Instrucción 02
Instrucciones A Los Hombres De Deseo
Louis Claude de Saint Martín
De la Extracción, de las Esencias y de la Materia en la Indiferencia
Mis hermanos,
Vimos en el discurso precedente el motivo de la creación de este universo, o del tiempo, que no debe comprenderse sino en la duración sucesiva de los diferentes cuerpos que lo componen, que por su curso de correspondencia forman intervalos iguales cuya medida es lo que se denomina vulgarmente el tiempo. (Mostraré, a continuación, como el alma está sujeta al tiempo mientras está en su prisión, o en el cuerpo del hombre.) Porque no es necesario pensar que la Divinidad pueda ser encerrada por algún límite: su inmensidad siendo infinita, ninguna creación puede contenerla; ni restringirla. Es, al contrario, la Divinidad la que contiene toda especie de emanación concerniente al espíritu, a la creación y a lo que dije respecto a las formas aparentes. Eso es tan verdadero que un espíritu puro y simple no podría estar sujeto al tiempo, una vez que existiendo sin cuerpo de materia, ningún cuerpo de esa materia aparente puede servirle de límite, pues su ley es superior a la de las formas, él penetra a través de todas las diferentes leyes que forman la apariencia de las formas y las comanda y dirige según la voluntad del Eterno. He aquí por qué ninguna parte de la creación puede tener su existencia sino por la operación de esos mismos espíritus; lo que explicaré aún mejor en la continuación de este trabajo, cuando hablaré de los cuerpos planetarios. Continuemos con la creación.
La materia en su indiferencia residía en el matraz filosófico, así como explica la figura precedente. La Nada no poseía forma. Las esencias espirituales, siendo un aspecto unas de las otras sin movimiento, estaban en ese estado que se denomina vulgarmente caos. Lo que rompió ese estado de indiferencia y dio principio a la formación de los diferentes cuerpos fue la operación de los espíritus del eje fuego central, o fuego increado, que habían emanado de su seno esas mismas esencias. ¿Cuál fue su operación? Su operación fue modificar las esencias, con el objeto de retener la impresión y de crear distinción entre las esencias. Es esa distinción la que da principio a las formas, adaptando las diferentes divisiones y subdivisiones del número ternario a las modificaciones que los espíritus del eje habían hecho en las esencias, esto es, que su operación tornó la esencia de mercurio más sólida que las del azufre y de la sal, la del azufre más móvil que las del mercurio y la sal, y la de la sal más fluida que las del mercurio y del azufre.
Esa primera distinción da primeramente nacimiento al número senario, ya que en el primer principio de la materia en su indiferencia, la mezcla ternaria residiendo en su indiferencia en el matraz filosófico no formaba ningún cuerpo aparente, ni susceptible de retener ninguna impresión. Fueron, pues los espíritus del eje fuego central aquellos que, conforme al pensamiento del Eterno, que les había sido anunciado por su verbo ternario, engendraron por su operación el número senario, dando la distinción a las esencias:
- mercurio
- azufre, siendo la segunda distinción,
- la sal, siendo la tercera,
Ahora, adicionando misteriosamente 1 y 2 hacen 3, y 3 más 3 hacen 6.
He aquí, pues, la manifestación de los seis pensamientos del Eterno; y no de los seis días que la Escritura atribuye emblemáticamente al Eterno, una vez que, como ya dije antes, el Eterno siendo infinito en su inmensidad no puede tener ningún límite de duración sucesiva, que no es sino la mudanza de sucesión o de relación, de los cuerpos unos con los otros. Pero el Eterno manifiesta pensamientos que los diferentes espíritus ejecutan según el plano que les es dado. Vemos, pues, que del número ternario vino el senario, porque el verbo ternario del Eterno, estando toda la eternidad en Él, no puede tener principio, puesto que emanó del Eterno, mas el número senario fue engendrado por la operación de los espíritus del eje; así, pruebo por demostración la necesidad del fin de este universo ya que él no existe en principio sino por la operación de los espíritus del eje, y que la operación de cualquier espíritu siendo finita, no puede durar sino todo el tiempo que el Ser infinito lo rige; lo que hace caer por tierra la objeción de la eternidad de la materia, pues es imposible que todo lo que tuvo un principio pueda durar siempre, debe necesariamente tener fin. Vemos, pues, el nacimiento del número senario en cuanto a las formas.
Es necesario no confundir los números con los cuerpos. El número, como ya dije anteriormente, es coeterno, pues, por toda la eternidad, el número ha estado en Dios. Mas los cuerpos no siendo realmente sino aparentes, y no subsistiendo sino por la operación de los espíritus, no pueden considerarse sino como pasivos. Puesto que la operación de los diferentes espíritus será infinita, ellos cesarán, y no será más discutido sobre este universo como era antes de su formación.
