Instrucción 01
Instrucciones A Los Hombres De Deseo
Louis Claude de Saint Martín
Sumario De Las Instrucciones
- Instrucción 01: De la Emanación, De la Creación y de los Números. Instrucción
- Instrucción 02: De la Extracción de las Esencias y de la Materia en la Indiferencia.
- Instrucción 03: De la Modificación de las Esencias y de las Diversas Propiedades del Triángulo.
- Instrucción 04: De la Explosión de las Formas y de la Necesidad del Cuaternario.
- Instrucción 05: De las Diferentes Producciones de la Naturaleza y de las Diferentes Formas de este Universo.
- Instrucción 06: De la Emanación del Hombre.
- Instrucción 07: De la Prevaricación del Hombre.
- Instrucción 08: Del Cuerpo del Hombre y de su Pensamiento.
- Instrucción 09: De la Reintegración de las Formas.
- Instrucción 10: Deseo, Paciencia y Perseverancia.
Instrucción 01
De la Emanación, de la Creación y de los Números
Alegría, paz, salud para aquel que me oye:
Mis hermanos,
Con el auxilio del Eterno, voy a tratar de hablaros de los principios que son la base fundamental de nuestra Orden y que, reunidos en un Cuerpo, podrían constituir un curso de física temporal pasiva y de física espiritual eterna. El primer principio de la ciencia que cultivamos es el Deseo. En ningún arte temporal, ningún operario jamás venció, sin una asiduidad, un trabajo y una continuidad de esfuerzos para llegar a conocer las diferentes partes del arte que se propone abrazar.
Sería, por tanto, inútil pensar que se puede llegar a la sabiduría sin Deseo, porque la base fundamental de esa sabiduría no es sino el Deseo de conocerla, que hace vencer todos los obstáculos que se presentan para bloquear la salida, y no debe parecer sorprendente que ese Deseo sea necesario, una vez que es positivamente el Pensamiento contrario a ese Deseo lo que aleja a todos aquellos que procuran entrar a ese conocimiento.
Ahora, es necesario, para llegar allí, trillar el camino en razón del alejamiento en donde nos encontramos. Aquel que cree haber llegado ahí está aún bien lejos; y otro cree estar lejos pero no tiene más que dar un paso: lo que debe hacer ver que el primer paso que se debe dar, debe ser en la senda de la humildad, de la paciencia y de la caridad. Las virtudes son tan necesarias en nuestra Orden que no se puede hacer ningún progreso en ella sino cuando se avanza en esas virtudes.
¿Mas podrían, tal vez, preguntar que relación existe entre las virtudes y las ciencias?
Esta Instrucción será empleada para demostrar esa necesidad. El Ser, existiendo necesariamente por si mismo, Eterno creador y conservador de todo ser, emana de su inmensidad Divina, antes del "tiempo", seres libres para su gran gloria. Les dio una ley, un precepto y un mandamiento sobre los cuales fue fundamentada su Emanación. Esos espíritus eran libres y no podemos considerarlos de otro modo sin destruir sus personalidades distintas.
Ellos llegaron a prevaricar.
¿Cuál fue la Prevaricación?
Sin entrar en todos los detalles, responderé que el primer crimen fue la desobediencia. Siendo libres, concibieron por su plena y entera libertad un Pensamiento contrario a la ley, al precepto y al mandamiento del Eterno. Para mejor dar una idea de esa desobediencia, suponed un centinela que se coloque de guardia, a quien se le dice observar los diferentes puntos de su fuerte: ese centinela es libre y no tiene necesidad de que nadie venga a forzarlo a quedarse o a salir.
Por su propia voluntad, deja su puesto y desampara todos los puntos de su baluarte, pero el centinela es tomado y le quiebran la cabeza. He aquí una idea de la prevaricación de los primeros espíritus. La prevaricación fue haber desobedecido a la ley, al precepto y mandamiento que les habían sido dados desde la emanación, y de haber concebido un pensamiento contrario al del Eterno. Desde entonces, la comunicación que tenían con el Eterno fue rota. Dios creó el espacio, en el cual los precipitó. ¿Pero de que se sirvió Él para expulsarlos de su corte Divina?
