Portal En Honor A La Orden Martinista Del Perú
La Vía Cardíaca
Colegio de Lima
Grupo Lucien Chamuel Nº 37
Círculo “Acanto” Nº 19
Nota:
El contenido de este Portal es independiente de cualquier Orden
Martinista.
Este Portal es en recuerdo del S
I
I
Carlos E. Cornejo López,
EL Kybalion
CAPITULO I
LA FILOSOFÍA HERMÉTICA
"Los labios de la sabiduría permanecen cerrados,
excepto para él oído capaz de comprender".
EL Kybalion.
Desde el antiguo Egipto han venido las enseñanzas fundamentales
y secretas que tan fuertemente han influido en los sistemas filosóficos
de todas las razas y de todos los pueblos, durante centurias enteras.
El Egipto, la patria de las pirámides y de la Esfinge, fue la cuna
de la Sabiduría Secreta y de las doctrinas místicas.
Todas las naciones han sacado las suyas de sus doctrinas esotéricas,
La India, Persia, Caldea, Media, China, Japón, Asiría, la antigua
Grecia y Roma, y otros no menos importantes países, se aprovecharon
libremente de las doctrinas formuladas por los hierofantes y Maestros
de la tierra de Isis, conocimientos que solo eran transmitidos a
los que estaban preparados para participar de lo oculto
Fue también en el antiguo Egipto donde vivieron los tan grandes
adeptos y Maestros que nadie después ha sobrepasado, y que rara
vez han las centurias que han transcurrido desde los tiempos del
Gran Hermes. El Egipto fue la residencia de la Gran Logia de las
fraternidades místicas. Por las puertas de su templo entraron todos
los neófitos que, convertidos más tarde en Adeptos, Hierofantes
y Maestros, se repartieron por todas partes, llevando consigo el
precioso conocimiento que poseían y deseando hacer partícipe de
él a todo aquel que estuviera preparado para recibirlo. Ningún estudiante
de ocultismo puede dejar de reconocer la gran deuda que tiene contraída
con aquellos venerables Maestros de Egipto.
Pero entre esos grandes adeptos existió uno al que los demás proclamaron
" el Maestro de los Maestros". Este hombre, si es que puede llamarse
"hombre" a un ser semejante, vivió en Egipto en la más remota antigüedad
y fue reconocido bajo el nombre de Hermes Trismegisto. Fue el padre
de la sabiduría, el fundador de la astrología, el descubridor de
la alquimia. Los detalles de su vida se han perdido para la historia,
debido al inmenso espacio de tiempo transcurrido desde entonces.
La fecha de su nacimiento en Egipto, en su última encarnación en
este planeta, no se conoce ahora, pero se ha dicho que fue contemporáneo
de las más antiguas dinastías de Egipto, mucho antes de Moisés.
Las autoridades en la materia lo creen contemporáneo de Abraham,
y en alguna de las tradiciones judías se llega a afirmar que Abraham
obtuvo muchos de los conocimientos que poseía del mismo Hermes.
Después de haber transcurrido muchos años desde su muerte (la tradición
afirma que vivió trescientos años), los egipcios lo deificaron e
hicieron de él uno de sus dioses, bajo el nombre de Tot. Años después
los griegos hicieron también de él otro de sus dioses y lo llamaron
"Hermes, el dios de la sabiduría". Tanto los griegos como los egipcios
reverenciaron su memoria durante centurias enteras, denominándole
el "inspirado de los dioses", y añadiéndole su antiguo nombre "Trismegisto",
que significa "tres veces grande". Todos estos antiguos países lo
adoraron, y su nombre era sinónimo de "fuente de sabiduría". Aun
en nuestros días usamos el término "hermético" en el sentido de
"secreto", "reservado", etc., y esto es debido a que los hermetistas
habían siempre observado rigurosamente el secreto de sus enseñanzas.
Si bien entonces no se conocía aquello de "no echar perlas a los
cerdos", ellos siguieron su norma de conducta especial que les indicaba
" dar leche a los niños y carne a los hombres", cuyas máximas son
familiares a todos los lectores de las escrituras bíblicas, máximas
que, por otra parte, habían sido ya usadas muchos siglos antes de
la Era Cristiana. Y esta política de diseminar cuidadosamente la
verdad ha caracterizado siempre a los hermetistas, aun en nuestros
días.
