirar a la Iniciación por
medio del amor. El hombre
puede volverse "puro, santo, sin mancha, viviendo sin transgresiones", por
medio del verdadero Amor, llegando así a ser Iniciado, a ser Cristo de manera
consciente. Éste es el camino de las pruebas, el cual conduce hacia la "puerta
angosta", hacia "el camino de la santidad" y, por lo tanto, hacia "el Gólgota
con la Cruz a cuestas" El Cristo Sol en el hombre es el Fuego Divino del
alma, que se debe convertir en Luz; "Nuestro Dios. Fuego", dio Moisés. Es
el Nino que nace como hombre en el pesebre, en la casa de carne (Belén),
el cuerpo físico. El candidato debe desarrollar estas cualidades de
manera
perfecta, antes de que el Cristo pueda nacer en é1. Debe preparar la morada
para el Niño Divino que va a crecer dentro de el. Los preceptos necesarios
para desarrollar esas cualidades se hallan perfectamente trazados en el
Sermón de la Montaña, y no tenemos nada más que decir sobre este particular.
135. Los catorce versículos del primer capitulo del Evangelio de San Juan
contienen el mayor Misterio del Cristianismo:
- En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.
- Él estaba en el principio con Dios.
- Todas las cosas fueron hechas por Él y, sin él, nada de lo hecho se hizo.
- En el estaba la vida, y la vida era la Luz de los hombres.
- Y la Luz resplandeció en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron.
- Hubo un hombre enviado de Dios, cuyo nombre era Juan.
- Este vino como testimonio, para dar testimonio de la Luz, para que todos creyeran en ÉL.
- EL no era la luz; vino para dar testimonio de la Luz.
- Aquél era la Luz verdadera que ilumina al hombre que viene a este mundo.
- El estaba en el mundo y el mundo fue hecho por Él, y el mundo no lo conoció.
- Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron.
- Mas a todos los que lo recibieron les dio el poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
- Los cuales no son engendrados por la sangre ni por la voluntad de la carne, sino por Dios.
- Y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre [en] nosotros, y vimos su gloria como Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad.
Todas las religiones, antiguas y modernas, colocaron y colocan sobre
los altares la imagen de un hombre o de una mujer para simbolizar y adorar al
Poder Divino. El Arca de Noé, la Tierra Prometida, el pesebre de Belén,
el Santo Sepulcro, el Tabernáculo, el Templo de Salomón, etcétera, no son
más que el mismísimo cuerpo humano en el que arde el Fuego Cristico. El
hombre es un sistema Universal, compuesto por astros, planetas, soles,
lunas, cometas, vías lácteas y constelaciones, y debe seguir la misma Ley
del Sistema Mayor. Cuanto más perfecto es el hombre, tanto mayor es su cumplimiento
de estas leyes, como Jesús el Cristo lo hizo. También nosotros "debemos
llegar a ser algún día de la talla de Cristo".
136. Hay una sola religión, con muchas instituciones religiosas, así como
hay una humanidad única con muchas razas y costumbres. El gran Arcano de
las religiones, como hemos visto, se halla en el poder del Fuego Cristico
y de la Luz Inefable. El Sol, siempre el Sol, era adorado como el Gran Fuego
que ardía en medio del Universo, mientras que el Fuego Divino se encuentra
más allá del Sol físico. Por este Divino fuego interno, que en el principio
fue adorado, el hombre nos dejó un símbolo en la antorcha, en la espada
flamígera y en la corona de oro cuyas puntas semejaban rayos solares. Todos
los hombres-Dioses tenían nombres que significaban Fuego-Luz: Júpiter, Apolo,
Hermes, Mitra, Baco, Odín, Buddha, Krishna, Zoroastro, Fo-Hi, Agni, Hiram
Abiff, Sansón, Vulcano, Alá, Bel, Baal, Serapis, Salomón, Jeshua (Jesús)
y muchas otras divinidades cuyos nombre significan manifestaciones de la
Luz. La Verdad se oculta tras un velo en la fábula de Prometeo: Cuando el
alma humana poseyó el fuego divide la humanidad, lo empleó para destruir;
y fue condenada a una roca (el cuerpo) y devorada por el buitre (de los
deseos) hasta que un hombre lograse controlar el fuego y se volviese perfecto.
