Portal En Honor A La Orden Martinista Del Perú
La Vía Cardíaca
Colegio de Lima
Grupo Lucien Chamuel Nº 37
Círculo “Acanto” Nº 19
Nota:
El contenido de este Portal es independiente de cualquier Orden
Martinista.
Este Portal es en recuerdo del S
I
I
Carlos E. Cornejo López,
¿Qué es la Iniciación?
“¿Qué hora es?”, dijo el Prior.
“La del alba”, contestó El Guardián.
“La hora en que se rasgó el velo del templo y las tinieblas se derramaron
por la consternada tierra y se eclipsó la luz y se rompieron los
útiles del constructor y se ocultó la flamígera estrella y se hizo
pedazos la piedra cúbica y se perdió la Palabra”.
Esa Palabra perdida ha sido desde el remoto origen de los tiempos
la ambición de aquellos que querían hollar el secreto de los secretos.
Algunos pensaron encontrarla en el templo de Delfos, donde rezaba
ese “Noscete Ipsum”; otros, los hijos espirituales de los
Argonautas que conocían la ruta del jardín de las Hespérides, escribían
en las piedras sus mensajes herméticos, signos incompresibles para
aquellos que no habían sido iniciados en los misterios más profundos
y cuyo descubrimiento y sabedora interpretación dotaba de la conciencia
suficiente para desvelar las leyes de la energía, de la materia
y del espíritu.
Dicen que el origen histórico de todos esos viajes en búsqueda de
la Palabra perdida es posible reencontrarlo en la herencia que la
tradición ha sabido guardar durante todas las centurias.
La iniciación sería el paso previo a ese descubrimiento y solo el
que se haya ante ese único y estrecho portal y posea el valor suficiente
para atravesarlo, podrá emprender el camino hacia el encuentro,
hacia el despertar, hacia el infinito.
Es difícil tratar del origen histórico según las especulaciones
esotéricas que cada escuela tiene sobre la transmisión de las influencias
espirituales que toman como soporte los rituales y la sucesión iniciática.
Cada uno deberá construir en sí mismo esa historia.
El eterno retorno hacia el “hombre primordial”, condición
que se perdió tras la degradación que se conoce en el lenguaje tradicional
como la “caída”, será la búsqueda que el neófito encontrará
ante el proceso de la iniciación, largo proceso para acercarnos
a ese estado tras sucesivas y distintas etapas.
Existen muchas interpretaciones sobre el significado y empleo de
la palabra iniciación. El origen etimológico viene del latín initiare,
que tiene la misma procedencia de initium, inicio o comienzo, viniendo
las dos de in-tere, ir dentro o ingresar. En las sociedades tribales,
según nos explica la antropología, señala el paso de la infancia
a la edad adulta, con lo que el individuo gana la plenitud de sus
derechos.
En sociedades más estratificadas, el rito se vuelve complejo y designa
nuevos valores, nuevas intenciones, nuevos propósitos que deberá
alcanzar mediante ritos de mortificación, pruebas de acreditación,
en algunas sociedades practicando la circuncisión, tatuajes, ayunos
e instrucciones morales y religiosas que motivarán un cambio radical
de su presente situación. Es en las sociedades desarrolladas donde
el fundamento iniciático representa un significado más profundo
y complejo.
El iniciado ya no es el que pasa de una edad infantil a una vida
sexual plena, sino que es instruido en unas ceremonias y en unos
misterios herméticos y resguardados que hasta ahora habían resultado
inaccesibles. La iniciación toma un sentido esotérico, misterioso
que inculca curiosidad en los ávidos de conocimiento.
Un proceso que invita a la reflexión, al análisis y la investigación
no solo externa, sino también interna.
Dicen que en el antiguo Egipto, los iniciados en los misterios,
los hijos espirituales de Hermes Trismegistus - el tres veces
grande, el maestro de maestros-, viajaron por todo el mundo
transmitiendo esos conocimientos. Pasaron por la India, por los
confines de Asia y Europa hasta llegar a todos los rincones donde
el conocimiento pudiera ser resguardado en el secreto.
Es gracias a la influencia greco-oriental que recibieron estos conocimientos,
cuando se empieza a hablar de sociedades secretas, de misterios
y ritos que durante épocas y con diferente signo y forma han llegado
desde diversas fuentes hasta nosotros.
Antes de penetrar en las disciplinas que engloban la iniciación
y ser heredero de esos antiguos vigías del conocimiento, el neófito
está expuesto a una serie de pruebas o interrogatorios para comprobar
con todo tipo de rigor que se halla preparado para ello.
Los esoteristas hablan de aquella persona que tras pasar el sendero
de probación, empieza a ser introducida por los Maestros de la Sabiduría
en el conocimiento oculto que existe tras el velo de Isis, tras
el mundo de las apariencias, como nos indica Platón en su famosa
alegoría de la caverna.
