El Templo Exterior
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Después de la edificación del Templo Interior, examinemos la edificación
del Templo Exterior que es la Acción del MASÓN en El Mundo. Según la tradición
iniciática, el mundo es a la vez antítesis y reflejo material de la divinidad:
en primer lugar es el reflejo directo en el mundo espiritual ó noumenal,
y en segundo lugar el reflejo secundario en el plano de los fenómenos. Toda
La Creación Lleva El Sello Divino, la Rúbrica Divina. La edificación del
templo exterior comporta un carácter escatológico, es decir, de los fines
últimos del hombre. Viviendo Todo En La Ciudad Presente Aspira A La Ciudad
Futura, que resultará en la transformación de mundo. El hombre es instrumento,
de ésta. De toda la creación, no hay quién sea apto para plantear la pregunta
del origen del mundo y de su fin último, pues hemos visto, es el Intermediario
y el Eslabón entre el mundo sensible y el mundo espiritual. En esto es superior
a los Ángeles, pues realiza la unidad de la triada formada por el cuerpo,
el alma y espíritu.
El hombre es el intermediario y el realizador de los dirigentes del G.·.A.·.D.·.U.·.,
pues es a la vez la imagen de DIOS y la del Mundo Sensible al cual pertenece.
Es tal por esencia, pero no es tal en realidad; como lo hemos visto, la
edificación del Templo Interior tiene por objeto devolverlas a su naturaleza
integral, a fin de que tenga conciencia del Principio que lleva en si mismo,
que está más allá de la materia y de la duración, y que se traduce, por
la atracción que sobre él ejerce todo lo que es eterno e infinito. Los instintos
y las necesidades determinan y limitan las percepciones de los animales,
aunque los más evolucionados de entre ellos sean capaces de emociones refinadas,
tales como la unión desinteresada, el amor y respeto a su amo. No es concebible,
sin embargo, que un animal se pregunte de donde viene y cual es su fin último.
El materialismo histórico reduce al hombre a su naturaleza bien lógica desde
que oye explicar la historia considerando sobre todo Las Causas Económicas
y la Lucha Por La Vida, solo el YO ORGÁNICO, superficial y egoísta, en función
de las condiciones materiales de la existencia. El hombre no sufre solo
de HAMBRE FÍSICO, sino también de HAMBRE ESPIRITUAL que ha sido siempre
el carácter distintivo de los pueblos.
El trabajo de este Templo Exterior del G.·.A.·.D.·.U.·., que es la manifestación
de la masonería en el Mundo, debe proseguirse al mismo tiempo que el trabajo
interior de cada uno; pero es evidente que solo puede emprenderlo con provecho
aquel que ha adquirido ya una cierta experiencia iniciática y que alcance
una cierta disposición espiritual, permitiéndole mirar el mundo con otros
ojos que aquellos del profano. Es indispensable, algo más, un cierto misticismo;
su ausencia hace imposible la percepción integral del mundo exterior.
El hombre, solamente es el ser de toda la creación, capaz de utilizar sus
sentidos para comprender el Lenguaje Inconsciente de las cosas que lo rodean.
Se puede decir que la creación se reconoce por medio de la inteligencia,
del pensamiento, del lenguaje del hombre; y aunque el lenguaje, articulado
descubre el pensamiento que tiene que traducir, esto demuestra únicamente
la importancia a expresar la naturaleza y la esencia de las cosas.
EL HOMBRE ES EL CENTRO DE LA NATURALEZA ó MICROCOSMO
Es a través de la inteligencia humana que el mundo, creado se exterioriza
y reconoce. Es lo que le hace apto para comprender y conocer el macrocosmos.
La significación propia de la esencia misma de cada cosa no se realiza sino
en el momento en que ésta última es percibida, reconocida y denominada por
el hombre. En el origen este fue el rol de Adán, hombre integral; él fue
encargado de dar nombre a los animales. Denominar no es colgar una simple
etiqueta. La criatura se ha realizado, es decir que su sustancia está constituida,
según la ley predeterminada de la analogía con el prototipo divino ó pensamiento
creador de DIOS, que Platón llama IDEA, que Plotino llama el LOGOS de las
cosas, y que es la realidad suprema y original predestinante del aspecto
fenomenal del mundo. La Criatura es la Rúbrica del Creador sobre el plano
material; el hombre es el único capaz de leer el libro abierto y de responder
al llamado de la Creación; pero hay que precisar todavía, solo es apto para
esto el hombre cuando la Iniciación lo ha aproximado a su naturaleza original.
Así se realiza de nuevo, por edificación del Templo Exterior al G.·.A.·.D.·.U.·.,
el rol cósmico de Adán interrumpido en el hombre profano por la dislocación
de la Triada, que la Iniciación tiene por objeto reconstruir.
El mundo entero espera con ansiedad esta transfiguración del hombre. Recordemos
las palabra de San Pablo" Porque el anhelo ardiente de la creación es el
aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada
a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en
esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud
de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos
que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta
ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las
primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos,
esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo "Romanos. 8,19, 23".
Y recordemos el consejo de Zosismo: Amad la creación de Dios tan enteramente
como cada objeto y cada gramo de arena; aprended a percibir el secreto de
Dios en las cosas. Sembrad la tierra y amarla sin reposo ni saciedad. Amad
todo y buscad este éxtasis y este delirio. Este éxtasis es solo accesible
a los grandes iniciados, como San Francisco de Asís, San Juan de la Cruz
y otros. Sin duda, si el objeto supremo de la Iniciación consiste en la
transformación del cosmos, el primer objetivo del iniciado debe ser el Mundo
Social es decir la HUMANIDAD misma. Esta transformación debe comenzar por
poner ésta misma en armonía con el PRINCIPIO SUPREMO, el G.·.A.·.D.·.U.·.;
pero esta reforma espiritual de la sociedad humana es irrealizable sin haber
obtenido, previamente, una transfiguración interior, individual y sobre
todo, voluntaria de cada ser humano. Esta debe traducirse por un desarrollo
espiritual y por una restauración de la naturaleza original de la Triada.
Nuestra tarea es defender esta libertad, aún contra una aparente mejoría
de la existencia del HOMBRE, mejoría impuesta por la fuerza.
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