Martinísmo
Estudios sobre la Francmasonería y el Compañerismo
por
Virginia Gaskell Mármol

La historia de las organizaciones iniciáticas
es con frecuencia muy difícil de esclarecer, lo cual se comprende fácilmente
considerando que la naturaleza misma de la materia contiene demasiados elementos
extraños a los métodos de investigación que disponen los historiadores comunes.
Para comprobarlo no es necesario siquiera remontarse muy atrás en el tiempo,
basta considerar el s. XVIII: allí se pueden percibir, si bien coexistentes
con las manifestaciones del espíritu moderno en lo que tiene de más profano
y antitradicional, los que podrían considerarse últimos vestigios verdaderos
de diferentes corrientes iniciáticas que existían hacía tiempo en el mundo occidental.
En este siglo aparecen personajes tan enigmáticos como las organizaciones a
las que se vinculaban o en las que se inspiraban.
Uno de tales personajes es Martines de Pasqually. A propósito de las obras que
se publicaron en estos últimos años sobre él y su Orden de los Elegidos Cohen,
de R. Le Forestier y del P. Vulliaud, ya tuvimos ocasión de destacar cómo muchos
puntos de su biografía quedaban obscuros a pesar de la nueva documentación aportada
(1).
Gérard van Rijnberk dio a conocer recientemente otro libro sobre el tema (2) que contiene también documentación interesante y en gran parte inédita. No obstante, lo cual es casi redundante señalar, plantea más problemas que los que resuelve (3).
El autor en primer lugar advierte sobre la incertidumbre que rodea el mismo nombre de Martines, y enumera las distintas variantes que se pueden encontrar en los escritos donde se lo nombra. Es verdad que no hay que atribuir demasiada importancia a este hecho, ya que en el s. XVIII no se respetaba puntillosamente la ortografía de los nombres propios.
Pero el autor agrega: "En lo que respecta a quien mejor que nadie debería haber conocido la exacta ortografía del propio nombre o de su seudónimo como jefe de una iniciación, siempre firmó Don Martines de Pasqually (una sola vez Pascally de la Tour). En el único documento auténtico conocido, la partida de bautismo del hijo, su nombre se formula de la siguiente manera: Jacques Delivon Joacin Latour de La Case, don Martines de Pasqually".
No es exacto que esta partida publicada por Papus (4) sea el "único documento auténtico conocido", puesto que otros dos documentos, sin duda ignorados por Rijnberk, fueron publicados en el mismo periódico (5): la partida de matrimonio de Martines y el "certificado de catolicidad" extendido en el momento de su viaje a Santo Domingo.
La primera reza:
"Jacques Delyoron Joachin Latour de la Case Martines Depasqually, hijo legítimo del finado
Delatour de la Case y de la señora Suzanne Dumas de Rainan" (6).
El segundo, simplemente
"Jacques Pasqually de la Tour".
Por otra parte, en lo que respecta a la firma de Martines, en la partida de
matrimonio figura como "Don Martines De Pasqually", mientras en el certificado
está como "Despaqually de la Tour". El hecho de que el padre, sobre la partida
de matrimonio, sea llamado simplemente "Delatour de la Case" (como así también
su hijo en la partida de bautismo, si bien una nota al margen lo designa "de
Pasqually", sin duda alguna con motivo de que era su nombre más conocido), parece
dar un elemento a favor de lo que más adelante escribe van Rijnberk: "Esto nos
induce a pensar que su verdadero nombre haya sido de La Case, o de Las Cases,
y que 'Martines de Pasqually' haya sido solamente un hierónimo".
Sin embargo
el nombre de La Case o de Las Cases, que puede ser la forma afrancesada del
nombre español de Las Casas, da lugar a otras cuestiones. En primer lugar hay
que destacar que el segundo sucesor de Martines como "Gran Soberano" de la Orden
de los Elegidos Cohen (el primero fue Caignet de Lestêre) se llamaba Sébastien
de Las Casas. ¿Había tal vez algún parentesco entre ambos? La cosa no parece
imposible: Sebastien provenía de Santo Domingo, y Martines había viajado a esa
isla a recibir una herencia, lo que permitiría suponer que una parte de su familia
se habría instalado allí (7).
Pero hay algo que es aún más extraño: L. C. de Saint-Martin, en su Crocodile,
pone en escena un "judío español" de nombre Eleazar, al cual atribuye visiblemente
muchas de las características de su ex maestro Martines. Ahora bien, he aquí
cómo dicho Eleazar explica las razones por las que se había visto obligado a
abandonar España y refugiarse en Francia: "En Madrid tenía un amigo cristiano
que formaba parte de la familia de Las Casas, con la cual tengo, si bien indirectamente,
mayores obligaciones.
Después de haber logrado cierta prosperidad en una actividad comercial, se vio repentinamente alcanzado por una bancarrota fraudulenta que lo dejó en la más completa ruina. Inmediatamente acudí a su lado, a compartir su desgracia y ofrecerle los escasos recursos de que mi mediocre fortuna me permitía disponer. Pero como tales recursos eran insignificantes para sanear los negocios, cedí ante la amistad que a él me unía y, dejándome transportar por tal sentimiento, eché mano de ciertos medios particulares que me ayudaron muy pronto a descubrir el fraude de sus expoliadores, e incluso el escondrijo donde se habían depositado todos aquellos bienes que le habían substraído.
