LA PREPARACIÓN PARA LA INICIACIÓN
Por Dion Fortune
El objeto de la Iniciación es producir la Iluminación del alma por
medio de la Luz Interna. Por lo tanto, antes de entrar a considerar los
mejores medios de preparación para esa empresa, es necesario explicar
exactamente lo que se entiende por Iniciación, porque hay muchos
conceptos distintos acerca de la misma.
La palabra Iniciado,
empleada en estas paginas, significa aquél en quien el YO superior, la
Individualidad, se ha entre fundido con la personalidad, y ha encarnado
realmente en el cuerpo físico. Un Iniciado es, por consiguiente, aquel
cuyo Yo Superior nos mira a través de sus ojos. La personalidad queda
reducida a un juego de hábitos y costumbres, un complejo de vida, que
deja al Yo Superior libre para llevar a cabo su obra con el mínimo de
exigencias con respecto a su atención en el Plano Físico.
Esta Gran Iniciación se recibe siempre e invariablemente fuera del
cuerpo. No hay ritual que pueda conferirla, aunque el ritual se suela
emplear en el Hemisferio Occidental para adiestrar y coordinar la
consciencia, como indispensable preparación para esta experiencia
trascendental. También se pasa por ella con plena consciencia,
conservando la memoria de la misma. Muy a menudo se nos pregunta si es
posible estar iniciado sin saberlo. A esta cuestión tenemos que
contestar con un no rotundo. Además, sería absurdo pensar en que
pudiéramos recibir inconscientemente una extensión permanente de la
consciencia.
Sin embargo, suele ocurrir que un Maestro haya
aceptado como discípulo a alguna persona, sin que ésta se dé cuenta de
ello, debido al escaso desenvolvimiento de sus facultades psíquicas, y
entonces esta persona sólo se llega a dar cuenta de este hecho cuando ha
progresado hasta cierto punto.
En estos casos un psíquico
podría informarle a dicha persona que ha sido aceptada como discípulo de
la Gran Fraternidad Blanca y que ya se encuentra por lo tanto en el
Sendero que lleva a la Iniciación, pero sería un error decirle que ya
estuviese iniciada. El sello del Maestro queda estampado en el aura del
discípulo, cuando éste es aceptado, y resplandece ante la visión
clarividente como un disco de unas seis pulgadas de diámetro,
inmediatamente encima de la cabeza, siendo el disco del color del Rayo
sobre el cual esté trabajando el Maestro. Cuando el discípulo recibe
algún trabajo que debe realizar para su Maestro en el Mundo Material, la
banda correspondiente de color en el aura se enciende, mostrando así que
el poder del Maestro está operando a través del discípulo. Pero hasta
que toda el aura no queda iluminada completamente, no puede decirse que
un ser humano sea un Iniciado. Esto se produce cuando brilla con su
propia luz y no con la luz prestada de su Maestro. Por lo tanto, la
Iniciación puede definirse como la aurora de la Luz Interna, o el
advenimiento a manifestación en el Mundo Físico del Augoides o Cuerpo de
Luz.
Puede considerarse que la Luna representa la
personalidad, creciendo y decreciendo a través de innumerables fases
encarnatorias reflejando la Luz Solar o la Sombra Terrestre. El Yo
Superior, o sea el espíritu inmortal del ser humano, está bien
simbolizado por el Sol que perpetuamente brilla en los Cielos, veámoslo
o no. Estos símbolos recompensarán muy bien a quien medite sobre ellos.
El Yo Superior comienza a manifestarse en el cuerpo físico cuando tiene
lugar la Iniciación No tenemos más que considerar la gran diferencia que
existe entre la Individualidad y la personalidad, en el ser humano
corriente, para darnos cuenta de la intensa preparación que debe tener
lugar antes de que esa manifestación sea posible. Además, no podemos
dejar de ver que si se intentara semejante manifestación antes de que la
necesaria preparación hubiera tenido lugar, el Yo Superior descendente
encontraría una disparidad tan grande entre él mismo y su vestidura mal
ajustada, que no tardaría en desgarrarse y quedar destruida. Esta
ocurrencia se puede observar de vez en cuando entre los Ocultistas y
constituye uno de los problemas con que tienen que luchar las distintas
fraternidades.