Se sirvió de los espíritus de su naturaleza que habían sido emanados en el mismo instante que los otros, y que también concibieron igualmente el pensamiento malvado, una vez que recibieron la mancha, pero que hicieron un uso diferente de su libre albedrío, quedando inviolablemente sujetos a las leyes, preceptos y mandamientos del Eterno. Lo que prueba bien demostrativamente que los primeros espíritus concibieron su pensamiento de prevaricación por su plena y entera libertad, y es la fidelidad de esos últimos que, sin tener ni más ni menos facultades que esos prevaricadores, hicieron buen uso de su libre albedrío, rechazando el mal pensamiento que les fue presentado por los prevaricadores y se sirvieron de instrumentos de justicia que Dios lanzó sobre aquellos desde el instante de su prevaricación.
Es de ese combate que habla la Escritura cuando dice que Miguel, y sus ángeles
combatían contra los demonios y sus ángeles, y que Miguel habiendo sido
vencedor, los precipitó fuera del paraíso Divino en el espacio que acababa
de ser creado.
No existía todavía el tiempo, que no es sino la sucesión o la revolución
de los diferentes cuerpos.
No había allí entonces materia sutil o grosera, no existían sino espíritus
puros y simples: espíritus buenos en el paraíso Divino y espíritus malos
en el espacio.
Desde entonces, Dios concibió en su imaginación pensante crear este universo
con formas materiales y pasivo para servir de límite y de barrera a las
operaciones malvadas de los demonios.
Él emancipó por esa causa a los espíritus ternarios del eje "fuego central", que vinieron a cerrar el círculo del espacio en el cual los espíritus perversos estaban encerrados, y concibió en Su imaginación pensante Divina la creación del cuerpo principal del jefe de este universo, tanto espiritual Divino como temporal pasivo, de forma triangular equilátera. Ese triángulo equilátero es considerado por todos los pueblos de la tierra como conteniendo en sí la imagen aparente que el Eterno había concebido en su imaginación para la creación del jefe de este universo; ese triángulo, repito, nos es aún representado en las iglesias con cuatro caracteres inefables de los que daré la explicación a continuación.
Dios manifestó de su pensamiento creativo los espíritus del eje fuego central
por ese mismo triángulo equilátero, en el centro del cual estaba contenido
su verbo ternario creativo, como muestra la figura siguiente:
Esos espíritus teniendo innata en sí, desde su principio de emanación, la
facultad de extraer de su seno las tres esencias espirituales que allí estaban.
Sacaron, entonces, de ellos mismos esas tres esencias para operar ese verbo
del Eterno.
¿Se preguntará, qué era ese verbo? Diré que ese verbo contenía en sí el
plano, la ejecución y la operación de este universo.
En consecuencia, esos espíritus del eje comenzaron a ejecutarlo, sacando
de su seno esas tres esencias que allí estaban.
Esas tres esencias eran, en su principio, la materia en su indiferencia,
porque no habían sido aún trabajadas por esos mismos espíritus, pero eran
distintas.
Ellas estaban, pues, según el lenguaje de la Escritura, sin forma, o en
su indiferencia, y vacías porque la vida pasiva no había podido ser insertada
en las formas, puesto que ella aún no existía.
Ese vacío debe ser comprendido como la privación del principio de movimiento
necesario a todos los cuerpos de este universo.
Antes de seguir adelante, debo hablar del principio fundamental de toda
emanación y de toda creación, que es el número.
Los sabios de todos los tiempos reconocieron que no podría haber ningún
conocimiento seguro, sea de la parte espiritual Divina, sea de la parte
universal general terrestre, sea de las particulares, sin la ciencia de
los números, puesto que es por esos números que el Eterno hace todos sus
planos de emanación y de creación.
El número, es coeterno con la Divinidad, ya que, por toda la eternidad,
Dios es, el número; ha estado pues en Él toda la eternidad, puesto que Dios
tiene su número.
Porque, si Dios hubiera podido crear el número, parecería que Él hubiera
podido crearse a sí mismo, lo que es imposible, porque nada subsiste sin
el número.
Ahora, Dios siendo el Ser necesario, existiendo por sí mismo, contiene,
pues, toda la eternidad, todo número.
Dotó a todos los espíritus según su infinita sabiduría y acción eterna.
Ninguna de sus obras salió de sus manos sin ser marcada con ese sello: tanto
los espíritus emanados como la creación de este universo, todo tiene su
número. Luego, se sigue demostrativamente que el conocimiento de todas las
obras de Dios está oculto en el conocimiento de los números.
Ahí es, por tanto, mis hermanos, donde debemos procurar admirar las obras
del Eterno, no en el sentido de nuestra forma aparente pasiva, sino en el
sentido de nuestro entendimiento espiritual Divino y eterno. Por toda la
eternidad, Dios fue uno, o I. Esa unidad nos hace ver la Divinidad, ya que
ella es el principio de toda la creación; y el círculo que la encierra,
conteniendo en sí la unidad, contiene todo lo que de ella procedió.
