¡¡¡644... EMERGENCIA!!!




PRÓLOGO

Fue una época agitada y de cambios vertiginosos, la búsqueda del petróleo en plena selva amazónica, donde el casi único medio de transporte es mediante embarcaciones diversas que navegan por los ríos y sus interminables curvas; la búsqueda del ansiado oro negro implicaba una serie de actividades de apoyo directo e indirecto que se conjugaban entre sí en procura de una sola meta: encontrar y extraer petróleo; había compañías cuyos esfuerzos estaban dedicados a la exploración sísmica, otras a instalación de campamentos y sus servicios, otras más a la perforación, etc., lo que se traducía en el empleo de gran volumen de variadísimo material, lo que requería una significativa cantidad de personal y consecuentemente en gran esfuerzo logístico.

La compañía Occidental tenía sus oficinas administrativas y logísticas en Iquitos, desde donde abastecía de personal y material diverso a “Teniente López”, el principal campamento en el interior, el personal era transportado por vía aérea y la carga por río por medio de chatas, cuyas cubiertas quedaban casi a ras del agua; en época de creciente la navegación no presentaba mayor dificultad porque el caudal permitía cumplir con los plazos previstos, otro era el cantar en época de vaciante porque al bajar el caudal a veces las chatas, embarcaciones de poco calado pero de gran capacidad de carga, quedaban varadas en los bancos de arena, entonces era necesario emplear incluso helicópteros.

Desde “Teniente López”, a orillas del río Corrientes, mediante helicópteros del Grupo Aéreo 3 se distribuía el personal y el material requerido en los diferentes puntos de operación, desde combustible para los motores en los pozos de perforación hasta víveres frescos. Mejor dicho, todo. El esfuerzo logístico era ininterrumpido, un día de paralización, por el motivo que fuera, representaba la pérdida de cientos de miles de dólares.

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LA TRAVESÍA

La cabina del MI-8, sin recubrimiento interior, parecía multiplicar el ruido que producían los ramalazos de lluvia al impactar en su superficie metálica, la turbulencia, que por momentos era más intensa, se alternaba con prolongados lapsos de calma para luego, inesperadamente, samaquearlos con regular intensidad; era de noche y la mortecina luz azulada de la cabina de pasajeros les daba un aspecto fantasmagórico a los dos hombres que estaban sentados juntos, uno al lado del otro en los asientos laterales; Uno que era alto y con cabello castaño y ensortijado parecía ser piloto pues vestía overol de vuelos, anaranjado con manchas que parecían ser de camuflaje, en tanto que el segundo era de menor estatura cabello negro y lacio y vestía uniforme de mecánico de indefinible color obscuro. Un tercer hombre, solitario, estaba sentado en el lado opuesto de la cabina; obeso y calvo, de cuello corto y nariz algo prominente estaba embutido en ropa civil y algo desaliñado

La noche, sin luna, era negra como la tinta y el gordo, visiblemente nervioso, con frecuencia se ponía de pie y, tambaleándose, iba de una a otra de las redondas ventanillas escudriñando a través del plástico sin lograr ver otra cosa que el lejano resplandor de los rayos; de rato en rato encontraban turbulencia algo más severa, entonces se cogía fuertemente de su asiento y cerraba los ojos hasta que volvía la calma.

Aprensivo miraba con insistencia a sus compañeros de viaje sentados frente a él, cabeza con cabeza parecían hacerse confidencias, o tal vez discutiendo algo que solamente ellos parecían saber, le preocupaba ver que cuando encontraban lluvia y turbulencia uno movía los brazos y luego se cogía con fuerza al borde del asiento, en tanto que el otro ponía la cabeza sobre las rodillas y se cubría con los brazos y, aunque no era necesario disimular la voz por el ruido de la lluvia y motores, a veces se hablaban al oído, y eso lo ponía más nervioso, mil ideas le corrían por la mente - ¿ Por qué no le decían nada a él ? Eso le daba muy mala espina, se suponía que ese par tenía experiencia en estas cosas y sin embargo los veía muy nerviosos y cuchicheando entre ellos ¡Algo está sucediendo y no me lo quieren decir!

