Portal En Honor A La Orden Martinista Del Perú
La Vía Cardíaca
Colegio de Lima
Grupo Lucien Chamuel Nº 37
Círculo “Acanto” Nº 19
Nota:
El contenido de este Portal es independiente de cualquier Orden
Martinista.
Este Portal es en recuerdo del S
I
I
Carlos E. Cornejo López,
Discurso Iniciático para la Recepción en
Tercer Grado Martinista
Stanislao de Guaita
Reproducción in extenso del texto publicado en la edición de 1890
de "Au Seuil du Mystére"
Habéis sido revestido sucesivamente con los tres
grados jerárquicos de nuestra Orden.
Os saludamos S I (superior incógnito) Cuando hayáis trascrito y
meditado nuestros Cuadernos, a vuestro turno llegaréis a ser Iniciador.
Será confiada a vuestras manos fieles una importante misión: os
incumbirá la obligación, pero también el honor de formar un grupo
del cual serás, ante vuestra consciencia y ante la humanidad divina,
el padre espiritual y en ciertas ocasiones, el tutor moral. No se
trata aquí de imponerse convicciones dogmáticas. Ya sea que os consideréis
materialista, espiritualista o idealista; que hagáis profesión de
cristianismo o de budismo; que os proclaméis libre pensador o que
seáis un escéptico total. Ello poco nos importa y no constreñiremos
vuestro corazón, planteando a vuestro espíritu problemas que sólo
debéis resolver frente a frente con vuestra consciencia y en el
silencio solemne de vuestras pasiones apaciguadas.
Suponiéndoos abrazado por un verdadero amor por vuestros hermanos
humanos, no busquéis jamás cortar los lazos de la solidaridad que
os ligan estrechamente al reino hominal considerado en su síntesis.
Pertenecéis a una religión suprema y verdaderamente Universal, puesto
que es ella la que se manifiesta y se impone multiforme, es cierto,
pero esencialmente idéntica a sí misma bajo los velos de todos los
cultos esotéricos, tanto de Occidente como de Oriente.
Psicólogo, dad a este sentimiento el nombre que deseéis: amor, solidaridad,
altruismo, fraternidad, caridad... Economista o filósofo, llamadle
socialismo o si queréis colectivismo, comunismo... ¡Las palabras
no son nada! El místico le honra con los nombres de "Madre Divina"
o "Espíritu Santo".
Pero, seas lo que fuereis, no olvidéis jamás que en todas las religiones
realmente verdaderas y profundas, es decir, fundamentadas en el
esoterismo, la expresión de este sentimiento constituye la enseñanza
primera, capital, esencial de este esoterismo mismo. La búsqueda
sincera y desinteresada de lo verdadero, ¡he aquí lo que vuestro
espíritu se debe a sí mismo!. Fraternal mansedumbre a la vista de
los otros hombres, es lo que vuestro corazón debe al prójimo. Con
excepción de estos dos deberes, nuestra Orden no pretende prescribiros
otros, a lo menos de manera imperativa. Ningún dogma filosófico
o religioso es impuesto a vuestra fe.
En cuanto a la doctrina, con respecto a la cual os hemos resumido
los principios esenciales, os rogamos solamente que meditéis en
ella. Es únicamente por medio de la persuasión que la verdad tradicional
desea conquistaros a su causa. Hemos abierto frente a vuestros ojos
los sellos del libro; pero es a vos a quien corresponde asimilar,
primero la letra, y después penetrar en el espíritu de los misterios
que este libro encierra. Os hemos endilgado. El rol de vuestros
Iniciadores debe limitarse a esto. Si llegáis por vos mismo a la
inteligencia de los arcanos, mereceréis el título de Adepto; pero
tened muy presente lo que sigue: sería en vano que los magos mas
sabios de la tierra quisieran revelaros las fórmulas supremas de
la ciencia y del poder mágico; la verdad oculta no puede ser transmitida
en un discurso; Cada uno debe evocarla, crearla y desarrollarla
en sí mismo.
Sois un Iniciado:
Aquel que otros han puesto sobre la vía; esforzaos por llegar a
ser un Adepto: aquel que ha conquistado la ciencia por sus propios
esfuerzos, en otras palabras, el hijo de sus obras. Nuestra Orden,
ya os lo he dicho, limita sus pretensiones a la esperanza de sembrar
en un buen terreno, sembrando por todas partes la buena semilla.
Las enseñanzas de los S I son elementales, pero precisas.
Ya sea que este programa particular satisfaga vuestra ambición,
ya sea que vuestro destino os conduzca un día hasta el umbral del
Templo misterioso, desde donde irradia, a través de los siglos,
el luminoso tesoro del esoterismo occidental, escuchad las últimas
palabras de vuestros Hermanos Incógnitos; ojala germinen en vuestro
espíritu y fructifiquen en vuestra alma. Os insisto que podéis encontrar
allí en el criterio infalible del ocultismo y que la clave de la
bóveda de la síntesis esotérica está allí, no en otro lugar. Pero,
¿para que insistir si podéis comprender y creer?
En caso contrario, ¿de que servirá insistir?
Sois libre de considerar lo que me resta por deciros, como una alegoría
mística o como una fábula literaria sin importancia, o bien hasta
como una audaz impostura. Sois libre de así hacerlo, pero escuchad;¡sembremos
donde puede germinar la semilla! ¡Vamos, sembrad!
En el principio, en la raíz del ser, está lo absoluto.
Lo absoluto, que las religiones denominan Dios, no puede ser concebido
y quien pretenda definirlo, desnaturaliza dicha noción al limitarla.