Hércules (Cristo) fue quien cumplió esta profecía (naciendo como Luz en
el fuego mismo del alma) y liberó a la que hacía tantos a los que estaba
sometida al tormento (naciendo en su corazón por el segundo nacimiento,
o iniciación). La Luz que brilla en el sistema nervioso es la medida entre
el Dios Recóndito y el hombre externo. Es el puente que une el Espíritu
con la Materia. Al Hijo del Hombre se lo llama Hijo de Dios a causa de esta
Luz. Los hijos de la Luz lograron ver al Sol Interno Invisible. Las religiones
de la antigüedad buscaban la manera de captar el fuego cósmico que circulaba
en el éter; por ello, los sacerdotes se varían de plantas, animales y metales
con propiedades que absorbían esa Luz Invisible. El Cristianismo emplea
en sus ritos el fuego con incienso para simbolizar que, así como el fuego
quema el incienso y se convierte en humo aromático, de igual manera el Fuego
Divino, existente en el hombre, consume todo cuanto haya de grosero en el
alma, para convertirla en fragante perfume. Los campanarios, las torres,
los obeliscos y la pirámides son símbolos naturales del fuego. El oro de
los templos tiene el color de la Luz Solar. Los cirios encendidos en los
altares representan al Fuego Divino. La lamparita roja, con aceite de oliva,
que ilumina el altar, es lo más importante: simboliza a IEVA: Adán-Eva,
El Señor Constructor de las Formas. El aceite simboliza la sangre: la sangre
nutre la sagrada llama del hombre, así como el aceite sustenta las llamas
físicas. La sangre es el vehículo de la Chispa Divina. Esta Chispa se mueve
con la comente sanguínea, y no se encuentra en cualquier sitio particular
del organismo. La vibración de esta Chispa puede dirigirse y localizarse
en cualquier zona del cuerpo mediante concentrada voluntad. La sangre se
enciende en las venas y manifiesta el Fuego Sagrado Interno.
137. El Iniciado participa del Divino Poder Solar. Se transfigura. Este
poder se manifiesta en forma de aureola de Luz alrededor de su cabeza, porque
el fuego del Espíritu Santo en el Sacro se convierte en Luz en el cerebro,
y el Iniciado se convierte en Omnisciente sin necesidad del Intelecto. Esta
aureola de Luz se convierte, con el paso del tiempo, en diadema para el
rey, mitra para el obispo y disco de Luz para la cabeza de los Santos. Cuando
el Fuego Creador sube por la columna vertebral y, finalmente, llega al tercer
ventrículo del cerebro, toma un hermosísimo color dorado, que se irradia
en todas direcciones, formando una corona sobre el hueso occipital, en forma
de abanico. Esta Luz significa la Regeneración del hombre que alcanzó la
"iialla de Cristo". La Luz cambia de color según sea el pensamiento: la
pureza la convierte en blanca; la espiritualidad, en azul; el saber, en
amarilla; el amor, en rosada, etcétera. Hoy tenemos muchos medios para demostrar
este fenómeno y muchos hombres de ciencia se ocupan de estudiar el aura
humana. Ya hemos dicho que el hombre debe tener dos nacimientos: el físico
y el espiritual. Tiene que ser hombre y Cristo al mismo tiempo. Ahora vamos
a tratar de descifrar el misterio del Cristo en el hombre físico, así como
desciframos el significado del Cristo Solar. El germen de vida está
depositado
en el útero materno - puerta de vida- durante nueve meses; tras ese lapso,
nace y el Alma-Cristo se halla en la modesta morada del corazón, en el cuerpo
(cobertura de carne). El Cristo Niño en el hombre está rodeado de animales:
por la ignorancia del burro, la debilidad del cordero y la brutalidad del
toro. El rey de las tinieblas, en el cuerpo, junto con la ambición y el
orgullo, quiere matar al nuevo Rey recién nacido para librarse del remordimiento
y tener amplia libertad para seguir los deseos de la carne. El Neófito es
atacado por el Fantasma del Umbral en el segundo nacimiento, y todas las
huestes del Infierno (mundo inferior) lo persiguen. Entonces huye a Egipto,
o sea, se refugia en el mundo interno, abandonando las tentaciones del cuerpo
y sus pasiones, a fin de crecer espiritualmente y después regresar para
cumplir su misión en la vida. Así como el Sol recorre aparentemente los
doce signos zodiacales, de igual manera el Espíritu Cristico tiene que recorrer
todos los dominios de su sistema en el cuerpo que es el Universo en miniatura.
