Portal En Honor A La Orden Martinista Del Perú
La Vía Cardíaca
Colegio de Lima
Grupo Lucien Chamuel Nº 37
Círculo “Acanto” Nº 19
Nota:
El contenido de este Portal es independiente de cualquier Orden
Martinista.
Este Portal es en recuerdo del S
I
I
Carlos E. Cornejo López,
El Solsticio de Invierno
En invierno es época de siembra. Allí procuraremos,
como el sembrador, elegir los mejores granos. Análogamente es época
de pensar en nuestros objetivos para el nuevo ciclo, conforme a
la experiencia adquirida. El sol se ha alejado del hemisferio y
la tierra se prepara para trabajar interiormente. Los frutos de
la cosecha anterior ya han sido recogidos. Es el momento para seleccionar
los mejores frutos, obtener sus semillas y volver a sembrar. Hay
frutos que se pasmaron, se pudrieron o no se desarrollaron bien.
Estos se eliminan y se guardan los mejores.
Análogamente, hay un momento para evaluar los objetivos logrados.
De todo lo que te has propuesto, seguramente habrá metas que no
se han conseguido todavía. Esto no es un fracaso si aprendes de
la experiencia. Es decir, si investigas cuales son las causas que
han impedido hasta ahora su logro. Una vez determinados los obstáculos
que lo han impedido, elabora un plan para superarlos y acercarte,
de esta manera, a un éxito final. Los obstáculos pueden ser de diversa
índole.
La mayoría seguramente están en ti mismo. No culpes a nadie de lo
que te sucede. No culpes a los demás si no has logrado todavía determinadas
metas. Tal vez no sea tiempo todavía, quizás tengas que desarrollar
otros objetivos antes, tal vez tengas que vencer tus temores, o
emplear más energía y voluntad para conseguirlos. A veces las metas
son poco realistas y en ese caso deberás replantearlas para avanzar
por etapas: una escalera se sube peldaño a peldaño. Un período de
amor y solidaridad Nosotros, seres humanos, hemos vivido cientos
de miles de años en estrecho contacto con la naturaleza, siendo
parte de ella misma.
Solamente estos últimos siglos hemos construido ciudades y nos hemos
alejado de ella. Pero todo nuestro ser sigue respondiendo a esos
ciclos, llevamos ese programa en nuestros genes. Imagina una tribu
viviendo en cuevas o chozas en pleno invierno. Para sobrevivir han
debido guardar los granos de los alimentos que cosecharon para alimentarse
con ellos en invierno, cuando escasean los vegetales para comer.
También protegen sus animales para tener disponible, especialmente,
leche.
De acuerdo a la dedicación y esfuerzo, es seguro que algunas familias
logran mejores cosechas que otras. Pero si quienes tienen para comer
en el invierno se guardan lo que tienen e incluso lo que no alcanzarán
a comer y no comparten con quienes no tienen lo suficiente, el resultado
sería la muerte de algunos miembros de la tribu. Y esto, lógicamente,
perjudica a la totalidad, pues los debilita. De modo que, por razones
de supervivencia, toda la tribu comparte lo que tienen para pasar
la época más difícil. El sol, como hemos dicho, se ha alejado. Hay
más frío y más escasez de todo. El sol es la fuente de vida y de
calor.
Sin embargo, el ser humano observa fácilmente que el sol retornará
y la naturaleza volverá a mostrar su abundancia y esplendor. Los
miembros de la tribu se reúnen en torno de una fogata. El fuego
obviamente les da calor, luz y además, probablemente les permite
cocinar algunos alimentos. Juntos, se apoyan y comparten lo que
tienen. Esto se va transformando en una celebración y una ceremonia.
El fuego es la representación del sol, momentáneamente alejado.
Es también el elemento transformador de todo: lo que era sólido
lo transforma en líquido, lo líquido en vapor, lo denso se transforma
en algo sutil. Los pueblos de todos los lugares del planeta comienzan
a celebrar el Solsticio de Invierno.
De allí que las fiestas solsticiales se acompañan de fuego. Incluso
se colocaron antorchas en los árboles para iluminar el camino y
el lugar de la celebración. En la noche solsticial se intercambian
obsequios. Es noche de solidaridad, de amor y de esperanza.
Cuando el cristianismo comienza a propagarse en Europa, asimila
estas fiestas solsticiales a sus propios ritos y símbolos. De allí
que se fija la fecha del nacimiento de Jesús en el Solsticio de
Invierno (Hemisferio Norte).
El niño Jesús pasa a simbolizar para los cristianos la idea de solidaridad,
amor y esperanza. Por eso se colocan luces en los árboles, a semejanza
de las antorchas que antiguamente se colocaban en el norte de Europa.
Por eso se intercambian regalos, aunque en la mayoría de los cristianos
de hoy, pasa a ser simplemente una expresión de materialismo y consumismo.
Muchos han olvidado que no es importante el valor material, sino
que cada uno debe dar algo de sí que pueda compartir con los demás,
para que juntos, unidos en amor y solidaridad, puedan mejorar su
calidad de vida. Es el momento de tener fe y esperanza que todo
irá mejor si tenemos la actitud interior correcta, si amamos y si
somos solidarios.
Libro de Visitas
Vea Mi Guestbook
Firme Mi Guestbook