Un Dios definido es un Dios finito (Eliphas Levi).
Pero de este absoluto insondable emana eternamente la díada andrógina,
formada de dos principios indisolublemente unidos:
El espíritu vivificador y el Alma Universal.
El misterio de esta unión constituye el Gran Arcano del Verbo.
El Verbo es el hombre colectivo, considerado en su síntesis divina,
antes de su desintegración.
Es el Adán Celeste antes de su Caída; antes que este ser universal
se moralizará, pasando de la Unidad a la Diversidad; de lo absoluto
a lo relativo; de lo colectivo a lo individual; de lo infinito al
espacio; y de la eternidad al tiempo.
He aquí algunas nociones de la enseñanza tradicional acerca de la
Caída Adánica.
Incitados por un móvil interior, cuya naturaleza esencial debemos
callar en esta oportunidad, móvil que Moisés llama "Nahash" y que
podemos definir, si queréis, como la sed egoísta de existencia individualizada,
un gran número de verbos fragmentarios, consciencias potenciales
vagamente animadas a la manera de una emanación en el seno del verbo
absoluto, se separaron de ese verbo que les contenía.
Se apartaron ínfimos submúltiplos de la Unidad Madre que les había
engendrado. Simples rayos de este sol oculto, hirieron al infinito
en las tinieblas de su naciente individualidad, pues deseaban independizarse
de todo principio anterior, en una palabra: deseaban autonomía.
Pero, así como el rayo luminoso no tiene sino una existencia relativa,
en relación con la fuente que lo ha producido, estos verbos, igualmente
relativos, desprovistos de principio auto divino y de luz propia,
se fueron obscureciendo a medida que se alejaban del verbo absoluto.
Cayeron en la materia, embuste de la sustancia en delirio de objetividad,
en la materia que es al no-ser lo que el espíritu es al ser.
Descendieron hasta la existencia elementaria; hasta la animalidad,
hasta el vegetal, hasta la existencia mineral. Descendieron hasta
las potencialidades de estas cosas, sobre el plano astral, bien
entendido, y que es el plano normal de la involución, mientras que
el plano físico es el plano normal de la evolución. En virtud de
este movimiento ascendente y repercusivo, que se denomina evolución,
los seres aparecen gradual y progresivamente sobre el escenario
del mundo material, partiendo de los más elementarios.
Así nació la materia, que fue asimismo una elaboración del espíritu
y el Universo concreto tomó una vía ascendente, que va remontándose
desde la piedra, apta para la cristalización, hasta llegar al hombre,
capaz de pensar, de orar, de sentir lo inteligible y de consagrarse
a sus semejantes. Esta repercusión sensible al espíritu cautivo,
sublimando las formas progresivas de la materia y de la vida, para
tratar de salir de su prisión, ha sido constatada por la ciencia
contemporánea, la que la estudia bajo el nombre de evolución.
Pero, antes de ascender, el espíritu descendió; es lo que nosotros
llamamos involución.
Pero, ¿cómo o submúltiplo verbal se detuvo en un punto determinado
de su caída? ¿Qué fuerza le ha permitido volver en su camino, desandando
lo andado?
¿Cómo la consciencia obscurecida de su divinidad colectiva se ha
despertado finalmente en él, bajo la forma aún bien imperfecta de
la sociabilidad?...
Son tantos los profundos misterios relacionados con este asunto,
que no los podemos abordar en esta oportunidad; sin embargo, los
podréis comprender si la Providencia os ayuda.
Pero, aquí me detengo.
Os hemos conducido ya bastante sobre el sendero; habéis quedado
premunido de una especie de brújula oculta que os permitirá, si
no a extraviaros jamás, a lo menos encontrar el camino correcto.
Algunos de estos datos sobre la GRAN OBRA del destino humano, son
precisos. A vos os corresponde deducir el resto y obtener la solución
del problema. Pero, comprended bien querido hermano.
Por tercera y última vez os conjuro.
Comprended bien que el altruismo es la única vía que conduce hacia
la meta única, hacia la meta final. Me refiero a la reintegración
de lo múltiple en la unidad divina; es la única doctrina que proporciona
el medio para lograrlo, mediante la liberación de las trabas materiales,
para ascender a través de las jerarquías superiores, hasta llegar
al astro central de la regeneración y de la paz. No olvidéis jamás
que el Adán Universal es un todo homogéneo, un ser viviente, del
cual somos los átomos y las células orgánicas que lo constituyen.
Vivimos todos los unos en los otros, los unos por los otros; y si
no fuéramos individualmente salvados (para hablar en el lenguaje
cristiano), por cierto que no cesaríamos de sufrir y de luchar hasta
que todos nuestros hermanos fueran salvados como nosotros. Hasta
el egoísmo inteligente llega a la misma conclusión que la ciencia
tradicional: la fraternidad universal no es un embuste; es una realidad,
es un hecho real.
Quien trabaja para los demás, trabaja para sí mismo.
Quien mata o hiere al prójimo, se mata o hiere a sí mismo, el que
lo ultraja se insulta a sí mismo.
Que no os amedrenten estos términos místicos: somos los matemáticos
de la ontología, los algebristas de la metafísica.
Recordad, hijo de la tierra, que vuestra gran ambición debe ser
reconquistar el Edén Zodiacal, de donde jamás debíais haber descendido,
y entrar finalmente en la inefable unidad, fuera de la cual nada
sois y en cuyo refugio encontraréis, después de tantos trabajos
y tormentos, esa paz celeste, ese sueño consciente que los hindúes
conocen bajo el nombre de NIRVANA:
La Beatitud Suprema De La Omnisciencia En Dios.
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