Antes de que sea posible para el Yo Superior
comenzar a manifestarse en la consciencia cerebral, la personalidad
tiene que sintonizarse con la Individualidad. La Individualidad lleva su
existencia en las esferas espirituales en la misma forma que la
personalidad la pasa en la esfera mundana. Las acciones de la
Individualidad se inspiran en el deseo de mantener su armonía con la
Vida Divina del Cosmos, de donde recibe su ser, mientras que las
acciones de la personalidad se ven determinadas por su deseo de mantener
su armonía con el Mundo de la Materia, de donde saca el cuerpo su propio
ser. Por consiguiente, es evidente que la personalidad tendrá que
reorientar completamente su posición antes de poder alinearse con su Yo
Superior. Tenemos que prepararnos para cambiar la base de todos nuestros
motivos si queremos recibir la Iniciación. Esto requiere una unidad de
propósito que no retroceda ante sacrificio alguno: "Vende todo lo que
tengas y sígueme, dijo el Maestro. Y también: "Dejad que los muertos
entierren a sus muertos. Seguidme". Estos dichos parecen un poco duros,
pero la experiencia demuestra que son verdaderos.
No hay
razón alguna para que alguien se ofrezca como candidato para la
Iniciación, porque todos pueden lograr la meta de la Unión Divina, por
el sendero espiritual de la Evolución; pero, por otra parte, no deben
declarar que los antiguos secretos se hayan perdido, porque no queriendo
pagar su precio, no han recibido la Gran Perla de valor inestimable.
Tanto la personalidad como las cosas de los sentidos tienen que
ser sacrificadas para que el Yo Superior pueda manifestarse: no puede
haber cuestión alguna sobre este punto. Todos los iniciados así lo
declaran. Ante semejantes manifestaciones nos sentimos inclinados a
creer que, habiendo sacrificado la personalidad, nos encontraremos
despojados de todo.
Esta creencia se debe a que la mentalidad
Occidental se adhiere a la idea de que la muerte del cuerpo significa el
fin de la existencia. Y de la misma manera creemos subconscientemente
que la muerte de la personalidad termina con el pleno goce y plenitud de
la vida. Olvidamos al pensar semejante cosa que el comerciante que
vendió todo lo que tenía lo hizo para comprar así la Gran Perla. Es
verdad que vendió todo lo que tenía, pero fue para invertirlo en algo de
muchísimo más valor. El relato evangélico implica que se llevó la Perla
triunfante. Y así sucede con nosotros si hacemos el sacrificio de las
cosas de los sentidos que permitan la encarnación del Yo Superior en el
cuerpo físico. Hay un período de lucha conforme van rompiéndose los
hilos que nos unían a los deseos de los sentidos, pero tan pronto como
se van limpiando las cosas apreciablemente, comienza a despuntar la Luz
Superior. No permanecemos mucho tiempo sin consuelo. "
¿.No serán
nuestras tinieblas, después de todo, la Sombra de Su Mano que se
extiende para acariciarnos ?"
.
Mientras la consciencia se
enfoca en la personalidad, no podemos ponernos en contacto directo con
las realidades, y sólo podemos ver sus reflejos en el Mundo de la Forma.
La llamada del Yo Superior sirve para levantarnos y desviar nuestra
mirada del espejismo de la consciencia de la forma, dirigiéndola
directamente a la Realidad que es vida y no forma. Esta vuelta en
redondo es lo que constituye la tarea del alma cuando busca la
Iniciación.
Conforme la personalidad va sometiéndose
gradualmente al Yo Superior, la Luz Interna comienza a resplandecer. Los
casos en que la Iluminación se produce súbitamente son muy raros y casi
siempre ciegan e incapacitan a la persona, como le pasó a San Pablo en
el camino a Damasco. Por lo tanto sólo se permite en los casos de almas
muy avanzadas, que han sido preparadas y adiestradas hasta un grado muy
elevado en vidas anteriores y que han reencarnado con ese propósito,
constituyendo sus personalidades acordemente. Para el resto de los
aspirantes a la Iniciación, la Luz Interna comienza a despuntar muy
suave y gradualmente, con muchos intervalos de tinieblas que la
obscurecen de vez en cuando, cuando los deseos sensoriales surgen
nuevamente, aun después de considerarlos completamente vencidos.