La cabeza es el Oriente del hombre, y de allí sale el Sol-Cristo. El Iniciado
debe dirigir siempre sus pensamientos y prácticas hacia el cerebro, en el
cual su Trinidad tiene su base. La puerta hacia el Oriente es el corazón;
el Neófito o Recién Nacido debe trasponerla y es conducido hacia las pilas
bautismales (que se hallan en el hígado, el órgano que forma, por sus emociones
y deseos, el cuerpo astral o de deseos); allí se lo bautiza y somete a la
prueba del agua, que significa el control del deseo. El recién nacido jura
ante el altar situado en el corazón, en el que brillan un Sol y seis
luminarias.
(Al Sol se lo representó después con la custodia, la cual simboliza al Sol
resplandeciente, o al Fuego Divino; mientras que sus centros magnéticos
o planetas son simbolizados por los seis cirios.) El Chrestós [pronúnciese
crestós; en griego: Bueno] e, una cualidad que debe adquirirse antes de poder
volverse un Cristo, un Ungido. Después de haber llegado vivir una vida virtuosamente
exotérica, se podrá comenzar el viaje o camino hacia la Iniciación, la senda
de la prueba -la que conduce hacia la "puerta angosta"- el camino de la
Santidad, el Camino de la Cruz. El aspirante debe adquirir las siete virtudes
para "anhelar la dicha de ver a Dios y unirse a Él".
138. El Espíritu que mora en el cuerpo es un fragmento invisible de Dios.
Entonce porque es Dios. Es Poder, Amor y Saber. El Padre es Poder; el Hijo
es Amor; y el Espíritu Santo es Saber. La Iniciación consiste en dejar en
completa libertad al Ser Recóndito para que actúe por medio de sus tres atributos.
E1 Cristo Místico es, pues, el Ser Recóndito del hombre y, por consiguiente,
es doble. Es el Logos, Verbo o Segunda Persona de la Trinidad, que desciende
a la Materia. Seguidamente, el Amor, segundo aspecto del Espíritu Divino,
hace evolucionar al hombre. Uno representa los procesos cósmicos en el Mito
Solar; el otro representa el proceso que tiene lugar en el individuo. Estas
dos fases, la Solar y la Individual, Se encuentran en el relato de los Evangelios;
su unión nos presenta una imagen del Cristo Místico. El Cristo Místico,
la Divinidad que se envuelve con materia, es la encarnación del Logos o
Dios hecho carne. Esta Materia Madre recibe, de la Tercera Personal de la
Trinidad, o sea, del Espíritu Santo, la vida que la anima Y le permite tomar
forma La Materna condensada es Seguidamente modelada por el Hijo, segundo
Logos, que se sacrifica encerrándose crucificándose a fin" de volverse "Hombre
Celestial" Todas las formas forman parte de su cuerpo. Tal estado dramáticamente
en los el proceso cósmico represen Misterio; "El Espíritu de Dios flotaba
sobre las aguas, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo" dijo el
Génesis
Luego, el Logos le dio la forma: "Todas las cosas fueron hechas por el, y
nada fue hecho sin é1", dijo San Juan en su Evangelio. Al concluir la labor
del Espíritu el Cristo Cósmico Y Mítico puede revestirse de materia, entrando
en el seno de la Materia Virgen. Esta Materia fue vivificada por el Espíritu
Santo a fin de recibir al segundo Logos y, de esta manera, Cristo encarna
y se hace carne; la vida y la materia Lo envuelven con doble vestimenta
Tal es el, descenso del Logos en la Materia, descripto con el Cristo naciendo
de una Virgen. Esto se convierte en Mito Solar: he aquí el nacimiento del
Dios Sol en el momento en el que el Signo de Virgo (o la Virgen) se eleva
en el horizonte. Aquí comienza los símbolos y las leyendas El Niño que
nació
está sujeto a todas las debilidades propias de un infante Entonces
representa
al alma frágil que nace para evolucionar. La Materia lo aprisiona para matarlo;
sin embargo. é1 triunfa lentamente y modela el cuerpo para un destino
sublime.
Logos la madurez corporal y se crucifica en esta materia con la
finalidad
de derramar desde la cruz, todas las energías de su vida sacrificada en
beneficio del progreso de la Creación. Padece y después muere para los sentido,
y es sepultado; sin embargo, se levanta con el radiante cuerpo astral que
se convierte en vehículo o vestimenta (del alma) que vive a través de las
edades. La crucifixión del Cristo es una parte del gran sacrificio
cósmico.
Todas esas alegorías de la crucifixión, correspondientes a los Misterios,
se materializaron hasta convertirse en la verdadera muerte que una persona
sufrió en la Cruz, y en el crucifijo que el ser humano sostiene al expirar.
139. Toda esta historia es actualmente la de un hombre, aplicada a Jesús,
el Divino Instructor, y transformada en una historia de su muerte física,
igual que su nacimiento n una Virgen y su infancia rodeada de peligros.
