Instrucción 03
Instrucciones A Los Hombres De Deseo
Louis Claude de Saint Martín



De la Modificación de las Esencias y de las Diversas Propiedades del Triángulo

Mis Hermanos,

Vimos por los discursos precedentes la materia en su indiferencia residente en el matraz filosófico; seguiremos ahora los diferentes trabajos de los espíritus del eje fuego central que dieron forma a esa cantidad informe de esencias espirituales. El Eterno habiendo concebido crear este universo para ser el asilo de los primeros espíritus perversos y para contener su operación ruin que no prevalecerá jamás contra sus santas leyes, le apareció, en su imaginación pensante Divina, la forma del triángulo equilátero, para ser la del regente de este universo, o del hombre, y del cuerpo general, o de la tierra, y para ser la de la operación de todos los cuerpos inmensos de este universo. Ahora, como ningún pensamiento puede quedar en lo Eterno sin acción, lanzó fuera de su seno su verbo de creación que estaba en el centro del triángulo equilátero, y lo hizo descender entre los espíritus del eje fuego central para que ellos lo ejecutasen conforme a su contenido. La secuencia de este discurso hará ver que el triángulo equilátero contiene no solamente todos los números de la forma de este universo, sino también todos los números coeternos.

Esa figura, famosa entre los antiguos es considerada con mucha veneración, nos anuncia bien que ella encierra grandes cosas. En efecto, es por medio del triángulo que nos elevamos a todos los conocimientos, sean espirituales Divinos, sean espirituales temporales. El triángulo equilátero contenía, en su verbo ternario, la ley, el plano y la operación de todos los cuerpos de este universo. Esto fue para los espíritus del eje fuego central lo que representa el plano de un soberbio palacio para los albañiles que lo ejecutan: teniendo innatos en ellos los materiales convenientes para esa ejecución, no es sorprendente que lo hayan ejecutado con mucha regularidad, orden y proporción, pues la propia sabiduría del Padre dirigía la ejecución de ese plano y presidía los diferentes trabajos necesarios y fijaba en todo ser el límite que debería tener. El aspecto de la figura del triángulo inscrito en el círculo nos da claramente la idea de un número ternario por sus tres ángulos: damos el oeste al ángulo saliente inferior, el sur al segundo y el norte al tercero. Esos tres ángulos nos dan la idea de la división que los espíritus del eje dieron a la materia en la universalidad de las formas, modificando las esencias según la forma triangular, esto es, dando la parte sólida al oeste, que denominamos mercurio, la parte fogosa al sur dada al azufre, y la parte salina al norte dada a la sal, o la parte acuática. Es positivamente esa distinción la que da forma a todo el universo. Pero, para hacerla sentir mejor, daré una imagen palpable en la formación de una criatura en el seno de su madre.

Si observamos el esperma reproductivo, no solamente del cuerpo del hombre, sino de la mayor parte de los animales, nos representa la materia en su indiferencia. Se nos dirá que da los indicios de una mezcla modificada, ya que no tiene positivamente forma; del mismo modo fue la primera esencia que los espíritus del eje central extrajeron de su seno. Esa simiente insertada en la matriz, que sirve de horno para la cocción del embrión, es primeramente trabajada por los espíritus del eje y los espíritus elementares, que modifican el mercurio y forman una distinción. A partir del momento en que la distinción está establecida, el embrión toma forma, esto es, desde que la esencia del mercurio, que constituye la parte ósea, quedó distinta de la parte sulfurosa que forma la sangre, y de la parte salina que forma la carne. Desde entonces, el embrión tomó cuerpo, lo que acontece en el término de cuarenta días. Como todos los sabios del universo saben físicamente que el ser

 

espiritual Divino desciende en el cuerpo de la criatura residiendo en el centro de la matriz y nadando en el fluido, cubierto por un velo o envoltura, no dudemos, Mis hermanos, que ese trabajo que se hace para la formación de la criatura no sea realmente el mismo que se hace para la creación de este universo. Los espíritus del eje poseían desde su emanación una esencia espiritual que podemos considerar como simiente productiva de las formas. Del mismo modo que esa simiente es operada en la matriz, igualmente ellos la operan en el matraz filosófico, que se puede inclusive considerar como la matriz del universo.