Decidió que, en cuanto hubiera calma iría a la cabina de los pilotos y preguntar, tal vez le darían alguna información, el comportamiento de sus dos acompañantes no era normal - ¿Por qué estaban tan nerviosos? ¡Algo malo debe estar pasando! - Trató de abrir la puerta de la cabina, pero desde adentro la cerraron bruscamente sin darle opción a nada. Regresó a su asiento más preocupado y nervioso que antes.

Después de unos minutos, cuando creía que ya había pasado la tormenta, volvía a escuchar los ramalazos de lluvia chocando contra el fuselaje, y nuevamente ese movimiento que le hacía sentir mariposas en el estómago ¡Y ese ruido infernal de la lluvia! - ¿Cuándo terminará este martirio? - Nuevamente se puso de pie temiendo que se repitan esos movimientos que lo tenían al borde de las náuseas, necesitaba saber qué estaba pasando y, sin dudarlo, se dirigió nuevamente a la cabina de los pilotos, trató de abrir la puerta forcejeando un poco porque estaba con seguro por dentro, del otro lado se percataron de su intento y la puerta se abrió

     - Hola ¿Otra vez por aquí? Mejor anda atrás, siéntate y amárrate – El gordo estaba diciéndole algo al piloto cuando entraron nuevamente en lluvia y turbulencia, por lo que de inmediato regresó, a trompicones, a su asiento, aunque no se libró de un buen coscorrón en el marco de la puerta.

     - ¿Qué te pasa Miguel? ¡Tranquilo, la cosa no es tan grave! - El larguirucho piloto, con gesto dramático, le puso las manos en los hombros, - Tú sabes cómo es esto de volar con mal tiempo en la selva

     - ¿Te parece que es peligroso? – Miguel tenía cara de preocupación y su nerviosismo era evidente; el piloto de overol con camuflaje y el mecánico que lo acompañaba, cruzaron una mirada indefinible

     - De eso estábamos hablando ¿Nos has escuchado? – La pregunta estaba demás dado el ruido que había en la cabina, pero su rostro lo decía todo, el ceño fruncido y los labios apretados eran gestos por demás expresivos que denotaban su preocupación

     - No, no…. no los he escuchado pero díganme nomás, ustedes me conocen, saben que…que. - Ya sabía yo que era peligroso volar de noche, ojalá no sea nada grave, con esta lluvia quien sabe… - continuó hablando para disimular su temor – Muchachos, ustedes saben que tengo muchos años de experiencia, díganme nomás…

     - -Bueno, estábamos analizando la situación porque estamos en la zona de Intuto y en esta zona siempre tenemos problemas con los instrumentos, y ahora con mal tiempo es más difícil todavía

     - ¿Problemas, qué clase de problemas? - Miguel, con los ojos muy abiertos, trataba de no perderse una palabra – Pueden decírmelo nomás, yo… - Ya sabía yo que íbamos a tener problemas, algo me lo decía...- Su inquietud se acrecentaba

     - Mira, lo que pasa es que de noche, no sé por qué, a veces las emisoras colombianas interfieren con la señal de Iquitos y la aguja del radiocompás se desvía, creemos que lo hacen a propósito… no sabemos…, la cosa es que la aguja direccional nos da una dirección falsa y sabe Dios hacia donde nos desvía….. es un problema muy serio

     - ¿Tú crees que los colombianos nos estén…- ¡De repente son los de las
FARC! ¿Pero y la brújula?- ¿No podemos orientarnos con la brújula? Miguel los miraba con angustia y esperanza a la vez -

     - ¿Te refieres al compás magnético? ¡Nooo, peor todavía! ¿Has visto que a lo lejos hay rayos? ¡Ese es el peligro! - Miguel abría los ojos cada vez más, atento a lo que su interlocutor decía – Las descargas eléctricas hacen que el compás gire sin control, no es nada confiable, pero no te preocupes, Eco Bravo tiene bastante experiencia y seguro que está tomando las precauciones ¡Ojalá salgamos pronto, no nos vayamos a perder, tú sabes que de noche es más difícil! – Miguel no esperó más, los nervios lo dominaban - ¿A perder? Dios mío ¿Adonde iremos a parar? ¡Y de noche todavía! Si nos perdemos ¿Cómo nos van a encontrar?