Por iguales medios le procuré la posibilidad de recuperar todos sus tesoros y la disponibilidad de los mismos, sin que aquellos que se los habían substraído sospecharan siquiera que alguien se los hubiera vuelto a sustraer. Sin duda fue un error utilizar dichos medios para lograr semejante finalidad, puesto que los mismos no deben aplicarse más que a la administración de asuntos que nada tienen que ver con las riquezas de este mundo. En consecuencia, recibí escarmiento.
Mi amigo, educado en una fe tímida y recelosa, sospechó que cuanto
yo había hecho por él se debía a sortilegios. Su fervor religioso triunfó sobre
su agradecimiento, así como mi diligencia en ayudarlo había triunfado sobre
mi deber. Me denunció así a su Iglesia simultáneamente como hechicero y como
judío. Los inquisidores fueron advertidos inmediatamente; me condenan a la hoguera
aún antes de arrestarme, pero en el mismo momento en que deciden mi captura,
recibo aviso, por los mismos medios particulares, de la suerte que me espera,
y sin dilación busco refugio en vuestra patria (8).
Indudablemente Le Crocodile contiene mucho de puramente fabulado, lo que hace
muy difícil descubrir alusiones a hechos y personajes reales. Sin embargo, no
nos parece probable que el nombre de Las Casas se encuentre allí por simple
azar.
Por ello hemos creído interesante reproducir el pasaje por entero a pesar
de su extensión: ¿qué relación podría verdaderamente haber entre el judío Eleazar,
que tanto se parece a Martines por los "poderes" y la doctrina que se le atribuye,
y la familia Las Casas, y de qué naturaleza podrían ser las grandes "obligaciones"
que debía a esta última? Por el momento nos contentamos con plantear estas cuestiones
sin pretender siquiera aportar una respuesta. Veremos si posteriormente se nos
presenta alguna que resulte más o menos plausible (9).
Pasemos ahora a otros puntos de la biografía de Martines que nos deparan igualmente
otras sorpresas. Van Rijnberk dice que "se ignora completamente el año y el
lugar de su nacimiento", pero destaca que Willermoz escribe al barón de Türkheim
que Martines "murió a una edad avanzada", y agrega "Cuando Willermoz escribió
esta frase él mismo contaba 91 años; como los hombres tienen la tendencia general
de evaluar la edad de los otros mortales de acuerdo a una medida que se incrementa
con el correr de sus propios años, no debe dudarse que la edad avanzada que
atribuye el nonagenario Willermoz a Martines no puede ser menor de los 70 años.
Y como Martines murió en 1774, como máximo debe entonces haber nacido en la primera década del s. XVIII". Por lo tanto, se inclina en favor de la hipótesis de Gustave Bord que ubica la fecha de nacimiento de Martines hacia 1719 o 1715; sin embargo, por la primera fecha se lo haría fallecer a los 64 años, lo que a decir verdad no representa de ninguna manera una edad "avanzada", especialmente si se la compara con la de Willermoz...
Y además, desafortunadamente, uno de
aquellos documentos que van Rijnberk parece haber desconocido constituye un
desmentido formal a tal hipótesis: el "certificado de catolicidad" fue extendido
en 1772 al "Señor Jacques Pasqually de Latour, hidalgo, nacido en Grenoble,
de 45 años de edad"; de aquí puede deducirse que habría nacido hacia 1727, y,
si falleció dos años más tarde durante su estancia en Sto. Domingo, en 1774,
quiere decir que alcanzó la edad muy poco "avanzada" de 47 años. Este mismo
documento confirma además que, como ya muchos lo habían dicho, aunque en contra
de la opinión de van Rijnberk, que rehúsa admitirlo, Martines nació en Grenoble.
Por otra parte, lo dicho no se contrapone evidentemente a que su origen sea
español, puesto que entre todos los orígenes que se pretendió asignarle, los
indicios en su mayoría lo señalan como el más probable, incluyendo naturalmente
el mismo nombre de Las Casas; pero entonces habría que admitir que su padre
ya se había instalado en Francia antes de su nacimiento, y aún la posibilidad
de que hubiera contraído matrimonio allí.
Lo cual puede tener confirmación por la partida de matrimonio de Martines, donde la madre figura como "señora Suzanne Dumas de Rainau", nombre que a nuestro criterio no puede ser más francés, mientras que aquel "Delatour de la Case" puede haber sido español afrancesado.
En el
fondo, la única razón verdaderamente seria que puede aducirse para poner en
duda el hecho de que Martines haya nacido en Francia (ya que no pueden considerarse
seriamente las contradictorias afirmaciones de unos y otros, por la sencilla
razón de que todas ellas no pasan de ser simples suposiciones), la constituyen
las particularidades del lenguaje que se descubren en sus escritos; pero este
hecho, de todas maneras, puede explicarse perfectamente, habida cuenta por un
lado la educación que pudo recibir de su padre español y, por otro, siendo consecuencia
de sus probables estancias en distintos países. Volveremos sobre este último
punto más adelante.