¿Mas cuál fue el plano que siguieron los espíritus del eje? Ese fue, como ya dije, el triángulo equilátero (ved la figura). Damos 1 al mercurio en el oeste, formando lo sólido; 2, al azufre en el sur, formando lo fogoso; y 3, a la sal, en el norte, o fluido. La unidad es aún dada al mercurio, habiendo sido la primera mezcla; 2 al azufre habiendo sido la segunda; y 3 a la sal, habiendo sido la tercera, lo que nos da claramente el número de la hechura, 6, como dice la Escritura emblemáticamente que Dios emplea 6 días para la formación del universo. Ahora, sabemos que Dios es un ser infinito, todopoderoso y sin límites. Lo que es sin límites no puede estar sujeto al tiempo. Así, los seis días significan que Dios empleó seis pensamientos para la formación de este universo, y la prueba de eso es palpable, porque todos los cuerpos traen consigo la imagen.

¿Cuál es ahora el plano que esos mismos espíritus siguen para la formación del cuerpo de la criatura? La imagen de este universo, que no es otra cosa sino la repetición de la del triángulo. El cuerpo del hombre tiene una figura triangular equilátera perfecta y contiene resumidamente todo lo que el universo contiene en su inmensidad, lo que hizo que los sabios denominasen al cuerpo del hombre el microcosmos, o el pequeño mundo. Vemos, pues, una semejanza perfecta de la operación de los espíritus del eje para la formación del universo, con aquellas que hacen aún todos los días para la formación del cuerpo de una criatura. En una, ellos siguieron el plano que el Eterno les envió, que es el triángulo equilátero en el centro del cual estaba el verbo ternario de la creación. Los mismos espíritus emplean, en la otra, para la formación del cuerpo de la criatura, el plano de todo este universo: lo que haré ver en detalle a continuación, demostrando, en la enumeración de todas las partes del cuerpo del hombre su similitud con aquellas del gran mundo o el universo, que distinguiremos en tres partes, a saber lo universal, que es dado en el círculo del eje fuego central, lo general dado a la tierra, y lo particular dado a todos los seres espirituales Divinos y animales espirituales de este universo.

Los diferentes espíritus del eje ejecutaron, pues, el plano que el Eterno les había manifestado por su verbo de creación en el centro del triángulo equilátero. En el primer principio, la mixtura de mercurio en su indiferencia era ternaria, ya que la unidad propiamente dicha es puramente espiritual y no podría pertenecer a las formas; pero se considera a las esencias en el matraz filosófico como sin movimiento, unas respecto de las otras. El trabajo que hicieron los espíritus fue de diferenciarlas; de donde vemos nacer los diferentes números de creación, a saber 3 a esas tres esencias, 6 a la subdivisión simple, como lo dijimos arriba, y 9 a la subdivisión, porque esas tres esencias siendo mixtas, contienen, aunque distintas, cada una, una parte unas de las otras. Adicionad los tres números: 3, 6, 9/18/9. Dan 18 que adicionado a él mismo, da 9. Adicionad aún a ese 9 los tres ángulos del triángulo equilátero: 9 y 3 hacen 12/3. Vemos, pues, que el plano que apareció en la imaginación del Eterno era ternario, puesto que era un triángulo equilátero. Así, los espíritus del eje operaron en la creación de este universo el número ternario, pues todos los cuerpos de este universo, tanto celestes como terrestres, contienen ese número, después de las cuatro operaciones de producción, división, subdivisión y de figura: lo que se puede observar en toda la naturaleza, es que no se ve sino la tierra dada al sólido mercurio, el fuego dado al azufre, y el agua dada a la sal. Es

 

necesario evitar hacer cuatro principios, como los hombres de tinieblas de este siglo, que distinguen la parte aérea. No hay aquí positivamente sino tres principios.