No pudo contenerse más y por tercera vez se dirigió a la cabina de pilotos.

 

TENIENTE LÓPEZ

Ese día, 29 de junio de 1974, el helicóptero MI-8 FAP 678 tenía programado un hacer el vuelo Iquitos – Teniente López – Iquitos, vuelo que inició avanzada la mañana, casi al medio día; el viaje de ida fue tranquilo, con buen tiempo aunque se veían, dispersos, algunos cúmulos que horas más tarde seguramente se convertirían en lluvia, condición muy poco frecuente en esa época del año.

Faltaban apenas unos minutos cuando avistaron el campamento, las blancas cabinas , perfectamente alineadas, decían del orden imperante en Teniente López, parecía un pequeño pueblo, un pedacito de civilización en medio del verde mar que era la selva circundante; a poca distancia, pero apartado, a orillas del río Corrientes, se veía el viejo campamento desde el cual habían operado los pequeños helicópteros 47G durante la fase de exploración sísmica, ahora ocupado por la plantilla de obreros; en la banda opuesta, cruzando el río, el modesto campamento militar que llevaba el nombre de un oficial que se batió heroicamente combatiendo contra fuerzas ecuatorianas durante el conflicto de 1941 y que, aunque mantuvo la posición, fue finalmente abatido.

El MI-8 se aproximó lentamente a la plataforma de aterrizaje, como siempre se levantó un poco de polvo y, también como siempre, tres o cuatro maletines de mano salieron rodando como pelotas ¿Es que la gente nunca iba a aprender? Dejaban sus maletines al borde de la plataforma para estar listos para embarcarse y esas eran las consecuencias, allá ellos. Julito, el Jefe de Campamento, se acercó, subió al helicóptero, conversó brevemente con los pilotos y unos minutos después los tres se dirigieron al casino comedor. Era ya más de la una y media.

 

MARIO

"Estábamos programados el técnico Jorge Kong, y yo para volar en el Twin 212 matricula 644 que operaba con base en Teniente López, en la mañana había volado solamente un par de horas en toda la mañana y estaba hasta aburrido, porque si no vuelas ¿Qué haces en esas horas? Nada, aburrirte y nada más, todo el mundo está trabajando ¿Y entonces? Como para matar el tiempo almorzamos temprano, por no decir tempranísimo, a las doce en punto que es la hora en que empiezan a atender el almuerzo, luego nos fuimos a la estación de radio a conversar un rato; la estación se encontraba dentro de una espaciosa habitación de paredes metálicas, con aire acondicionado, y esta a su vez dentro de un hangar también de paredes metálicas; por la amplia ventana vimos a Julio Recharte dirigiéndose al lugar donde nos encontrábamos; mayor retirado, era el Jefe de Campamento y lo llamábamos “Julito” , no sólo por ser da poca estatura sino principalmente por su don de gentes, siempre afable y sonriente nos trataba con deferencia casi paternal, a veces parecía que sufría cuando nos pedía que hagamos algún vuelo difícil o demasiado incómodo , como el que me había solicitado; mientras lo veía venir le pregunté a mi mecánico

     - Chino, ahí viene Julito, seguro para hacernos recordar el vuelo de las tres ¿Te contaron el incidente de la rata.... y la del hielo?

     - No, no ¿Qué pasó?

     - ¿Has visto los postes verticales que hay a la entrada de cada cabina? Ahí donde ponemos las botas de jebe para no embarrar el piso; bueno, él mismo nos contó que hace como quince días salió de madrugada de la cabina, y al ponerse la bota notó que le quedaba apretada y no conseguía calzársela del todo, así que se la quitó y de pronto salió “volando” una rata, casi se muere del susto y nosotros de risa.