Habiendo alcanzado esta libertad de la esclavitud de los sentidos,
se abren ante el Iniciado dos caminos: puede seguir el Sendero Místico,
que lleva directamente a la liberación, o puede seguir el Sendero Oculto
y retornar al mundo de los hombres equipado con los poderes de la Mente
Superior.
Es digno de notarse que generalmente el Místico no
habla ni enseña la doctrina de la Reencarnación, mientras que el
Ocultismo si lo hace. La razón es que el Místico trata de escapar de la
esclavitud de la carne y no volver nunca más a ella, mientras que el
Ocultista quiere volver a la materia, trayendo consigo el fruto de sus
labores. Ambos ideales son legítimos y justificables. El místico que
sigue su marcha hasta alcanzar la liberaci6n, no deja de seguir siendo
una influencia en el mundo, pues con su realización liquida una porción
del Karma Mundial. Por este motivo los místicos se dedican a muchas
austeridades y mortificaciones, mucho después de haberse liberado de los
deseos de la carne; están liquidando el Karma Mundial.
El
Ocultista, por su lado, sólo se sujeta a las mortificaciones más
indispensables para someter a la carne y hacerla obedecer su voluntad
soberana sin murmurar. Su plan es formarse tal personalidad que su Yo
Superior pueda funcionar en ella sin obstáculos. Tiene que ser a
semejanza de un caballo brioso y fuerte, que obedece instantáneamente
sin necesidad de riendas ni espuelas. Sus sentidos no podrán ni
engañarlo y sus pasiones tampoco podrán cegarlo. Usa su cuerpo como una
ventana transparente para su alma, de manera que nunca deforme lo que
vea. Con ese único fin es que disciplina su cuerpo, pero nunca trata de
reproducir la Crucifixión.
El Místico torna su personalidad
negativa, para convertirse así en un conducto o canal de las Fuerzas
Cósmicas. Su actitud con respecto a todos los problemas que puedan
presentársele es la de: "Aquiétate y sabe que Yo Soy Dios". Se mantiene
sereno y quieto en el plano mundano, dejando que los poderes
espirituales encuentren en él un conducto por el cual puedan llegar a la
mente colectiva durante sus meditaciones. El Ocultista, por su parte, se
ocupa de las formas y utiliza su mente concreta para convertir a esas
formas en canales para las Fuerzas Cósmicas. El Místico trabaja con el
Yo Superior exclusivamente; el Ocultista lleva al Yo a manifestarse
Superior en el plano de la forma.
El Místico, una vez que se
ha liberado de la esclavitud de sus sentidos, se contenta con las
experiencias de su conciencia interna: no trata de traerlas a
manifestación en el plano terrestre. El Ocultista, por su lado, habiendo
alcanzado la misma realización que el Místico, trata de traer al plano
de la forma el estado de conciencia que ha conquistado. Y hace esto si
es un Hermano del Sendero de la Derecha, porque es necesario para
cumplir el Gran Plan que ciertos ideales sean expresados y elaborados en
el Mundo de la Forma, pero jamás lo haría para gratificar sus propias
sensaciones. Esa fue la prueba con que fue tentado el SEÑOR en el
Desierto: "Haz que estas piedras se conviertan en pan". El era el
Místico-Ocultista Ideal, como lo demostró al convertir el agua en vino y
al pasar a través de las puertas cerradas, pero El jamás utilizó Sus
poderes más que en el cumplimiento de Su misi6n, y es digno de notarse
que conforme EL avanzaba hacia su final, los empleó cada vez menos.
La gran mayoría de las almas liberadas eligen el Sendero Místico,
yéndose así más allá de nuestra Esfera Terrestre y son sólo unos pocos
de los que han ganado su libertad los que eligen sacrificarse y volver
nuevamente al Mundo de las Formas, puesto que no tienen deseo alguno que
pueda arrastrarlos a una nueva encarnación, lo que para ellos es vivir
en una cárcel. Su motivo único lo constituye el deseo de aliviar la
carga de la confusión del mundo. Por otra parte, no debe pensarse que el
Místico deserta del mundo cuando lo abandona, porque siempre rogará por
él, y este gran cuerpo de almas en oración es el que aligera el tremendo
Karma del Mundo en los Planos Internos.