Por una curiosa coincidencia, que ciertamente no contribuye a simplificar las
cosas, parece comprobado que existió en la misma época, en Grenoble, una familia
que respondía realmente al nombre Pascalis; de la cual Martines debió haber
sido absolutamente ajeno si nos basamos en los nombres transcritos en la documentación
correspondiente.
Quizá perteneció a esta familia el obrero carrocero Martin
Pascalis, llamado también Marin Pascal o Pascal Marin (tampoco sobre este particular
hay mucha seguridad), si es que se trata realmente de otro personaje, y no sea
simplemente el mismo Martines quien, en cierto momento, se haya visto obligado
a ejercer dicho oficio para subsistir, ya que aparentemente su situación económica
no llegó nunca a ser demasiado brillante.
Esta cuestión no fue nunca aclarada de manera verdaderamente satisfactoria.
Además, muchos pensaron que Martines era judío; seguramente no lo fue desde
el punto de vista religioso, puesto que está comprobado de manera irrefutable
que era católico; sin embargo es cierto que, como dice van Rijnberk, "esto no
prueba nada desde el punto de vista de la raza".
Efectivamente, pueden descubrirse en la vida de Martines algunos indicios que permitirían pensar en un origen judío, pero que no tienen ningún carácter decisivo, y pueden perfectamente explicarse mediante afinidades de un tipo totalmente distinto al de la comunión de raza. Franz von Baader es de la opinión de que Martines había sido "tanto judío como cristiano"; dicha afirmación recuerda las relaciones existentes entre el judío Eleazar y la familia cristiana de Las Casas.
Por otra parte, el mismo hecho
de presentar a Eleazar como un "judío español" puede muy bien ser una alusión,
no ya al origen personal de Martines, sino al origen de su doctrina, en la que
efectivamente predominan sin duda alguna los elementos judaicos.
De cualquier modo, quedan en la biografía de Martines cierta cantidad de incoherencias
y contradicciones, de las cuales la más evidente es sin lugar a dudas aquella
que se refiere a su edad. Sin embargo, y sin percibirlo, van Rijnberk señala
la posible solución al sugerir que "Martines de Pasqually" era un "hierónimo",
o sea, un nombre iniciático.
En efecto, este mismo hierónimo ¿no podría haber sido utilizado, como sucedió en otros casos similares? ¿Y quién puede decir si las grandes "obligaciones" que tenia el personaje que Saint Martin denominó el "judío Eleazar" para con la familia de Las Casas no se hubieron originado en el hecho de que esta última le hubiera proporcionado una especie de "cobertura" a su actividad iniciática?
Sin duda, sería imprudente querer abundar en mayores
detalles. Sin embargo, veamos si lo que puede llegar a saberse con respecto
al origen de los conocimientos de Martines nos puede proporcionar alguna otra
aclaración.
La misma carta de julio de 1821 en la que Willermoz afirma que Martines falleció
"de edad avanzada" incluye otro pasaje interesante donde se señala que la iniciación
de Martines le habría sido transmitida por su propio padre: "En su Ministerio
habría sucedido al padre, hombre culto, distinguido, y más prudente que el hijo,
no demasiado rico y residente en España.
Este había hecho ingresar a su hijo
Martines, aún joven, en los guardias valones, donde habría protagonizado un
altercado que desembocó en un duelo, en el transcurso del cual dio muerte a
su adversario. Tuvo que huir rápidamente. Su padre le consagró su sucesor antes
de que partiera. Después de una larga ausencia, el padre, presintiendo la cercanía
de su muerte, lo hizo regresar urgentemente y le impuso las últimas consignas".
A decir verdad, dicha historia sobre los guardias valones, de la que fue imposible
lograr confirmación de otras fuentes, nos parece más bien sospechosa, sobre
todo si, como dice van Rijnberk, ella debiera "implicar que Martines había nacido
en España", lo cual sin embargo no es en nada evidente.
Por otra parte, no es éste un punto sobre el cual Willermoz pudiera aportar
testimonio directo, puesto que, a continuación, declara "no haber conocido al
hijo hasta 1767 en París, mucho tiempo después de la muerte del padre"(10).
Sea como fuere de esta cuestión secundaria, se mantiene la afirmación de que Martines habría recibido de su padre no sólo la iniciación, sino también la transmisión de ciertas funciones iniciáticas, ya que la palabra "ministerio" no puede interpretarse de otro modo.
Al respecto señala van Rijnberck una carta del masón Falcke escrita en 1779, donde se lee: "Martines Pascalis, español, afirma que los conocimientos secretos que posee son herencia de familia, que reside en España y que los poseería desde hace trescientos años: los habría recibido de la Inquisición, en la que habrían prestado servicio sus antepasados".
Se trata de algo bastante inverosímil,
porque verdaderamente no se entiende qué depósito iniciático hubiera podido
poseer y comunicar la Inquisición. Recordemos sin embargo el pasaje de Le Crocodile
citado antes: Las Casas es quién denuncia a su amigo judío Eleazar ante la Inquisición,
precisamente por sus conocimientos secretos.
¿No se diría acaso que aquí estamos en presencia también de algo que ha sido
embrollado a propósito? (11).