Yo había estado siguiendo los reportes de los vuelos de mis compañeros, uno estaba por los pozos Capahuari, otro estaba cruzando entre Piuntza y Putuime y me sorprendió un poco escuchar que el MI-8, procedente de Iquitos, reportaba estar a quince minutos de Teniente López ¿A esa hora, casi la una y media? Me llamó la atención porque sabía que el piloto era Eco Bravo, quien solía volar temprano y quedarse un buen rato en la base de operaciones y conversar con pilotos y mecánicos, de todas maneras no era tan extraño porque la compañía tenía sus prioridades y a veces nos pedían hacer vuelos medio raros, como el que me había solicitado Julio, que entró a la estación, conversamos cinco minutos y se fue a la plataforma a recibir al MI-8. El vuelito de marras que me habían endosado consistía en que a las tres de la tarde debía trasladar, en carga externa, una caseta dormitorio de Andoas, en el río Pastaza, a un nuevo campamento en el río Huasaga; como a otros pilotos, a mi tampoco me atraía la perspectiva de trasladar ese tipo de carga, el vuelo se hacía incómodo, lento y tedioso, la carga ofrece mucha resistencia y se bambolea permanentemente y uno no ve las horas de llegar, especialmente si el tramo es tan largo como el que me tocaba hacer ¿No se hubiera podido hacer más temprano? No señor, tenía que ser a las tres porque habían calculado que a la hora que yo llegara recién estarían listos para ubicar la caseta en el lugar que le correspondía en el nuevo campamento, y eso lo hacían con el helicóptero como grúa. Paciencia. Por esa razón Julito fue a palabrearme un rato.

Eso me hace recordar el episodio aquel en que un obrero, en circunstancias similares y, seguramente para protegerse del sol, después de almorzar se metió en una cabina que había que transportar, se quedó dormido y se despertó por el ruido del helicóptero al ubicarse este sobre la cabina para enganchar el estrobo y llevarla a su nuevo destino; según contó después, él pensó que estaban reubicando la cabina empleando el helicóptero pues en ese nuevo campamento aun no contaban con grúa, cuando se percató de la real situación la cabina ya estaba moviéndose y no pudo ponerse de pie para bajarse, de modo que decidió quedarse echado sobre el piso y rogar que no fueran a soltar la carga a medio camino; el hecho es que después de casi una hora de vuelo, y zangoloteo, en cuanto pusieron la cabina en tierra el obrero abrió la puerta y salió corriendo erráticamente, despavorido, tropezándose y cayéndose no se sabe cuantas veces porque estaba completamente mareado por el movimiento, hasta que sus compañeros lo sujetaron; nos reímos mucho por ese incidente, pero no quisiera verme en su pellejo.

A la hora indicada partimos de Teniente López con el helicóptero abastecido con combustible suficiente para llegar a Andoas, enganchar la caseta y continuar al destino programado; cuando llegamos a Andoas la carga no estaba lista aun, así que no me quedó más remedio que esperar. Por fin, unos minutos después de las cuatro enganchamos la carga y decolamos hacia el Huasaga, para el tiempo que tomaría el ida y vuelta la hora era ya un poco avanzada y tal vez me excedería unos minutos en la hora de aterrizaje en Teniente López, pero eso no sería problema, serían apenas unos diez o quince minutos pasada la hora de puesta de sol y habría luz más que suficiente “

 

UN IDA Y VUELTA

Pasadas las cuatro de la tarde partimos de Teniente López y emprendimos el retorno a Iquitos en el MI-8, mi copiloto era “Calin”, piloto de caza y compañero de promoción, conocido por su buen humor y además muy amigo mío; todo hacía suponer que el vuelo sería tan ameno como otras veces, apenas un ida y vuelta, fácil, conversando de temas comunes haciéndonos las acostumbradas bromas y pensando qué hacer al regresar a Iquitos.

La ruta presentaba numerosas nubes de lluvia, algo muy poco usual para la época y aunque algunas ya estaban descargando eran perfectamente visibles, de manera que se podrían evitar sin problema; habíamos salido oportunamente y seguramente tendríamos que atravesar algo de lluvia y algo de turbulencia nos tocaría, pero con certeza no con la fuerza que podrían tener más tarde, además el MI – 8 es un helicóptero bastante estable para volar instrumentos. No había problema.