Los primeros espíritus emanados tenían, pues, su número, los superiores
10, los mayores 8, los inferiores 7 y los menores 4. Su número, antes de
su prevaricación, era más fuerte que aquel que damos vulgarmente a los querubines,
serafines y arcángeles, que aún no habían sido emanados.
Me detendré un poco a considerar el estado del universo de los espíritus
antes de su prevaricación.
Toda la corte de la Divinidad gozaba de la más perfecta paz, ninguna sospecha
de mal existía ya que la posibilidad del mal jamás existió en la Divinidad:
todo ser salió puro, santo y sin mancha de Su seno.
¿De dónde, pues, vino el mal?
El mal no tuvo su principio sino en el pensamiento que el jefe demoníaco,
que estaba libre, concibió sobre sí mismo, opuesto a la ley, al precepto
y al mandamiento del Eterno; no es que el demonio sea el mismo mal, puesto
que, si él cambia desde hoy su pensamiento malo, su acción cambiará también
y desde ese instante, no existirá más el mal en toda la extensión del universo.
El mal, repito, no tuvo su nacimiento sino en el pensamiento del demonio
opuesto al de la Divinidad, pensamiento que concibió de su puro libre albedrío
y por el cual se separó de la Divinidad; lo que originó el binario, número
de la confusión, habiendo deseado existir independientemente de la Divinidad
o Creador todopoderoso.
Dios manifestó su justicia contra ese espíritu perverso, precipitándolo
con sus adherentes de la corte Divina hacia el círculo del universo; el
espacio que había sido primeramente creado después de su prevaricación,
y que fue cerrado por los espíritus del eje del fuego central, que fueron
emancipados al mismo tiempo.
Es lo que quiere decir el salmo: "Non accedet ad te malum" "el mal no se
aproximará a ti", por la barrera que forman esos espíritus del eje en las
operaciones malvadas de los demonios.
Una vez que los espíritus del eje del fuego central recibieron el verbo
del Eterno, sacaron de su seno las tres esencias espirituales que allí estaban
innatas desde a su emancipación, y modificaron esa materia en su indiferencia,
distinguiendo esas esencias de manera que pudiesen retener la impresión.
Ese trabajo de los espíritus del eje forma una distinción de las tres esencias
que, en su lugar en las esencias, todo tomó forma, y los diferentes cuerpos
fueron creados; y desde que los cuerpos tuvieron forma, los espíritus del
eje insertaron en cada uno de ellos un vehículo de su fuego espiritual,
que es el principio de la vida de todos los cuerpos.
Me preguntaréis, tal vez, dónde residían todas esas materias antes del ordenamiento
que se denomina vulgarmente caos, y que denominamos la materia. Responderé
que esa materia sin forma y vacía en su indiferencia, residía en el matraz
filosófico, así como la figura siguiente lo muestra:
El trabajo de todos los diferentes espíritus del eje del fuego central fue conducido por la sabiduría del Eterno que la Escritura santa nos representa moviéndose sobre las aguas. Ahora, nada nos representa mejor la materia en su indiferencia que un agua sin curso y sin movimiento.
Era sobre ese principio de las esencias que el espíritu doblemente fuerte del Eterno conducía, dirigía y fijaba los limites a todos los diferentes seres de este universo, y conducía toda especie de operación de trabajo de los espíritus, factores operantes o fabricantes del eje del fuego central, o fuego increado.
Es esa sabiduría que caminaba delante del Eterno y que aplaudía en santos
transportes cada pensamiento Divino que el Eterno manifestaba por la creación
de este universo diciendo:
"Estoy en Ti y en tus obras, Creador todopoderoso, como Tú estás en mi y
en mis obras. Aquel que vendrá después instruirá a tu criatura en el culto
por el cual debes ser servido."
El trabajo de los diferentes espíritus del eje se opera aún sobre esta superficie y se operará hasta el fin de los siglos, tal como operaron en el principio para la creación de todos los cuerpos de este universo; lo que haré ver claramente en la secuencia de estas instrucciones.
Por el momento, me contentaré con dar la explicación de la figura ? representando
la Divinidad.
Esa letra hebrea representa un nombre inefable de la Divinidad.
Motivo por el cual los judíos jamás pronunciaron, por respeto, ese nombre,
esa letra; aleph, pronunciación que le dieron, no siendo la verdadera.