A estas alturas podríamos preguntarnos lo siguiente: cuando Martines, o el personaje
que Willermoz conoció bajo ese nombre a partir de 1767, habla de su padre, ¿debemos
entenderlo literalmente, o bien se trata únicamente de su "padre espiritual",
quien quiera que haya sido?
Muy bien puede hablarse efectivamente de "filiación" iniciática, y es evidente
que no forzosamente coincide con la filiación natural. Se podría incluso evocar
nuevamente aquella dualidad entre Las Casas y el judío Eleazar...
Sin embargo, no es un caso extremadamente excepcional el hecho de una transmisión iniciática hereditaria que implicara asimismo el ejercicio de una función, pero debido a la carencia de datos suficientes es muy difícil decidir si tal fue efectivamente el caso de Martines.
A lo sumo, podríamos ver indicios favorables en algunas
particularidades concernientes a la sucesión de Martines: concedió a su hijo
primogénito, inmediatamente al bautismo, la primera consagración en la jerarquía
de los Elegidos Cohen, lo que puede sugerir que pensara convertirlo en su sucesor.
Este hijo desapareció durante la Revolución, y Willermoz confiesa no haber podido
saber qué fue de él.
En cuanto al segundo hijo, cosa aún más singular, se conoce la fecha de su nacimiento,
pero nunca más se hace mención de él. En todo caso, cuando en 1774 murió Martines,
su hijo primogénito seguramente aún estaba con vida, aunque no fue él quien
lo sucedió como "Gran Soberano", sino Caignet de Lestère, y cuando éste a su
vez murió en 1778, el sucesor fue Sébastien de Las Casas.
En tales condiciones, ¿qué queda de la idea de una transmisión hereditaria? No podría invocarse en este caso la excesiva juventud de su hijo para desempeñar tal función (tenía apenas seis años), porque Martines podría haber perfectamente designado a un sustituto hasta su mayoría de edad, lo que no nos consta que se haya mencionado jamás.
Por el contrario, y curiosamente, parece verdad que entre Martines y sus sucesores hubiera habido un cierto parentesco: en efecto, Martines hace referencia a ello en una carta de su "primo Cagnet", que debería ser, consideradas las variaciones ortográficas propias de la época, el mismo que Caignet de Lestère (12), y, en cuanto a Sébastiende Las Casas, ya indicamos que el parentesco era sugerido por el nombre mismo.
De todas maneras, tal transmisión a parientes más o menos
lejanos, desde el momento que había un heredero directo, difícilmente puede
asimilarse a una "sucesión dinástica" de la que habla Rijnberk, y a la que incluso
atribuye "una cierta importancia esotérica" que no nos resulta demasiado clara.
Que Martines haya sido iniciado por su padre o por otro no es el punto más esencial,
ya que no aporta luz sobre la única cosa que en el fondo importa verdaderamente:
¿de qué tradición provenía esta iniciación?
Lo que probablemente podría aportar algo más específico y preciso al tema son los viajes que realizó Martines antes de comenzar su actividad iniciática en Francia. Desafortunadamente, también sobre este punto las informaciones son totalmente imprecisas y dudosas, y la misma afirmación de que habría estado en Oriente no es en sí un dato preciso, máxime teniendo en cuenta que frecuentemente en estos casos no se trata sino de viajes legendarios o más bien simbólicos.
Sobre el tema, van Rijnberk cree poder confiar en un pasaje del Traité de la Réintegration des Etres, donde Martines parece decir que ha estado en China, a la par que nada parecido puede hallarse de países mucho menos lejanos. Pero tal viaje, si verdaderamente tuvo lugar, es quizá el menos interesante desde el punto de vista que ahora consideramos, porque está claro que tanto en las enseñanzas de Martines como en sus "operaciones" rituales nada se detecta que revele la menor relación con la tradición extremo oriental. Sin embargo, en una carta de Martines se encuentra la frase: "Mi estado y mi cualidad de hombre verdadero me ha mantenido siempre en la posición que ocupo" (13).
Tal expresión,
que es específicamente taoísta, y que por otra parte es la única de este tipo
que puede encontrarse en Martines, parece ser que jamás llamó la atención de
nadie. (14).
Sea como fuere, si Martines verdaderamente nació hacia 1727, sus viajes no pudieron
prolongarse por muchos años, aún sin descontar el tiempo de su supuesto paso
por los guardias valones, pues su actividad iniciática conocida comienza en
1754, y en tal fecha contaba apenas con 27 años (15).
Se admite fácilmente que haya estado en España, considerando en especial los
lazos familiares que lo ligaban con ese país, y quizá también en Italia. Todo
lo cual resulta bien aceptable, y pudiera ser que se deban a su estancia en
estos países algunas peculiaridades más evidentes de su lenguaje.
Aparte, sin
embargo, de este detalle totalmente exterior, la cosa no nos conduce demasiado
lejos, porque en aquellos tiempos, y desde el punto de vista iniciático, ¿qué
podía subsistir en tales países?