El aire no es sino un agua enrarecida y, si quisiesen dividirla, se encontraría todavía el número ternario: el agua, el aire y el éter que calificamos como cristalino y que la Escritura Santa denomina las aguas superiores. Toda la diferencia que existe entre esas aguas con aquellas que rodean el cuerpo general, o la tierra, es que cuanto más ellas descienden, más peso tienen, lo que se puede verificar por la diferencia del aire de una parte baja con el que se respira sobre una parte elevada; uno es espeso y el otro está enrarecido, y lo es en razón de la elevación. Todas las formas tomaron sus principios de esas tres esencias y es por ellas que son alimentadas durante su fase de producción, de vegetación y de reintegración, que forma la duración sucesiva de los diferentes cuerpos de este universo, que no pueden durar, en razón de la vida, de la forma y de la figura en la medida en que son alimentados por la mezcla de su naturaleza.

De donde demuestro físicamente que ningún ser espiritual Divino puede tener la vida espiritual Divina sin estar unido al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, porque los cuerpos más groseros de este universo, como los más ornados y los más perfectos, fueron creados por orden del Eterno para ver una imagen palpable de lo que sucede en la parte espiritual Divina.

Vemos, pues, la similitud que hay en razón de la semejanza del ser espiritual Divino: uno es eterno y otro es pasivo. Mientras tanto, como el pasivo fue creado para servir de prisión al ser menor eterno, contiene no solamente en si su existencia particular, mas sirve incluso de libro de ley a ese ser espiritual Divino. ¡He aquí las tablas famosas que Moisés portaba en sus manos, al descender de la montaña! Una, en la mano derecha, disponía la ley que el Eterno animó en el ser menor espiritual Divino, y aquella de la mano izquierda plasmaba la ley que Él animó en la forma, para constituirla en fuerza durante el tiempo de su curso temporal.

¿De qué se trata, pues, Mis hermanos? ¿Se trata de hacer descubrimientos inmensos y de pasar su vida en la meditación? Absolutamente no. Se trata de seguir, cada uno de nosotros, esa ley inefable que Dios grabó en cada uno de nosotros y que habla sin cesar en nosotros mismos. Es escuchando la voz de aquel que nos la presenta sin cesar, que llegaremos a descubrir las cosas que nos fueron ocultadas por el velo que dejamos colocar sobre las tablas de la Ley, de forma que Israel forzó a Moisés a colocar un velo sobre su cabeza al leerle la Ley, porque sus almas no estaban suficientemente puras para soportar el aspecto de fuego que salía de la cabeza de Moisés. Ahora, todos los hombres tienen ese velo cuando hacen el mal y lo rasgan al hacer el bien. Aquel que lo tiene en las manos es el ser más perfecto. Es, pues, en dirección de esa luz Divina que se deben dirigir todas nuestras pesquisas en la medida en que aquel que trabaja para llegar ahí, emplea su voluntad.

Todas esas verdades son demostradas cada día bajo nuestros ojos por los diferentes seres que nos rodean y que no alcanzan éxito en ningún emprendimiento de cualquier naturaleza que sea, sino por la constancia que tienen que seguir.

Ahora, esa constancia parte de un gran deseo de conocer a fondo lo que se busca. Citaré a ese respecto el ejemplo de un hombre que cayó en un pozo bien profundo, y que se encuentra solo. Es preciso, para que salga de allí, que dé el impulso necesario. Si, cuando está casi en el medio comienza a impacientarse por no llegar arriba, corre el riesgo de volver a caer, y si su impaciencia continúa, corre gran

 

riesgo de perder las fuerzas necesarias para salir de allí, incluso con todos los socorros humanos.

Acabamos de ver como el triángulo contiene en si las diferentes dimensiones de las formas aparentes y que es por él, según la ley del Eterno insertada en el centro de dicho triángulo, que la inmensidad de los espíritus del eje fuego central operó todas las formas de este universo. Haré ver en el discurso siguiente como se hizo la explosión de las formas contenidas en el matraz filosófico. Réstame recomendarme a vuestras preces y de rogaros que vuestras reuniones adquieran la mayor regularidad y que sean seguidas sin ninguna interrupción; lo que pido con toda mi alma al Eterno y que Él esté siempre con todos nosotros. Amén. Amén. Amén.

Amén.



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