- beth, segunda característica, representa la acción directa de la Divinidad;
- guimel, representa el Espíritu Santo conduciendo la operación de los espíritus del eje;
- daleth, representa el verbo ternario del Eterno, por medio del cual manifiesta a los espíritus del eje su inmenso pensamiento por la creación de este universo.
Los tres glóbulos que están en el matraz filosófico representan el principio de las esencias, o la materia en su indiferencia. Aunque se considere al Mercurio como el principio de las tres esencias, no se le debe dar, por lo tanto, una unidad absoluta, ya que no pertenecía a la Divinidad, o a los espíritus superiores 10, y a ninguna esencia. Así, esa unidad que se da a Mercurio es ternaria, y representa las tres esencias en su indiferencia, en relación unas con las otras, sin movimiento, sin formas; porque ellas no habían sido trabajadas, modificadas y operadas por la inmensidad de los espíritus agentes, factores u operantes del eje fuego central.
Los denominamos eje del fuego central porque son adherentes a la corte de la Divinidad y eternos.
- ¿Podrían, tal vez, preguntarme por qué Dios, habiendo previsto el pensamiento
malvado de los demonios no los contuvo en los límites que les estaban prescritos?
Responderé a esa objeción diciendo que Dios es inmutable en sus decretos, sea respecto de lo que aprueba o condena su criatura y que no toma ninguna parte en las causas segundas, habiendo fundamentado todo ser sobre leyes invariables, y la primera de esas leyes es la libertad. - ¿Se preguntará, qué era ese verbo?
Diré que ese verbo contenía en sí el plano, la ejecución y la operación de este universo. En consecuencia, esos espíritus del eje comenzaron a ejecutarlo, sacando de su seno esas tres esencias que allí estaban.
Esas tres esencias eran, en su principio, la materia en su indiferencia, porque no habían sido aún trabajadas por esos mismos espíritus, pero eran distintas.
Ellas estaban, pues, según el lenguaje de la Escritura, sin forma, o en su indiferencia, y vacías porque la vida pasiva no había podido ser insertada en las formas, puesto que ella aún no existía. Ese vacío debe ser comprendido como la privación del principio de movimiento necesario a todos los cuerpos de este universo. Antes de seguir adelante, debo hablar del principio fundamental de toda emanación y de toda creación, que es el número. No obstante, Dios no hubiera podido destruir, incluso cuando hubiese tenido conocimiento de ese pensamiento en esos espíritus, sin destruir los atributos y la manifestación de su gloria y de su justicia: de su gloria para con los espíritus fieles, y de su justicia para con los espíritus perversos.
Estemos, pues, bien convencidos, mis hermanos, de que el Eterno no previó
jamás lo que no existía efectivamente en el pensamiento de un ser libre.
Porque, si Él pudiese prever el uso de su libre albedrío, ese espíritu,
desde ese instante, cesaría de ser libre.
Mas lo que la Divinidad concibe perfectamente, es el uso que hace cualquier
espíritu de su libre albedrío.
Desde el instante en que ese espíritu concibe su pensamiento, sea bueno,
sea ruin, es leído y juzgado por la Divinidad.
Lo que le da el nombre de Dios vengador y remunerador: vengador del ultraje
hecho a su ley, y remunerador del buen uso de esa ley para su mayor gloria.
Veamos, por tanto, bien, mis hermanos, que el principio o el origen del
mal vino del orgullo.
Ahora, por una secuencia necesaria, el principio de todo el bien debe ser
la humildad, la paciencia y la caridad: la paciencia por la necesidad de
soportar las fatigas de un penoso viaje, y la caridad por la necesidad absoluta
de soportar los errores de nuestros semejantes y de procurar corregirlos
volviéndolos buenos. Esa virtud es tan necesaria que una compañía de perversos no subsistiría veinticuatro
horas si estuviese enteramente privada de esa virtud. Esa virtud en su perfección hace la reunión de todas las otras, visto que
es la que más se aproxima a la Divinidad.
Es, pues, mis hermanos, por la práctica constante de esas virtudes que nuestra
unión será durable, y que engendrará innumerables frutos de inteligencia,
de conocimiento y de sapiencia.
Estableciendo una correspondencia más estrecha entre los hermanos unos con los otros, ella hará comunes los conocimientos particulares de cada uno, y producirá así la unidad, que es la base de la Orden. Felicítome, mis hermanos, por el Eterno haberme dado la gracia de hablaros.
Estad bien seguros de mi celo, de mi afecto y de mi deseo sincero para el
bien general de este oriente.
La gracia que os pido es de aquí poner cada uno el mismo celo, y Dios secundará
nuestros propósitos.
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