Ciertamente, es necesario dirigir la búsqueda en otra dirección, y al respecto
nos parece que la indicación más exacta nos la provee un pasaje una nota del
príncipe Christian de Hesse-Darmstadt que dice así: "Pasquali sostenía que sus
conocimientos provenían del Oriente, pero es presumible que los haya recibido
de África", es decir, lo que debe entenderse muy probablemente, de los judíos
sefardíes, que se establecieron en África del norte tras su expulsión de España
(16).
Esto puede en efecto explicar muchas cosas: en primer lugar, el predominio de
los elementos judaicos en la doctrina de Martines; luego, las relaciones que
parece haber mantenido con los judíos, también sefardíes, de Burdeos, así como
se ha subrayado anteriormente en la presentación de Eleazar como un "judío español"
que hace Saint-Martin; finalmente, la necesidad que tuvo, con vistas al trabajo
iniciático que debía desarrollarse en un ambiente no judío, de "injertar" por
así decir la doctrina recibida de tal fuente sobre una forma iniciática propagada
por el mundo occidental y que, en el siglo XVIII, no podía ser más que la Masonería.
El último punto da lugar aún a otros asuntos sobre los que volveremos más adelante,
pero ante todo debemos destacar que el hecho mismo de que Martines jamás mencione
el origen exacto de sus conocimientos, o que se refiera vagamente al "Oriente",
resulta perfectamente comprensible.
Desde el momento que no podía trasmitir la iniciación tal cual la había recibido, no debía revelar su origen, lo que habría sido como mínimo inútil. Parece que en sus libros no hizo alusión expresa a sus "predecesores" más que una única vez, y esto sin agregar la más mínima precisión, y por ende sin afirmar nada más que la existencia de una transmisión iniciática (17).
En todo caso, es bien seguro que la forma de esa iniciación
no era aquella de la Orden de los Elegidos Cohen, puesto que no existía antes
de Martines mismo, y nosotros percibimos como la elabora poco a poco, desde
1754 hasta 1774, sin que haya logrado siquiera terminar de organizarla completamente
(18).
Puede aquí sugerirse un tema que alguien podría objetar, a saber, que si Martines
había recibido la "misión" de parte de alguna organización iniciática, ¿cómo
pudo ser que su Orden no haya estado de algún modo totalmente "preformada" desde
el comienzo, con sus rituales y grados, y que de hecho no haya podido superar
jamás el estado de bosquejo imperfecto, sin incluir nada definitivamente estable?
Indudablemente, muchos de los sistemas masónicos de altos grado que vieron la
luz hacia la misma época padecieron similares situaciones, e incluso algunos
no existieron jamás más que "en los papeles".
Pero si éstos representaban simplemente las concepciones particulares de un
individuo o de un grupo, no hay en ello nada de sorprendente, mientras que en
el caso de la obra de un representante autorizado de una organización iniciática
real parecería que las cosas debieran haberse desarrollado de manera totalmente
diferente.
Pero esto no es más que considerar las cosas de una manera muy superficial:
en realidad, debe tenerse en cuenta por el contrario que la "misión" de Martines
implicaba precisamente un trabajo de "adaptación" tendente a la formación de
la Orden de los Elegidos Cohen, trabajo que no habían podido desarrollar sus
"predecesores" porque, por una u otra razón, no había llegado aún el momento,
y posiblemente porque ni siquiera habrían podido encararlo, y enseguida diremos
el motivo.
Martines no pudo concluir con el trabajo, pero ello no prueba nada absolutamente
en contra de lo que se encontraba en su punto de partida.
En verdad, parecería que dos fueron las causas que confluyeron para que se diera
este jaque parcial: por un lado, es posible que una serie de circunstancias
desfavorables haya continuamente obstaculizado los propósitos de Martines, y,
por otro, también es posible que él mismo haya sido inferior a los requerimientos
que presentaba el trabajo, a pesar de los "poderes" de orden psíquico que manifiestamente
poseía y que deberían habérselos facilitado, ya sea que los tuviera de manera
totalmente natural y espontánea, como a veces sucede, ya sea, más probablemente,
que los poseyera como consecuencia de una "preparación" recibida especialmente
a tal efecto.
El mismo Willermoz reconoce que "sus inconsecuencias verbales
y sus imprudencias le valieron reproches y muchos contratiempos" (19). Al parecer,
tales imprudencias consistieron especialmente en promesas que no podía cumplir,
al menos inmediatamente, y también en aceptar a veces demasiado fácilmente individuos
que no estaban suficientemente "cualificados". Indudablemente, como muchos otros,
después de recibir la requerida "preparación", tuvo que actuar por su cuenta
y riesgo. Al menos, no parece haber cometido nunca errores tales que hicieran
que le retiraran la "misión", ya que siguió activamente su obra hasta el último
momento, y aseguró su transmisión antes de morir.
Por otra parte, estamos muy lejos de suponer que la iniciación recibida por
Martines superara un grado bastante limitado. En todo caso, no sobrepasaba el
área de los "pequeños misterios", ni pensamos tampoco que sus conocimientos,
si bien muy reales, hayan tenido verdaderamente el carácter "trascendente" que
él mismo parece haberles atribuido. Hemos expresado nuestra opinión al respecto
en otra ocasión (20), donde señalábamos como rasgos característicos el aspecto
de "magia ceremonial" de las "operaciones" rituales, y la importancia atribuida
a resultados de orden puramente "fenoménico". Sin embargo, esto no es razón
suficiente para reducir a estos últimos, ni con más razón a los "poderes" de
Martines, al rango de simples "fenómenos metapsíquicos" tal como hoy en día
se los entiende. Van Rijnberk, que parecer es de esta opinión, se ilusiona demasiado
sobre la alcance de tales fenómenos, así como sobre las teorías psicológicas
modernas, que en lo que a nosotros respecta nos es totalmente imposible compartir.