Todo se desarrollaba normalmente, dentro de lo rutinario, Calìn tenia los mandos y yo me había quitado los audífonos cuando lo vi voltear hacia mí haciéndome una seña para que me los ponga, por su expresión comprendí que algo había sucedido

     - ¡¡¡ 678, López; 678 López!!! - la voz sonaba alterada, alarmada. No
presagiaba nada bueno, me puse en alerta.

     - Adelante López, este es el 678

     - ¡¡¡ Eco Bravo, se ha caído un helicóptero!!! – reportó la torre de control

Todos los radios enmudecieron expectantes a las órdenes que se impartieran, pusimos rumbo de retorno a Teniente López mientras que a lo lejos, ominosa, se elevaba una negra columna de humo. Pedí información de detalle y la respuesta, que nos llegó de inmediato, nos dejó helados, el Twin 212 número 644 había reportado la emergencia cerca al Pastaza ; el piloto era Mario, hermano de otro compañero de promoción; con Calìn simplemente nos miramos en silencio sin atrevernos a decir lo que ambos pensábamos

     - ¿Qué vamos a hacer? - Preguntó Calin

     - Vamos a bajar gente para tratar de sacarlos, este helicóptero tiene winche eléctrico de rescate; ojala tengamos suerte, la hora no nos ayuda, nos queda poco tiempo de luz.

     - Eco Bravo - reconocí de inmediato la voz que me llamaba - aquí Charlie Charlie - su voz se notaba tranquila - Estoy en el lugar del accidente, la
situación parece mala, no se ve muy bien, el helicóptero está invertido y quemándose, hay mucho humo.

     - Charlie Charlie - le respondí - estoy en aproximación a Teniente López quédate en el sitio haciendo posta con otro “fierro” ¿Ves algo más? – No quise preguntar directamente por la tripulación, que era lo que más
nos preocupaba, temiendo escuchar lo que parecía lo más probable; tras unos segundos de silencio, recibí la respuesta

     - Eco Bravo, hay mucho humo, veo dos bultos cerca de la cabina....pero no veo señales de vida…. hay mucho humo…. no estoy seguro

     - 678, recibido, dejo la frecuencia – Volví a la frecuencia radial del campamento para dar las órdenes del caso – López, que se prepare el médico, dos operadores con sus con motosierras, que sean experimentados y dos mecánicos y que me esperen listos en el punto de recarga, los vamos a bajar con el winche.

Mi plan era bajar al médico para que les administre los primeros auxilios a la tripulación, si es que estaban con vida y, si su estado de salud lo permitía, izarlos antes que caiga la noche; la hora corría inexorable acortándose el tiempo disponible de luz diurna, sabia que el único helicóptero que podía hacer la extracción era el MI-8 que yo estaba tripulando por ser el único equipado con winche de salvataje, los otros helicópteros no contaban con este equipo y si tuvieran que hacer un rescate tendríamos que hacerlo con soga, a pulso, si había soga apropiada disponible y si la altura de los árboles lo permitía; en medio de todo fue una afortunada coincidencia que demoráramos la salida y estuviéramos cerca en el momento del accidente. Ya veríamos cómo se presenten las cosas.

Al llegar a Teniente López hicimos descender a los pasajeros que se habían embarcado para ir a Iquitos y recargamos de combustible al helicóptero a su máxima capacidad, embarcamos al personal designado, pero…

     - ¿Y el médico? – pregunté airado - ¿Por qué no está aquí como ordené?

     - Lo han llamado por el radio portátil pero no aparece, lo están buscando....

     - ¿Lo han mandado buscar? ¡Tráiganlo como sea! ¡Que venga rápido, tengo que irme inmediatamente, antes que me falte luz!