El Místico sirve de
una manera y el Ocultista de otra. Ambos son necesarios para la gran
obra cósmica de la regeneración y de la Evoluci6n. Ninguna función puede
existir sino por medio de la dualidad: la interacción de los aspectos
positivo y negativo de la misma fuerza. El Místico constituye un polo de
la Energía Crística, y el Ocultista es el otro. De acuerdo con la bien
conocida ley oculta de la polaridad alternativa en los distintos planos,
el Místico es negativo en los planos de la forma y positivo en los
planos de la energía, mientras que el Ocultista es positivo en los
planos de la forma y negativo en los planos de la energía. De ahí que el
Ocultista tenga siempre necesidad de invocar fuerzas que lo ayuden en su
obra, empleando con ese objeto la magia ritual en sus diversos tipos,
desde la simple invocación hecha con un signo, hasta las más complicadas
figuras y movimientos que se realizan en las logias.
El mejor
desenvolvimiento, el que se busca mediante la disciplina y
adiestramiento de la Comunidad de la Luz Interna, se obtiene mediante un
balance justo de las fuerzas positivas y negativas del alma, sostenidas
en equilibrio por la voluntad, de manera tal que el propio juicio puede
hacer descender la balanza en cualquier direcci6n. Al alma que tiene una
inclinación natural hacia el Ocultismo se le hace trabajar según las
reglas místicas. Hasta que no llega a los Misterios Mayores no se le
permite al individuo seguir su vocación natural, pero entonces se le da
una enseñanza y educación especialmente adaptada a su capacidad.
La razón de esta aparente violencia contra su naturaleza se comprenderá
enseguida. Si el alma naturalmente inclinada al misticismo se
desenvolviera sólo de acuerdo con esa tendencia, adquiriría una penosa
falta de equilibrio, como puede notarse entre aquellos que moran
demasiado en lo Invisible. Su asidero en los planos de la forma no
guarda relación con su contacto con los planos de la Fuerza y, por
consiguiente, las fuerzas rompen los límites de la forma y se difunden
en un pantano de espiritualidad emocional, perdiéndose y malgastándose,
como las aguas del río que saliéndose de su margen convierten en un
pantano cenagoso al valle otrora feraz y florido. Es posible que este
pantano produzca una vegetación acuática y jugosa, pero no será ni
tierra ni agua, y sería completamente inútil para todo propósito
práctico en el servicio de la humanidad.
Al Ocultista, por su
parte, si se le permite desde el principio de su preparación, entregarse
a su amor por la forma y la intelectualidad, acabará por encontrarse
amurallado dentro de sus formas y perderá los contactos vivientes que
sólo pueden dar vida a los símbolos ocultos. Sin embargo, si adopta la
disciplina de ponerse en contacto con las diferentes fuerzas mediante
sistemas puramente intuitivos y de meditación, adquirirá el poder de
efectuar esos contactos independientemente del uso de fórmulas y
rituales mágicos. Entonces, cuando llegue a una etapa más avanzada de su
desenvolvimiento, se le enseñarán los métodos tradicionales de las
artes, y será capaz de tener acceso a una suma infinitamente mayor de
poder que lo que podría conseguir el Iniciado que no ha seguido ese
método.
Es absolutamente vital para la educación oculta del
estudiante, que éste comprenda perfectamente los principios del
Ocultismo y que jamás emplee sus fórmulas ciega y supersticiosamente. Y
recordemos siempre que una cadena no es más fuerte que su eslabón más
débil. Ni el Místico ni el Ocultista podrán expresar en el plano de la
manifestación más de lo que sean capaces de polarizar dentro de sus
propias naturalezas.
Dion Fortune (1891-1946). Seudónimo
utilizado por la sicoanalista freudiana Violet Forth. Fue miembro de la
Orden del Alba Dorada (Golden Dawn), de la cual fue separada y funda la
Fraternidad de la Luz Interna (Inner Light), institución que aún existe
en nuestros tiempos.
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