Su resurrección y ascensión llegaron a convertirse, de esta manera, en acontecimientos
de su vida. Los Misterios desaparecen, pero las leyendas llegan a ser la
vestimenta del Instructor de Judea. Sin embargo, para los Iniciados, Cristo
era, el y será siempre el de los Misterios, quien esta íntimamente ligado
al corazón humano -el Cristo del espíritu humano- el Cristo que existe en
cada uno de nosotros, que vive ahí, es crucificado, resucita de entre los
muertos y asciende a los cielos, en medio de sufrimientos y del triunfo
de todo "Hijo del Hombre". La vida de todo Iniciado en los Misterios Celestiales
se halla trazada, a grandes rasgos, en la biografía de los Evangelios. Por
ello, San Pablo habla del nacimiento, de la evolución y de la completa madurez
del Cristo en el discípulo. Todo hombre es potencialmente un Cristo y, de
manera general, coincide con el relato de los Evangelios en los acontecimientos
principales, pero, como ya vimos, el carácter de estos no es particular
sino universa Cinco grandes Iniciaciones esperan al aspirante a Cristo.
La primera es el Segundo Nacimiento del Cristo en el corazón, pues el
discípulo
nace como un Niño en el Reino del Dios Interno. "Si no os hiciereis como
niños, no entrareis en el Reino de los Cielos", dijo Jesús-. Jesús nació
en la caverna (se trata de la gruta de la Iniciación, que los antiguos conocían
como la "Caverna de la Iniciación"). Sobre la gruta brilla la Estrella de
la Iniciación, cuya Luz resplandece por el nacimiento de la Luz Inefable.
Su vida corre peligro a causa de los tenebrosos poderes del mal. A pesar
de todo el peligro, llega a la virilidad porque una vez que el Cristo
nació
no puede morir, y tiene que terminar su evolución en el hombre. Su vida
se expande en belleza y fuerza, creciendo en sabiduría y espiritualidad hasta
alcanzar la Segunda Iniciación
140. La Segunda Iniciación es el Bautismo del Agua, o el control de todos
los deseos, lo cual confiere a un Instructor los poderes necesarios. Entonces
lo ilumina cuando el Espíritu Divino desciende sobre El con la gloria de
Padre Invisible y así llega a ser "el Hijo Bienamado" que debe ser escuchado.
Luego es llevado al desierto de la Materia para que se lo tiente. El enemigo
secreto, que reside en el bajo vientre o infierno (parte inferior del cuerpo)
se empeña en mostrarle cuán difícil es seguir la senda, y lo invita a servirlo
para su propia tranquilidad y provecho personal. Sin embargo, vence al Tentador
y a la Tentación, y regresa para estar con los hombres a fin de alimentarlos
con el pan de vida y curar sus enfermedades. Después de tantos servicios
impersonales y sufrimientos internos, escala la sagrada montaña de la Tercera
Iniciación, y allí se transfigura, volviéndose radiante como el Sol. Entonces
estará preparado para el Bautismo de Fuego, o Bautismo del Espíritu Santo,
y para ingresar en la última etapa del camino de la Cruz. Entonces es perseguido
y vituperado; empero, la vida del amor no deja de crecer. Bebe el amargo
cáliz de la traición y del abandono, y es negado por todos los suyos. Despreciado
por los hombres, va cargando la cruz en la que debe morir, renunciando a
la vida del mundo inferior. Cercado por enemigos triunfantes, su corazón
heroico lanza un grito al Padre, quien parece haberlo abandonado y, entonces,
abandona el cuerpo de deseos. É1, el Iniciado, desciende a los Infiernos
para poder salvar a los que piden auxilio y a los átomos que desean trabajar
bajo su estandarte del Yo Superior. Después regresa a la Luz, abandonando
las tinieblas inferiores, sintiendo que É1 es el Hijo Inseparable del Padre.
Tan pronto concluyen sus deberes en la vida terrena, asciende hacia el Padre
por medio de la Quinta Iniciación porque ya está unido con Dios Recóndito.
He aquí la historia de los Cristos y de los Misterios, o sea, el Cristo de
los Misterios bajo el doble aspecto -Logos y hombre- Cósmico e Individual.
A Jesús se lo considera el Cristo Místico y Humano que lucha, sufre y, finalmente,
triunfa. Es el hombre en quien la humanidad se ve crucificada y resucitada,
cuya historia promete una victoria a todos los que, como Él, sean fieles
hasta la muerte y más allá de la muerte.
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