El tiempo era vital, el sol estaba cayendo y cuanto más nos demoráramos en llegar al lugar del accidente menos tiempo de luz tendría para intentar el rescate, pero la ausencia del médico cambiaba todo radicalmente y había que tomar una decisión

     - ¡El enfermero, que suba de una vez, con su material! ¡¡Cierra la puerta, nos vamos!! - No podía esperar más - ¿Dónde diablos estará el médico? Cuando regrese me va a oír

Decolamos rápidamente y enrumbamos a máxima velocidad al lugar del accidente, la columna de humo, visible a muchos kilómetros, nos serbia de guía exacta; en el trayecto continué dándole vueltas a mi plan ¿Había sido la mejor decisión no esperar a que apareciera el médico? Esperar podría significar perder la oportunidad de rescatar a los accidentados, pero por otro lado llegar sin la ayuda médica necesaria podía hacer inútil nuestra presencia y esfuerzo; casi a mitad del vuelo el segundo mecánico me comunicó que acababan de percatarse que faltaba el asiento que se emplea en los rescates con winche -¡Por los clavos! ¿Y ahora? ¡Siempre falta medio para un sol! - No había mucho que pensar, continuaríamos y utilizaríamos un aro del mismo cable para bajar al enfermero y que les proporcione ayuda y, de ser posible, izar a los accidentados, esto obligaría a que se coloquen el cable por debajo de los brazos, bajo las axilas .Pero el cable es de acero y muy delgado ¿Y si tenían las costillas rotas? Imposible izarlos así. Concluí en que la mejor oportunidad de los accidentados era que llegáramos con luz y tiempo suficientes para bajar al enfermero e izar a los tres... si su condición lo permitía, de no ser posible tendrían que pasar la noche en el monte. No había más.

Cuando llegué al Pastaza observé la orilla para ubicar un punto de aterrizaje lo más cercano al lugar del accidente pero que no había lugar para aterrizar, era indispensable recatarlos con el winche y tenía que aprovechar los escasos minutos de luz que me quedaban o tendrían que pasar la noche en donde estaban y como estaban ¿Y entonces? Sin un lugar cercano para aterrizar y dejar una cuadrilla de rescate, que no estaba prevista; el movimiento se tendría que hacer por río y llegar hasta ellos por tierra a través de la selva, eso tomaría muchas horas, tal vez toda la noche y lo más probable era que tan grande esfuerzo fuera inútil al no contar con la ayuda de un médico al que podríamos llevar recién al día siguiente a primera hora.

Al llegar al lugar del accidente dimos un par de vueltas para evaluar la situación ¡Estaban vivos, qué alivio! La situación ya no parecía tan desesperada, uno de los tripulantes accidentados, en el que me pareció reconocer al piloto, estaba de pié y nos hacía señas con los brazos, mientras el otro permanecía sentado, parecía estar cogiéndose el brazo, pero no estaba seguro ¿Estarían en condiciones de ser izados? Los árboles eran enormes, la humareda había disminuido considerablemente y ya no era problema, aun así la operación tomaría su tiempo, por un momento pensé que el cable no alcanzaría pero no había opción, teníamos que tratar de sacarlos cuanto antes pues ya empezaba a oscurecer, si bien sobre los árboles la luz todavía era suficiente, en la parte baja, entre los árboles, el ambiente ya estaba azulado.

Si la hora nos ganaba las consecuencias eran imprevisibles, pasar una noche en la selva es terrible si no se cuenta con los medios de protección adecuados, la temperatura baja mucho y los zancudos te atacan inmisericordes, yo sabía que no tenían protección suficiente ni adecuada y que los traumatismos del accidente los podrían hacer entrar en el shock. Tenían todo en contra, era indispensable sacarlos.

Empecé por ubicar el mejor ángulo de aproximación y lentamente nos colocarnos en vuelo estacionario sobre la copa de los árboles, el helicóptero accidentado había quedado invertido, con la panza hacia arriba y continuaba echando humo, entonces los vi claramente a los dos, el mecánico estaba sentado sobre un tronco, cogiéndose una mano envuelta en un trapo ensangrentado y Mario, el piloto, en overol anaranjado, con profusas manchas de sangre, agitaba los brazos; me desentendí de ellos y me concentré en la maniobra que estaba haciendo “

 

¡EMERGENCIA!

“Nuestro decolaje en el 644 fue normal, poco a poco fuimos tomando altura con la caseta bamboleándose continuamente, cruzamos el Pastaza y proseguimos el ascenso por unos minutos más; no habíamos alcanzado todavía la altura requerida cuando de pronto sentí que la nariz del helicóptero empezaba a girar rápidamente a la derecha, presioné el pedal para contrarrestar el movimiento pero este se hundió como si estuviera desconectado sin conseguir ningún resultado, de inmediato solté la caseta y mientras la nariz seguía girando sin control reporté desesperadamente

     - ¡¡644 EMERGENCIA......... EN EL PASTAZAAA....!!