Denomino la división de las esencias:
- mercurio,
- azufre,
- y sal
Al nacimiento del número senario, ya que fue la operación de los espíritus del eje lo que le dio nacimiento.
El principio de todos los cuerpos fue, pues, el número ternario; la formación de esos mismos cuerpos el número senario, que realizó los seis pensamientos que Dios había tenido para la creación de este universo, manifestados a los espíritus agentes, hacedores o fabricantes del eje fuego central. A partir del momento en que el número senario tuvo su realización, las formas tuvieron su nacimiento; y para mejor probarlo, no tenemos sino que observar lo que sigue sobre los tres números 3, 6 e 9. El número es la subdivisión de las esencias en todos los cuerpos. El principio de mercurio es una mezcla ternaria que contiene en él azufre y sal, 3; el azufre contiene sal y mercurio, 3; la sal contiene mercurio y azufre, 3. La subdivisión da, pues, 9; porque la unidad propiamente dicha no podría pertenecer a los cuerpos, ella no pertenece sino a la Divinidad. La unidad atribuida en la división simple al mercurio no es considerada sino relativamente a la mezcla del mercurio, que es la base de las otras dos. El número 9 es, pues, la subdivisión de las tres esencias, o de los diferentes cuerpos, así como sigue: 3 al mercurio, 3 al azufre y 3 a la sal hacen 9. Así, 3 para las esencias consideradas en su particularidad, 6 para la división y 9 para la subdivisión; 3, 6. 9/18/9. He aquí el origen de la materia. Nos resta hablar del triángulo, lo que haremos a continuación. Por el momento, me contentaré en considerarlo por su Número:
1
1 D 1
1 al oeste, 1 al sur y 1 al norte dan el número 3, el ternario, de modo que, añadiéndolo al producto de arriba, tenemos:
3, 6/18/9, 3/12/3.
Se obtiene el producto de 3, que nos hace ver claramente que el complemento de la operación de los espíritus del eje nos da el número ternario luego de haber pasado por la división y subdivisión, siempre para realizar la ley que el Eterno había manifestado a los espíritus del eje. El verbo del Eterno era ternario, y la operación de los espíritus del eje también lo era. Adicionemos el verbo 3 a la operación de los espíritus del eje, tendremos el número 6. Ahora, el verbo ternario habiendo venido de Dios, debe retornar a Él, pero el producto ternario de los espíritus habiendo venido de Dios, debe retornar a Él, mas el producto ternario de los espíritus del eje habiendo tenido inicio es pasivo, debe terminar. No había allí sino el pensamiento del Eterno, que forma la ley del universo, ley que sustenta toda la creación. Las leyes de apariencia de los diferentes cuerpos no pueden durar ya que esta ley subsistirá, pues es ella quien sustenta esa misma operación.
El Hombre de deseo que sigue las leyes del Eterno no podría conocer más la privación, puesto que, uniéndose íntimamente a la ley eterna, la ley pasiva de las formas no podría ser un límite para él. Ved, pues Mis hermanos, un principio de la necesidad que tenemos todos de seguir esas santas leyes, pues a medida que nos aproximamos al Eterno, la Luz se aproxima a nosotros. Si nosotros nos separamos de Él, las tinieblas se apoderan de nosotros. Daré la explicación siguiente a las diferentes dimensiones del triángulo; por el momento, continuaré aún sobre la creación de los diferentes cuerpos. ¿Me preguntarán, tal vez, cómo los espíritus del eje pudieron emanar de su seno las 3 esencias, y cómo pudieron a través de ellas formar todos los cuerpos de este universo sin ninguna materia
Responderé que, desde el principio de su emanación, esos seres tenían innatos en su seno esas tres esencias, que no deben ser consideradas sino como un producto de su operación. Es, pues, de esa operación única, según el pensamiento del Eterno, que todas las formas tuvieron lugar. Ahora, diré que la prueba física que esta operación de los diferentes espíritus es la única cosa que da existencia a las formas, es que los espíritus que comandan los diferentes cuerpos de este universo no podrían ser limitados por esos mismos cuerpos, así como se puede observar que existen hombres que ven en el cuerpo de un hombre la circulación de la sangre, otros en el cuerpo general de la tierra la circulación de las aguas, otros que ven, en un altar, o en una distancia prodigiosa, cuerpos que los otros hombres no podrían percibir. Las virtudes particulares de esos hombres nos hacen ver bien que las leyes de la privación no son las mismas entre todos los hombres, una vez que la mayor parte de los otros hombres están privados de ver las cosas de las cuales acabo de hablar. Si la materia fuese real, todos los hombres verían de la misma manera, no habría para todos ellos sino la misma ley, así como se puede convencer por el pensamiento, que es el mismo entre todos los hombres y en los objetos eternos como él, tales como los números.