Para ello es preparado con sumo rigor, dando las herramientas necesarias
para poder interpretar mejor los símbolos. Una vez iniciado, debe
entrar poco a poco en el mundo de los significados mediante el estudio
y la meditación, y con el tiempo, transformar ese conocimiento y
esa sabiduría en servicio a la comunidad en la que se desarrolla
como alma iniciada.
Morir para nacer.
A la hora de definir la iniciación, existe una constante que persigue
a todas las tradiciones, y ésta es el empleo simbólico de la palabra
muerte. Iniciarse es nacer a otra realidad, y para poder hacerlo,
primero es requisito indispensable morir en otra.
El aspirante que quiera entrar en los Misterios, debe primero saber
y poder morir para así, como un hombre nuevo, nacer a la nueva conciencia;
es lo que llaman el Segundo Nacimiento.
El rito de iniciación es un rito de muerte, igual que el que se
práctica en algunas tribus para pasar de la vida infantil a la vida
adulta: muere el niño, nace el hombre, con sus plenos derechos morales,
de familia, de casamiento. A menudo juega un papel importante esta
experiencia de la muerte simbólica -algunas organizaciones la
representan incluso con tumbas, ataúdes u objetos que nos recuerden
a la muerte que se preparan exclusivamente para ello- y la consiguiente
resurrección en grados más avanzados.
Alice Bailey habla en sus libros de la resurrección como iniciación
propiamente dicha; también las escuelas místicas cristianas, tales
como los rosacruces hablan del símbolo de la cruz y la consiguiente
resurrección de Cristo como un acto de iniciación superior. Max
Heindel hacía hincapié en ese glorioso momento.
Algunas de estas representaciones simbólicas hacían referencia a
la vuelta al útero materno y su correspondiente renacimiento.
Muchas pruebas y símbolos tienen que ver con ese nuevo renacer.
Recordemos las pruebas del laberinto a las que se hacen referencia.
- ¿Qué encontramos en el centro del laberinto?
El que ha sido admitido en esta ceremonia de muerte
y resurrección, es partícipe de un conocimiento que compartirá con
un grupo limitado y para algunos, privilegiado. Será el nacimiento
a una nueva fase o periodo vital, un fenómeno de transformación
en el cual habrá una destrucción del antiguo rol y un retiro en
el que, de forma anónima y voluntaria, se examinarán el sentido
de la iniciación y las responsabilidades con ella adquiridas.
El principio de entrar a un nuevo estadio social o de conciencia,
a una nueva realidad, es lo que determina la función dentro del
contexto, que siempre es precedida por un verdadero deseo de conocimiento,
de transformación y evolución interior. Muchas órdenes que practican
la iniciación como referente, condición y principio esencial para
pertenecer a ella, hablan de iniciación como ceremonia a través
de la cual el candidato recibe la Luz y presta juramento de secreto
y obediencia a esta institución de forma activa y natural.
Una vez recibida la Luz, el neófito pasa de pleno derecho y para
siempre a pertenecer no solo a la Orden que le ha impreso el ritual
en sus carnes, sino a esa gran familia de Iniciados extendida por
la faz de la Tierra. En ese proceso irrevocable, la condición de
iniciado le acompañará hasta el día de su muerte.
Dentro de estos rituales, debemos tener en cuenta la connotación
simbólica de todo el proceso. Un nuevo iniciado no recibe toda la
luz de una sola vez, como una revelación divina que le llevará a
un alto grado de conciencia. El método es mucho más complejo. La
iniciación en escuelas de misterios u órdenes iniciáticas supone
una aproximación al Misterio que deberá ir revelándose gracias al
esfuerzo y el trabajo constante.
La iniciación revela un gran proceso, un gran tránsito y un propósito
que deberá seguirse con paciencia y rigor. Los símbolos, las alegorías,
los pases, las contraseñas, el contacto con otros iniciados, con
otro entender, con otra forma de ver y experimentar la vida, ya
es de por sí una revelación consumada. Recibir la iniciación es
un proceso que ha servido para perpetuar en el tiempo las grandes
verdades ocultas.
Al recibir la iniciación, el neófito, con su esfuerzo y dedicación
estará preparado algún día para ser dador e instrumento de esa empresa.
La iniciación consigue perpetuar en el espacio y en el tiempo aquello
para lo que ha sido formulada. Si un eslabón muere, otros lo sustituirán.
Morirá el instrumento, pero no la tradición. En palabras de Aldo
Lavagnini, "podemos considerar estas fraternidades y movimientos
como el alma multiforme del Espíritu Uno de la Tradición Universal,
que ha venido directamente y sin interrupción hasta nosotros de
los antiguos Misterios".
Por lo tanto, un iniciado es el heredero directo de toda la tradición
desde los tiempos remotos, desde el origen de toda civilización.
Aún así, muchas escuelas afirman que la iniciación simbólica solo
explica un episodio que realmente se realiza en planos más sutiles.