Mientras girábamos sin control, descendiendo en un arco cerrado y acercan donos a los árboles, pensaba ¿En cual de estos nos estamparemos? ¿El fierro se quedará enganchado en alguno? ¿Caeremos hasta el suelo? ¿Qué será mejor... o peor? Pero cuando vi el lugar donde yo calculaba que chocaríamos comprendí que sólo quedaba confiar en Dios, los árboles eran muy altos, algunos tenían las ramas superiores peladas, con apenas unas ramas delgadas, pero otros eran frondosos y muy verdes, supongo que serían de especies diferentes, el suelo casi no se veía porque en partes las enredaderas iban de un árbol a otro formando como una red, pero en otra parte habían plantas pequeñas, arbustos, que dejaban ver la tierra. Parece mentira cómo en unos segundos pude ver todos esos detalles, pero así fue.

No puedo precisar con exactitud cómo fue el primer impacto, pero lo que es cierto es que entramos entre dos árboles frondosos, enormes, no porque yo hubiera tratado de hacerlo, porque ya no tenía ningún control sobre el helicóptero, sino.... porque así fue. No fue uno sino muchos golpes que se sucedieron uno tras otro, primero escuché las palas chocando y luego, sin solución de continuidad, sentí más que escuché la serie de golpes que concluyeron cuando el helicóptero llegó abajo; no sé porqué, en el último instante antes del impacto, miré al “chino” Kong y vi que estaba con casco mientras que yo, por negligente, había dejado el mío en el hangar. Como un rayo me vino a la mente la idea de que eso sería mi perdición; zarandeado
brutalmente ni siquiera puedo decir que vi que salieron ramas u hojas volando porque todo se me hizo oscuro y de pronto ya estábamos abajo.

No sé si los motores siguieron funcionando pero, instintivamente, traté de cortar el combustible con los aceleradores mientras un líquido caliente me corría por cara y cuello, reaccioné al escuchar los gritos del “chino” Kong - ¡Salga mi teniente, salga que esto se incendia! - Traté de abrir la hebilla de los arneses pero no pude, no sé porqué, entonces el “chino” la abrió de un tirón y yo caí de cabeza sobre el techo porque estábamos invertidos, atontado empecé a salir por el parabrisas, que estaba roto, cuando sentí que un pie se me había trabado en algo, nuevamente el “chino” me ayudó, no habíamos podido alejarnos ni diez metros cuando sentimos un empujón, al tiempo que escuchamos la explosión y el helicóptero quedaba envuelto en llamas.

Pasado el susto inicial empezamos a revisarnos, de varios cortes que me había hecho en la cabeza caían unos hilos de sangren, pero además la espalda y el hombro estaban manchados de rojo pero no tenía fracturas ni heridas vi sibles, entonces recordé el líquido caliente que había sentido caer sobre el hombro y caí en cuenta que era ... fluido hidráulico; en cambio el “chino” tenía en el canto de la mano un profundo tajo que parecía una horrible boca, de bordes amarillentos, lo único que pude hacer, sin botiquín de primeros auxilios, fue tomar mi pañuelo y, sin mucho éxito, hacerle un torniquete para tratar que cese la hemorragia; creo que ese corte se lo hizo al ayudarme a salir por el parabrisas roto. Vaya a él mi agradecimiento.

