ALQUIMIA
Tradición que no murió
Dr. Gerard Encausse (Papus)
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo I
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo II
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo III
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo IV
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo V
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo VI
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo VII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo VIII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo IX
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo X
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XI
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XIII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XIV
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XV
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XVI
Capítulo XIII
El Verdadero Alquimista
Ya hemos hablado mucho sobre la Piedra Filosofal.
Digamos ahora algunas palabras acerca de su feliz poseedor: el Alquimista.
Por lo general, se supone que este hombre vive buscando perpetuamente
lo imposible en medio de hornos ardientes, cocodrilos disecados,
búhos siniestros y gatos hechizados.
Sin embargo, basta abrir sus libros y ver el modo con que ellos
mismos representan sus hornos y laboratorios para comprobar que
existe un profundo error del que los prejuicios del vulgo dan fe.
El verdadero alquimista es un filósofo suficientemente instruido
como para pasar, sin inmutarse, por épocas muy turbulentas y difíciles.
13 El es el sagrado depositario de toda la ciencia maravillosa que
otrora fue enseñada en los venerados santuarios de la India y Egipto.
Es preciso que él sepa velarla bastante para eludir la celosa mirada
del clérigo déspota que husmea en él al enemigo y le vigila muy
de cerca.
Cuando la Inquisición persigue sin piedad todo vestigio de conocimiento,
el filósofo hermético vela más sus escritos con símbolos y figuras
misteriosas, aunque no lo suficiente como para que el investigador
esmerado no los pueda comprender con facilidad.
Este es el origen de las oscuridades deliberadas que encontramos
en las obras de los adeptos.
¿Cómo utilizan ellos las inmensas riquezas que el conocimiento del
misterioso secreto puede brindarles? Una de las reglas elementales
de la Ciencia denominada Oculta enseña que, para ser maestro de
alguna cosa, hay que saber considerarla con la máxima indiferencia.
Quien desee la Piedra Filosofal por las riquezas que ella procura,
es muy posible que no la posea jamás.
La tradición esotérica también nos representa al alquimista vestido
con sencillez y siempre de viaje, dando limosna a los mendigos y
a los reyes y, por esta razón, mostrándose superior a estos últimos.
14 Si damos crédito a los relatos de los contemporáneos, el alquimista
Nicolás Flamel, poseedor de inmensas riquezas, las empleaba únicamente
en obras pías y de caridad, y tanto él como su esposa comían legumbres
hervidas, en burdos platos de barro cocido.
Estas ideas las encontraremos puestas en práctica hasta en pleno
siglo XIX.
El alquimista Cyliani (1832), tras descubrir según él lo cuenta,
la Piedra Filosofal al cabo de cuarenta años de trabajos, vivió
con una renta modestísima después de 13 Le Roman Alchimique, de
Louis Lucas.
14 Historia de la Magia, de Eliphas Levi.
Editorial Kier.
haberse sentido tentado a ofrecer el precioso secreto al rey Luis
XVIII.
Fue la esposa de Cyliani quien le hizo cambiar la idea.
15 Además, basta leer la obra de Guillaume Louis Figuier para reunir
numeroso datos sobre este tema.
La doctrina que los alquimistas enseñaban es, en gran parte, filosófica.
La experiencia solo debe servir para verificar las teorías especulativas
enunciadas en los libros más venerados.
Por esta razón, los adeptos denominan Filosofía Hermética al conjunto
de sus conocimientos.
La Filosofía Hermética proclama la unidad de la sustancia en la
base de todas estas demostraciones.
Por otra parte, existe un principio universal expandido en todos
los cuerpos, cualquiera que sea la composición de ellos.
El conocimiento de este principio universal y su puesta en acción
cons tituyen el secreto de la Gran Obra y hace, ab initio, que las
experiencias alquímicas se diferencien de los trabajos de los químicos
corrientes, a quienes los filósofos herméticos consideran “dependientes
de laboratorio”.
Esta fuerza oculta ha recibido una enorme cantidad de denominaciones
en las obras que tratan sobre la Alquimia: es el Thelema (o Thelesma)
de Hermes,16 el Aour de los cabalistas17, el Rouah Elohim de Moisés18,
el Mercurio Universal de los alquimistas19, la Luz Astral de la
Ciencia Oculta20, el Movimiento de Louis Lucas21, etc.
Esta teoría, hacia la cual se sienten atraídos los filósofos contemporáneos,
acaba de ser actualizada en toda su belleza por los trabajos de
los ocultistas.
Pormenores de esta interesante cuestión se hallarán también en un
bellísimo estudio del Conde Albert de Rochas, titulado Las doctrinas
químicas en el siglo XVII (Les doctrines chimiques au XVIIe.
siècle), aparecido en Cosmos, en el año 1888.
¿Existe en nuestra época algún vestigio de esta Filosofía Hermética
y de sus enseñanzas? Busquémoslo.
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