Debemos aún agregar una consideración más que es particularmente importante,
y es el hecho mismo de que siendo la Orden de los Elegidos Cohen una forma nueva,
no le permitía constituir por sí sólo y de manera independiente una iniciación
válida y regular. Por tal motivo, no podía reclutar miembros más que entre los
que ya pertenecían a una organización iniciática, a la que venía entonces a
superponerse como un conjunto de grados superiores.
Y, como ya dijimos anteriormente, tal organización, que le proveía de la base indispensable que de otro modo hubiera carecido, debía ser, inevitablemente, la Masonería. En consecuencia, una de las condiciones requeridas para la "preparación" de Martines, además de las enseñanzas recibidas de otras fuentes, era la posesión de los grados masónicos. Esta condición debió con seguridad faltar a sus "predecesores", y por ello no habrían podido hacer lo que él hizo. Efectivamente, como masón, y no de otra manera, se presentó Martines desde el comienzo, y fue "en el interior" de logias preexistentes donde, como todo fundador de un sistema de altos grados, emprendió la tarea de levantar, con más o menos éxito, los "Templos" donde algunos miembros de esas mismas logias, elegidos como los más aptos, trabajarían de acuerdo al ritual de los Elegidos Cohen.
Al menos sobre este punto no puede haber equívocos:
si Martines recibió una "misión", ella fue la de fundar un rito o un "régimen"
masónico de altos grados, donde poder introducir, revistiéndolas de forma apropiada,
las enseñanzas a las que había accedido en otra fuente iniciática.
Cuando se examina la actividad iniciática de Martines, nunca debe perderse de
vista lo que acabamos de decir, o sea, su vinculación doble a la Masonería y
a otra organización mucho más misteriosa, siendo la primera indispensable para
que pudiera desempeñar el papel que le asignaba la segunda.
Por lo demás, su
misma filiación masónica encierra algo enigmático acerca de lo cual no hay nada
preciso (lo que por otra parte no resulta excepcional en una época en que la
variedad de ritos y "regímenes" era increíblemente vasta), pero la situación
es anterior a 1754, puesto que desde esa fecha se muestra no sólo como masón,
sino también como revestido de altos grados "escoceses" (21).
Esto fue lo que le permitió emprender la constitución de sus "Templos", con
más o menos éxito en cada caso, "en el interior" de las logias de varias ciudades
del Mediodía francés, hasta el momento en que, en 1761, se estableció definitivamente
en Burdeos.
No pensamos que sea necesario recordar aquí todas las vicisitudes
conocidas por las que pasó; recordaremos solamente que la Orden de los Elegidos
Cohen estaba muy lejos entonces de haber logrado su conformación definitiva,
puesto que de hecho ni la lista de los grados, ni con más razón sus rituales,
llegaron nunca a quedar establecidos definitivamente.
El otro aspecto de la cuestión, según nuestra óptica, es el más importante.
Es esencial ante todo destacar que el mismo Martines nunca tuvo la pretensión
de ser el jefe supremo de una jerarquía iniciática. Su título de "Gran Soberano"
no es objeción válida, ya que la palabra "Soberano" aparece también en los títulos
de diversos grados y funciones masónicas, sin que en realidad esto implique
de ninguna manera que quien lo lleve esté exento de toda subordinación.
Entre los mismos Elegidos Cohen, los "Réaux-Croix" también se calificaban como "Soberanos", y Martines era "Gran Soberano" o "Soberano de los Soberanos" porque su jurisdicción se extendía sobre todos los demás. Por otra parte, la mejor prueba de lo que acabamos de decir se encuentra en este pasaje de una carta de Martines a Willermoz, fechada el 12 de septiembre de 1768: "La apertura de las circunferencias que realicé el 12 de septiembre pasado fue al solo efecto de abrir la operación de los equinoccios prescritos, para no faltar a mi obligación espiritual y temporal.
Quedan abiertos hasta los solsticios, y controlados por mí, a fin de estar preparado
a operar y rezar en favor de la salud y tranquilidad de ánimo y espíritu de
ese jefe principal que os es tan desconocido a vos como a todos vuestros hermanos Réaux-Croix, y que yo debo callar hasta que él mismo se haga conocer. No temo
ningún acontecimiento negativo, ni para mí en particular, ni para la Orden en
general, por lo mucho que la Orden perdería si tuviera que perder a un tal jefe.
No es puedo hablar sobre este tema sino alegóricamente" (22).
Luego Martines, según sus propias declaraciones, no era de ningún modo el "jefe
principal" de la Orden de los Elegidos Cohen; pero como vemos a Martines constituir
personalmente y bajo nuestros ojos a la Orden, dicho jefe no podría ser más
que el o los jefes de la organización inspiradora de la nueva formación. ¿Y
acaso el temor de Martines no sería el de que de desaparecer ese personaje se
interrumpieran prematuramente ciertas comunicaciones?
