ALQUIMIA

Tradición que no murió

Dr. Gerard Encausse (Papus)

Capítulo VI

Una explicacion sobre Textos Alquímicos

Cuando se lee un texto escrito por un alquimista, es preciso establecer a qué operación se está refiriendo:

  1. 1. Si habla sobre la fabricación del Mercurio de los filósofos, entonces, con seguridad, resultará ininteligible para el profano.
  2. 2. Si habla de la fabricación de la Piedra propiamente dicha, entonces el alquimista hablará con claridad.
  3. 3. Si se refiere a la multiplicación, entonces será absolutamente claro. En posesión de estos datos, el lector puede consultar la obra de Guillaume Louis Figuier, titulada la Alquimia y los alquimistas, y si no le disgusta lo festivo, leer las primeras cincuenta páginas. Entonces, le será fácil descifrar el sentido de los relatos simbólicos que resultan tan oscuros para dicho autor y que le hacen aventurar en tan graciosas explicaciones.

Viene a cuento, como prueba de ello, el siguiente relato que él considera un galimatías:

“Hay que empezar al ponerse el sol, mientras el marido Rojo y la esposa Blanca se unen en el espíritu de la vida para vivir en el amor y la tranquilidad, en la proporción exacta del agua y de la tierra”.

He aquí su interpretación:

Se ponen en el matraz, de forma oval, dos fermentos, a saber, el activo o Rojo y el pasivo o Blanco.

También leemos lo siguiente:

“Adelántate desde el Occidente, a través de las tinieblas, hacia el Septentrión”.

Esta es la interpretación: Los diversos grados del fuego. También nos encontramos con esto:

“Altera y disuelve al marido entre el invierno y la primavera, transforma el agua en una tierra negra, y elévate a través de los variados colores hacia el Oriente, en el cual se muestra la Luna Llena. Después del Purgatorio, aparece el sol blanco y radiante.”

La interpretación es:

Cabeza de cuerpo, colores de la Obra.

Cuando estudiemos un relato simbólico, deberemos buscar siempre el sentido hermético oculto que aquí casi seguramente encierra. Puesto que la Naturaleza es idéntica por doquier, el mismo relato, que exprese los misterios de la Gran Obra, podrá significar igualmente el curso del Sol (mitos solares) o la vida de un héroe fabuloso.

Solamente el iniciado se hallará, pues, en condiciones de captar el tercer sentido (hermético) de los mitos de la antigüedad, mientras que el sabio solo verá en ellos los sentidos primero y segundo (físico y natural, curso del Sol, Zodíaco, etc.) y el lego comprenderá únicamente el primer sentido (el relato relacionado con el héroe).

Desde este punto de vista, son célebres, entre los alquimistas, las aventuras de Venus, Vulcano y Marte. De acuerdo con todo lo dicho, es dable apreciar que, para preparar la Piedra Filosofal, hay que tener tiempo y paciencia.

Hablando en términos alquímicos, quien no haya eliminado de sí mismo el deseo del oro, jamás será rico. Para convencerse de esto, basta leer las biografías de dos alquimistas del siglo XIX: Cyliani y Louis Paul François Cambriel.

En su aspecto físico, la Piedra Filosofal será, pues, un polvo rojo de consistencia bastante parecida a la del cloruro de oro, y su olor es e l de sal marina calcinada.

En su aspecto químico, se trata simplemente de un incremento de la densidad, si se admite la unidad de la materia, idea ésta que cuenta con considerable apoyo por parte de los filósofos químicos contemporáneos. Efectivamente, el problema que hay que resolver consiste en transformar un cuerpo cuya densidad es de 13,6, como lo es el mercurio, en un cuerpo cuya densidad es de 19,5, como lo es el oro.

¿Esta hipótesis de la transmutación discrepa con los más recientes informes de la química?

Esto es lo que ahora trataremos de explicar.



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