HISTORIAS AERONÁUTICAS

SEGUNDA PARTE

LOS AGUARUNAS

Desde el segundo día de búsqueda la orden para los pilotos de los helicópteros fue aterrizar en los puntos de su sector donde vieran población y pedir información de hora, dirección del vuelo, altura, etc., lo más detallado posible. Cada día los reportes de los pilotos de los aviones eran los mismos: no hay novedad, no se ha detectado rastro alguno.

Transcurrieron cinco días y no se tenía resultado, se había sobrevolado una y otra vez los mismos lugares y empezaron a llegar versiones contradictorias unas y fantasiosas otras, y hasta hubo un incidente anecdótico protagonizado por Eco Bravo y su tripulación, y que él mismo relataría después.

“Vimos un campo de fútbol, varias chozas, una de ellas, más grande que las otras ubicada adyacente al campo de fútbol; cuando sobrevolamos el lugar toda la gente, dividida en cuatro o cinco grupos, nos hicieron señas con los brazos, unos con más énfasis que otros pero todos, sin excepción, nos hacían señas para bajar.

Aterrizamos en el centro del campo para afectar lo menos posible las chozas, aseguré y trabé los mandos y dejando los motores en mínimo descendí del helicóptero y me fui a darle el encuentro al grupo de gente que se dirigía hacia nosotros; mi preocupación era que no se acercaran mucho al rotor cola y se produjera un accidente, mejor era detenerlos a cierta distancia. Conmigo iban dos mecánicos, así que uno se paró cerca de la cola y el otro se quedó junto a la puerta del piloto.

Pronto me di cuenta que me había metido en un avispero, prácticamente todos tenían el rostro pintado y el pelo largo, unos con alguna pieza de ropa occidental, camisa o pantalón en extraña mescolanza con cushmas, camisetas y adornos de plumas en el hirsuto pelo; hasta ese momento todo estaba bien, no tenía nada de raro, el problema fue cuando llegaron a mi lado, hedían espantosamente, lo cual no me importaba, pero además todos estaban “masateados”, borrachos.

En el primer grupo que se aproximó destacaba un aguaruna de pelo corto, al estilo occidental, vestido con pantalón y camisa, descalzo pero reloj pulsera dorado y anteojos ahumados con grueso marco plateado, parece que no consiguió otros con marco más llamativo pero el que usaba era lo suficiente para darse pisto.

Tratando de mostrarme amistoso, y con la esperanza de obtener alguna información le extendí el brazo al anteojudo con la intención de estrecharnos las manos, pero él puso su mano en la mía, flojamente, como si fuera un pescado, muy desagradable.

Todos alrededor mío parloteaban en su lengua, de la cual por supuesto no entendí una sola palabra, así que me dirigí al anteojudo pero este también parecía no entenderme; después de unos cuantos intentos saqué la conclusión de que era el profesor y que estaban celebrando sabe Dios qué, el hecho era que apareció y me ofrecieron un “pate” de bordes negruzcos, a medio llenar de masato rosado.

Pretendí “hacerme el sueco” y pasar el pate sin beber, pero el profesor insistió con gesto adusto; igual actitud asumieron los aguarunas que nos rodeaban así que hice de tripas corazón y me bebí tres largos tragos; habían hecho silencio pero cuando bebí y pasé el “vaso” de masato estallaron en risas y reiniciaron el parloteo.

Durante cinco minutos traté de hacerme entender, pero no estoy seguro de haberlo conseguido; por mi parte no entendí lo que el profesor trataba de decirme, hablaba algo de castellano pero todo se volvía incoherente cuando, por no encontrar la palabra requerida, le metía palabras en su lengua nativa. Una vez más, extranjero en mi propio paí
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- La Víspera