Por otra parte, es muy
evidente que la forma en que es presentado sólo puede aplicarse a un hombre
vivo, y no a una entidad más o menos fantasmagórica. Lo que decimos no es nada
superfluo, conociendo la manera en que los ocultistas han difundido tantas otras
ideas extravagantes parecidas a ésta.
Quizá podría aún decirse que se trataba solamente del jefe oculto de alguna
organización masónica (23); pero esta hipótesis se descarta por otro documento
que aporta van Rijnberk, que es un resumen hecho por el barón de Türkheim de
una carta que le enviara Willermoz el 25 de marzo de 1822, que comienza así:
"En lo referente a Pascual, éste siempre había dicho, en su calidad de Soberano
Réaux constituido como tal para su región, que comprendía toda Europa, que él
podía establecer y sostener sucesivamente doce Réaux, que habrían estado bajo
su dependencia y que él llamaba sus Émulos" (24).
De lo que se desprende que Martines debía sus "poderes", por otra parte cuidadosamente
delimitados, a una organización existente fuera de Europa, caso que no era el
de la Masonería en esa época (25), porque si hubiera estado localizada en la
misma Europa, la "delegación" conferida a Martines no hubiera podido implicar
una verdadera "soberanía".
Por el contrario, si es exacto lo que dijimos del origen sefardí de la iniciación
de Martines, tal sede podría perfectamente ubicarse en África del Norte, y en
realidad ésta es la hipótesis más verosímil. Pero, en tal caso, es claro que
no podría tratarse de una organización masónica, y que no es por ese lado donde
debe buscarse la "potencia" que había revestido a Martines como "Soberano Réaux"
para una región que coincidía con el área de influencia de la Masonería en su
conjunto, lo que justificaba, por otra parte, la fundación realizada por él,
bajo la especial forma de un "régimen" de altos grados, de la Orden de los Elegidos
Cohen (26).
No puede negarse que el fin de esta Orden sea menos oscuro que sus comienzos.
Los dos sucesores de Martines no ejercieron por mucho tiempo la función de "Gran
Soberano", pues el primero, Caignet de Lestère, murió en 1778, cuatro años después
que Martines, y el segundo, Sébastien de Las Casas, se retiró dos años después,
en 1780. ¿Qué subsistió después como organización regularmente constituida?
Parece ser que, efectivamente, no se conservó demasiado, y que en algunos "Templos"
se mantuvieron hasta un poco más allá de 1780, sin tardar en cesar toda actividad.
En cuanto a la designación de otro "Gran Soberano" tras el retiro de Sébastien
de Las Casas, no se lo menciona en ninguna parte.
Sin embargo, hay una carta
de Bacon de La Chevalerie, del 26 de enero de 1807, que habla del "silencio
absoluto de los Elegidos Cohen, que actúan siempre con la mayor reserva ejecutando
órdenes supremas del Soberano Maestro, el G.: Z.: W.: J." : . Pero ¿qué puede
deducirse de tan bizarra como enigmática expresión, y posiblemente nada más
que fabuladora? En todo caso, en la carta de 1822 recientemente citada, Willermoz
declara que de todos los Réaux que había conocido personalmente, ninguno quedaba
con vida, de manera que le resultaba imposible indicar alguno después de aquél.
Y si ya no quedaban más "Réaux-Croix", tampoco era posible ninguna transmisión
para perpetuar la Orden de los Elegidos Cohen.
Fuera de la "supervivencia directa", según expresión de van Rijnberk, éste considera
todavía la posibilidad de una "supervivencia indirecta", consistente en lo que
denomina las dos "metamorfosis willermosista y Marinísta", pero es un error
que hay que disipar. El Régimen Escocés Rectificado no es de manera alguna una
metamorfosis de los Elegidos Cohen, sino en realidad una derivación de la Estricta
Observancia, lo que es completamente diferente.
Y si es verdad que Willermoz,
por el papel preponderante que jugó en la elaboración de los rituales de sus
grados superiores, y particularmente en aquel del "Caballero Bienhechor de la
Ciudad Santa", pudo introducir algunas de las ideas que había tomado de la organización
de Martines, no lo es menos que los Elegidos Cohen, en su gran mayoría, le reprocharon
ásperamente el interés que tenía hacia otro rito, lo que a sus ojos representaba
casi una traición, así como reprochaban a Saint-Martin una cambio de actitud
de otro tipo.
Respecto del caso de Saint-Martin, nos demoraremos un poco, aunque no sea más
que por el hecho de todo lo que se pretende derivar de él en nuestra época.
La verdad es que si Saint-Martin abandonó todos los ritos masónicos que había
practicado, incluso el de los Elegidos Cohen, fue para adoptar una actitud exclusivamente
mística y, por tanto, incompatible con la perspectiva iniciática y que, en consecuencia,
no fue sin duda para fundar a su vez una nueva orden.