Cuando un neófito deja el mundo profano para entrar de lleno a un
nuevo estadio o lugar sagrado, sus actos no tienen por qué reflejar
su verdadero grado interior.
La iniciación simbólica puede ir acompañada de una verdadera iniciación
espiritual, entrando de lleno en lo que algunos llaman el Sendero
y la Jerarquía oculta del planeta.
Existen ordenes como la masonería que en según qué ritos llegan
a tener una infinitud de grados para designar la perfección o perfectibilidad
de un hombre. En la época de la Ilustración, era común racionalizar
todos los ámbitos humanos, buscando siempre un orden existente.
La unidad psíquica de la humanidad, el progreso y la perfectibilidad
no solo podían explicarse mediante secuencias evolutivas como las
de Darwin para la biología, sino también culturales y espirituales.
Antropólogos como Morgan o Tylor desarrollaron sus propias teorías
evolucionistas, siendo Tylor el padre de las teorías animistas,
las cuales desarrollaban el concepto religión desde las fases más
primitivas a la más desarrolladas, pasando por el politeísmo, el
monoteísmo y acabando en la ciencia como culminación de ese hecho
religioso.
Esas secuencias que empezaban desde lo más simple a lo más complejo,
vieron su reflejo en las órdenes de índole iniciática. En ritos
masónicos como el escocés existen hasta 33 grados, y en algunos
egipcios más de 90 grados iniciáticos.
Los Iluminatis solían utilizar una docena de grados y los rosacruces
infinitud de ellos., así como los martinistas, los templarios, los
teosóficos, etc.
Algunas escuelas añaden la fórmula de auto iniciación, un proceso
por el cual el neófito, mediante sus esfuerzos, es capaz de llegar
a ciertos grados de aspiración espiritual. Estas doctrinas están
en gran medida influenciadas por las enseñanzas de Aleister Crowley,
quién nos indicaba que el grado iniciático no podía ser conferido
sino que únicamente era adquirido por el trabajo y la disciplina
iniciática.
En contra de estas afirmaciones, teníamos los postulados de Réne
Guénon, donde en su obra “Apreciaciones sobre la Iniciación”
nos habla de la imposibilidad de la auto iniciación o la iniciación
por correspondencia, como muchas escuelas practican hoy día. Para
entender ambas posturas, deberíamos llenar de significado y añadido
todo lo que la palabra iniciación entraña.
- Iniciación simbólica e iniciación real.
Se suele hablar de dos tipos de iniciación: la
tradicional o simbólica, la cual se consigue en la estructura de
una orden iniciática o un grupo que a su vez ha recibido la tradición,
es decir, estamos aquí hablando de una iniciación humana y referenciada
dentro de un marco reducido, de disciplina y estudio constante que
intenta estimular por el rito o el trabajo iniciático continuo la
que sería la segunda tipología de iniciación: la iniciación espiritual,
mística o solar según quién la nombre, en la cual intervienen las
fuerzas y las leyes cósmicas, siendo la estructura desarrollada
desde la conciencia subjetiva de cada sujeto en el esfuerzo de su
vida diaria.
Existirían pues, muchos iniciados que realizan su trabajo en el
silencio de la vida diaria sin ser conscientes de su condición o
grado o sin presumir de ella. La primera no es condición de la segunda,
pero pueden ir perfectamente a la par.
Dentro de la estructura de la iniciación simbólica, existen, de
cara a lo exterior o externo, a lo exotérico, unos preliminares
casi indiscutibles.
Para poder ser iniciados necesitamos de una institución o medio
que permita esta iniciación, de un maestro o figura que previamente
haya sido receptor de esa tradición y así mismo, de un ritual que
llene de significado el simbólico momento.
Esta estructura suele estar organizada y pensada para que no muera
en el tiempo, sino, para que se perpetúe de forma infinita y pueda
ser el principal nexo de transmisión, la forma por la cual se mantenga
sin interrupción la continuidad de la llamada “cadena iniciática“.
Sin embargo, la ceremonia en sí,
- ¿Es un puro trámite, una fórmula arbitraria o existe en ella un significado y una importancia que escapan a la observación superficial
Así lo expresa Aldo Lavagnini y responde diciendo
que cada receptor de la iniciación tiene el privilegio de contestar
individualmente en proporción a su entendimiento y la iniciación
será para él lo que él mismo la reconozca y realice.
Si es cierto lo que nos dicen, tras el velo de la iniciación simbólica,
existe una iniciación real, una iniciación espiritual que nos abre
la puerta hacia una realidad aún superior a la ya conocida o recibida
mediante el rito:
Una Realidad profunda que constantemente se oculta bajo la apariencia
exterior de las cosas, un eco de la Palabra Perdida que aún
se transmite y perdura.
Libro de Visitas
Vea Mi Guestbook
Firme Mi Guestbook