El triángulo D, presentado a todos los hombres del universo, da el pensamiento distinto del número ternario, una vez que un ángulo no es el otro, aunque las propiedades de esa figura sean inmensas. Pero, en el momento en que cada hombre lo considera, el pensamiento que de ahí resulta por los números es el mismo. La superioridad de los hombres viene pues, más o menos de la pureza que les hace observar un mayor número de propiedades. Ahora, la particularidad distinta de cada hombre en lo que se relaciona con los espíritus viene del pensamiento, que es más o menos variado en sus propiedades siempre relativas a la operación de esos mismos espíritus. La materia no es, pues, sino aparente, y no subsiste sino por el trabajo que los diferentes espíritus hacen para hacérnosla parecer tal como es; no hay ninguno de los espíritus que operándola no sea infinitamente superior a ella, una vez que su operación siendo finita, y siendo todos eternos, gobiernan todos sus trabajos, que no subsisten sino por la ley del Eterno y que no tendrán fin sino cuando esa ley sea realizada. Es por tanto, Mis hermanos, del número ternario que toda producción de forma se hace, así como sigue: 1 a la Divinidad, 2 al demonio, y 3 a las formas que vinieron para contener esos mismos demonios.
Los espíritus del eje fuego central tuvieron toda especie de facultad para la producción, la conservación y la reintegración de los diferentes cuerpos. No es sorprendente que su operación haya producido este universo, que fue creado para contener los primeros espíritus perversos, y para servir de barrera a sus malas operaciones, que no prevalecerán jamás contra las leyes inalterables que el Eterno destinó a cada parte de este universo. El número ternario, como vimos, es la operación que los diferentes espíritus realizaron para contener la confusión. Igualmente, todos los esfuerzos de esos espíritus jamás destruirán algún género o alguna especie de los cuerpos que componen esa creación, ni alterarán en nada su durabilidad, ya que los sustentáculos de esos mismos cuerpos son espíritus superiores a todos sus antagonistas y que tienen a Dios en su mente, en cuanto a los espíritus malos están continuamente limitados en sus trabajos de destrucción, porque la destrucción no pudiendo tener sino una fuerza limitada por la desunión que de ahí resulta, se encuentra forzada a ceder a la unión indisoluble de las partes constitutivas del todo, operantes por medio del apoyo de la Naturaleza, como se puede comprobar lanzando una ojeada sobre las reproducciones de la vegetación.
Si el sembrador que planta un campo sembrase trigo u otro grano, y la mitad de la producción de la vegetación de su siembra fuese buena y la otra estragada, no se podría jamás sacar trigo de la tierra, visto que la podredumbre siendo igual a la buena vegetación produciría una mezcla desigual que no daría jamás harina. Ahora, está demostrado que se retira de las diferentes simientes que sembramos sobre el cuerpo general, o la tierra, más grano bueno que granos ruines, pues todos los seres de forma aparente que están sobre la superficie de la tierra de ellos se alimentan. Esa inducción puede llevarnos a observar que lo mismo acontece para todos los diferentes cuerpos que son sin cesar atacados y que subsisten a todas las dolencias. Entretanto, luego del inicio de este universo, ningún género de los diferentes cuerpos fue destruido. Lo que debe convencernos de la superioridad de la acción de los espíritus obrando para el bien sobre aquellos que operan para el mal: una es benigna y pura, santa y durable; y la otra es impura y pasiva, pues cuando el universo haya hecho su reintegración, la operación de los malos espíritus contra él terminará, o, aún, que aquella de todos los espíritus contra él terminará, o, incluso, que aquella de todos los espíritus buenos que contribuyeron a su producción, su manutención y su reintegración, comenzará un nuevo género de acciones siguiendo las leyes santísimas que agradará al Eterno trazar.
He aquí, Mis hermanos, por el número ternario. En el discurso siguiente hablaremos de las diferentes propiedades del triángulo y de la emanación del hombre. Convido a todos a una unión eterna e indisoluble que nada pueda alterar. Vuestra constancia en uniros será el sello de vuestra felicidad. Uníos a mí para rogar al Eterno que nos dé a todos la gracia de caminar cada vez más en la Luz. La Orden que abrazasteis es la depositaria de la Luz que debe conduciros. Vuestra exactitud, vuestro celo y vuestra perseverancia en seguirla serán ampliamente recompensados, y, en cuanto todo conspira para alejar al hombre de su principio, seréis los depositarios del rumbo que debe allí conducir al hombre para no alejarse más de él. Que la caridad esté eternamente en todos nosotros.
¡Amén!
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