En efecto, el nombre de "Martinísmo", de aplicación exclusiva en el mundo profano, no se aplicaba sino a las doctrinas particulares de Saint-Martin, y de sus adherentes, ya en relación directa con él o no. Lo más significativo es que el mismo Saint-Martin llegó a denominar "Martinístas", no sin un dejo irónico, a los simples lectores de sus obras. Pese a todo, parecería que alguno de sus discípulos ha recibido individualmente cierto "depósito" de su parte, que por otro lado, a decir verdad, estaba constituido solamente por "dos letras y algunos puntos", y tal es la transmisión que se habría verificado en los comienzos del "Martinísmo" moderno. Pero, y aún si la cosa fuera real, ¿cómo una transmisión de este tipo, efectuada al margen de todo rito, puede representar una iniciación cualquiera? Las dos letras en cuestión son las iniciales S. I., las que, cualquiera sea la interpretación que se les asigne (y las interpretaciones son muchas), parecen haber ejercido una verdadera fascinación sobre algunos; pero, en el caso que nos ocupa ¿de dónde podrían provenir?
Con toda seguridad, no se trata de una reminiscencia
de los "Superiores Desconocidos" (27) de la Estricta Observancia. Además, no
es necesario ir a buscar tan lejos cuando algunos Elegidos Cohen usaban estas
iniciales en su propia firma. Van Rijnberk formula al respecto una hipótesis
muy plausible, según la cual habrían sido el signo distintivo del "Soberano
Tribunal" encargado de la administración de la Orden (y del cual formaban parte
el mismo Saint-Martin y también Willermoz), por lo que no habría significado
un grado sino una función.
Sin embargo, en estas condiciones, podría parecer extraño que Saint-Martin haya
elegido tales iniciales en vez de, por ejemplo, R. C., a menos que no hubieran
contenido por sí algún significado simbólico propio, de donde en definitiva
derivarían sus diferentes usos. Como quiera que sea, es un hecho curioso, que
demuestra que efectivamente Saint-Martin les atribuía una cierta importancia,
y es que en su Crocodile formó con esas iniciales la denominación de una imaginaria
"Sociedad de los Independientes", que por otra parte no es verdaderamente una
sociedad ni tampoco una organización cualquiera, sino una especia de comunidad
mística presidida por Madame Jof, es decir, por la Fe personificada (28).
Otra cosa muy extraña es que hacia el final de la historia, un judío, Eleazar,
fuera admitido en esta "Sociedad de los Independientes". Sin duda puede verse
allí una alusión, no a algo que se refiera personalmente a Martines, sino más
bien al pasaje de Saint-Martin de la doctrina de los Elegidos Cohen a ese misticismo
en el que habría de encerrarse durante la última parte de su vida. Comunicando
a sus discípulos más cercanos las iniciales de S. I. como una especie de signo
de reconocimiento, ¿no querría decir de alguna manera que ellos podían considerarse
miembros de lo que él hubiera querido representar como la "Sociedad de los Independientes?"
Estas últimas observaciones harán comprender seguramente por qué estamos muy
lejos de compartir las opiniones demasiado "optimistas" de van Rijnberk cuando,
preguntándose si la Orden de los Elegidos Cohen "pertenece completa y exclusivamente
al pasado" se inclina por la negativa, aún reconociendo la ausencia de toda
filiación directa, que es lo único que debe considerarse en el dominio iniciático.
El Régimen Escocés Rectificado sigue de todas maneras existiendo a pesar de
lo que estamos diciendo. Y en cuanto al "Martinísmo" moderno, podemos asegurar
que tiene muy poco que ver con Saint-Martin, y absolutamente nada con Martines
y los Elegidos Cohen.
NOTAS:
- Ver Cap. VI.
- "Un thaumaturge au XVII siècle: Martines de Pasqually, sa vie, son oeuvre, son Ordre, (Félix Alcan, Paris)
- Señalemos de paso un pequeño error: van Rijnberk, al hablar de sus predecesores, atribuye a René Philipon los apuntes históricos firmados "Un Caballero de la Rosa Floreciente" incluidos como prefacio en las ediciones de Enseignements secrets de Martines de Pasqually de Franz von Baader, publicado en la "Biblioteca Rosacruz".Asombrados por tal afirmación, sometimos al propio Philipon el asunto, y nos contestó que únicamente había traducido el opúsculo de von Baader, y que, como pensábamos, las dos notas pertenecen a Albéric Thomas.
- Martines de Pasqually, Pág.. 10-11
- "Le mariage de Martines de Pasqually" (le Voile d'Isis, enero 1930)
- Se notará que aquí se escribe Delyoron cuando en el certificado de bautismo figura Delivon (o podría ser Delivron). Este nombre, intercalado entre dos nombres propios no parece ser un verdadero apellido. Por otra parte, apenas vale recordar que la separación de las partículas (que no constituían obligatoriamente una señal de nobleza) era en tal época absolutamente discrecional.
- También es verdad que en Sto. Domingo había parientes de su mujer, de manera que podría ser que la herencia proviniera de esa partida. Sin embargo la carta publicada por Papus, sin llegar a ser totalmente clara, está mas bien a favor de la hipótesis, ya que de ninguna manera resulta que sus dos cuñados, residentes en Sto. Domingo, tuvieran algún interés por la "donación" que les habría sido hecha.
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