Las enseñanzas herméticas se encuentran en todos los países y en
todas las religiones, pero nunca identificada con un país en particular
ni con secta religiosa alguna. Esto es debido a la prédica que los
antiguos instructores hicieron para evitar que la Doctrina Secreta
se cristalizara en un credo. La sabiduría de esta medida salta a
la vista de todos los estudiantes de historia. El antiguo ocultismo
de la India y la Persia degeneró y se perdieron sus conocimientos,
debido a que los instructores se habían convertido en sacerdotes
y mezclaron la teología con la filosofía, siendo su inmediata consecuencia
que perdieron toda su sabiduría, la que acabó por transformarse
en una cantidad inmensa de supersticiones religiosas, cultos, credos
y dioses. Lo mismo pasó con las enseñanzas herméticas de los gnósticos
cristianos, enseñanzas que se perdieron por el tiempo de Constantino,
quien mancilló la filosofía mezclándola con la teología, y la iglesia
cristiana perdió entonces su verdadera esencia y espíritu, viéndose
obligada a andar a ciegas durante varios siglos, sin que hasta ahora
haya encontrado su camino, observándose actualmente que la iglesia
cristiana está luchando nuevamente por aproximarse a sus antiguas
enseñanzas místicas.
Pero siempre han existido unas cuantas almas que han conservado
viva la llama, alimentándola cuidadosamente y no permitiendo que
se extinguiera su luz. Y gracias a esos firmes corazones y a esas
mentes de extraordinario desarrollo tenemos aun la verdad con nosotros.
Mas no se encuentra en los libros. Ella ha sido transmitida del
Maestro al discípulo, del iniciado al neófito, de los labios a los
oídos. Si alguna vez se ha escrito algo sobre ella, su significado
ha sido cuidadosamente velado con términos de astrología y alquimia,
de tal manera que sólo los que poseían la clave podían leerlo correctamente.
Esto se hizo necesario a fin de evitar las persecuciones de los
teólogos de la Edad Media, quienes luchaban contra la Doctrina Secreta
a sangre y fuego. Aun en nuestros días nos es dable encontrar algunos
libros valiosos de filosofía Hermética, pero la mayor parte se ha
perdido. Sin embargo, la Filosofía Hermética es la única clave maestra
que puede abrir las puertas a todas las enseñanzas ocultas.
En los primeros tiempos existió una compilación de ciertas doctrinas
herméticas que eran las bases fundamentales de toda la Doctrina
Secreta, y que habían sido, hasta entonces, transmitidas del instructor
al estudiante, compilación que fue conocida bajo el nombre de "El
Kybalion", cuyo exacto significado se perdió durante centenares
de años. Sin embargo, algunos que han recibido sus máximas de los
labios a los oídos las comprenden y las conocen. Sus preceptos no
habían sido escritos nunca hasta ahora. Son, simplemente, una serie
de máximas y axiomas que luego eran explicados y ampliados por los
Iniciados. Estas enseñanzas constituyen realmente los principios
básicos de la "alquimia hermética", la que, contrariamente a lo
que se cree, está basada en el dominio de las fuerzas mentales,
mas bien que en el de los elementos materiales; en la transmutación
de una clase de vibraciones mentales en otras, más bien que en el
cambio de una clase de metal en otro. La leyenda acerca de la piedra
filosofal, que convertía todos los metales en oro, era una alegoría
relativa a la Filosofía Hermética, alegoría que era perfectamente
comprendida por todos los discípulos del verdadero hermetismo.
En esta obrita invitamos a nuestros estudiantes a examinar las enseñanzas
herméticas, tal como fueron expuestas en "El Kybalion", explicadas
y ampliadas por nosotros, humildes estudiantes de las mismas, que
si bien llevamos el título de iniciados somos, sin embargo, simples
discípulos a los pies de Hermes, el Maestro. Transcribimos aquí
muchas de las máximas y preceptos de "El Kybalion", acompañadas
por explicaciones y comentarios que creemos ayudarán a hacer más
fácilmente comprensible esas enseñanzas por los hombres modernos,
especialmente teniendo en cuenta que el texto original ha sido velado
a propósito con términos obscuros y desconcertantes.
Las máximas originales, axiomas y preceptos de "El Kybalion" están
impresos con otro tipo de letra. Esperamos que los lectores de esta
obra sacarán tanto provecho del estudio de sus páginas como lo han
sacado otros que han pasado antes por el mismo sendero que conduce
al adepto desde los tiempos de Hermes Trismegisto, el Maestro de
los Maestros, el Tres veces Grande, hasta ahora. Dice "El
Kybalion":
"Donde quiera que estén las huellas del Maestro, allí los oídos
del que está pronto para recibir sus enseñanzas se abren de par
en par. "Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios
que han de llenarlos con sabiduría".
De manera que, de acuerdo con lo indicado, este libro solo atraerá
la atención de los que están preparados para recibirlo. Y recíprocamente,
cuando el estudiante esté preparado para recibir la verdad, entonces
este libro llegará a él. El principio hermético de causa y efecto,
en su aspecto de "ley de atracción", llevará los oídos junto a los
labios y el libro junto al discípulo.
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