No sé cuanto tiempo pasó, creo que no más de diez minutos, cuando escuché el sonido característico de las palas de un twin y que, a juzgar por lo que escuchamos venía a todo lo que daba la máquina, entonces supimos que la ayuda estaba en camino, que era cuestión de tiempo; el helicóptero se elevó, hizo un giro y empezó a orbitar, supongo que para tratar de ubicarnos pero no podíamos hacernos ver por el denso humo del incendio que nos obligaba a mantenernos alejados y fuera de la vista, luego llegó otro y otro más, tres en total dando vueltas, pero arriba, impotentes para ayudarnos, mientras nosotros estábamos en tierra ¿Qué hacer? Yo me temía que tendríamos que pasar la noche donde nos encontrábamos ¿Quién nos iba a ayudar a esa hora? ¿Y estos qué hacen mirándonos, en lugar de ir a buscar una carpa o lo que sea para pasar la noche? De noche hace mucho frío, aquí abajo ya está un poco oscuro y los zancudos ya nos están atacando, no tenemos ni agua ni comida ni cómo hacer siquiera una fogata, seguro que están pensando en algo para ayudarnos. ¿Las moscas ya habrán puesto sus huevos en nuestras heridas? No quisiera llenarme de gusanos Esperaremos, no hay más. Paciencia, paciencia ¡Paciencia pero apúrense que aquí se está oscureciendo muy rápido !

Después de un buen rato, más de la cinco de la tarde, creímos escuchar los motores de un MI-8 al que vimos por unos segundos porque estaba bastante bajo y a poca velocidad, luego, a poco, lo escuchamos nítidamente y, como para que no nos queden dudas, vimos los árboles moverse violentamente mien tras se acercaba en vuelo lento sobre las copas hasta detenerse sobre nuestras cabezas, su presencia me dio confianza en que nos rescatarían, aunque no sabía cómo.”

 

EL RESCATE

“Una vez que alcancé la posición deseada, y con el helicóptero estabilizado, iniciamos el descenso del cable, poco a poco, pero era demasiado lento y temía que el tiempo me ganara, sólo me quedaba meterme entre las copas, mi intención era que con la fuerza del aire que el rotor principal lanza hacia abajo, abrir las ramas para descender lo más posible ¿Cuánto? ¡ Lo más posible!. Le pedí a uno de los helicópteros que se ubicara en posición de noventa grados con respecto al mío para que me vigile la distancia de la cola a las ramas, y a otro para que desde arriba hiciera lo mismo respecto al rotor principal, chocar el rotor podía causar una catástrofe; tenía que confiar en “mis ojos externos”, su silencio significaba que estaba en buena posición, al menos eso esperaba, el único que hablaría, eventualmente, sería el operador del winche. Poco a poco fuimos descendiendo, las ramas parecían resistirse cada vez más, pero cada vez estábamos más abajo, esos minutos se hicieron larguísimos, no podía apresurarme, había que hacerlo con mucha calma, con precisión y atento al movimiento de los árboles; atrás, desde la puerta de la cabina, el operador del winche trataba de comunicarse por señas con los accidentados, hasta que escuché el funcionamiento del motor eléctrico”.

“Pensé que me estaban trayendo alguna clase de ayuda para pasar la noche y que por eso los otros helicópteros se habían quedado, aunque no sabía para qué, eso me hizo recordar un documental en el que un chico, armado con una carabina mata a un pájaro de una bandada que se había posado en un árbol y que, al caer abatido uno de sus miembros, se precipitan a las ramas más bajas dando de chillidos sin poder hacer nada, así estaban ellos, cosas que a uno se le ocurren ; desde la puerta del helicóptero el mecánico empezó a hacernos gestos y a señalar el winche y supuse que me indicaba que iban a bajar a alguien ,o algo, no esta ba seguro de lo que quería decirme porque estaban muy altos y no podía ver bien, pero cuando observé el gesto de colgarse del winche entendí el mensaje: bajarían el winche para izarnos y quería saber si habíamos comprendido.¡Claro que habíamos comprendido, si no bajaba nadie era que querían sacarnos!

El cable empezó a bajar, pero lo hacía tan lentamente que estuve seguro que no alcanzaría la hora para sacarnos a los dos, yo veía que arriba todavía había bastante sol, pero abajo entre los árboles ya estaba entre dos luces, de un color azulado, entonces vi que uno de los helicópteros Twin se ponía a la cuadra del MI-8 y otro se colocaba algo atrás pero más alto, permaneciendo ambos en sus posiciones, sin moverse, por lo que supuse que estarían cumpliendo alguna orden que no alcanzaba a comprender ¿El MI está tratando de bajar más aun? ¡Pero si ya está metido entre los árboles! Sí, estaba bajando, y bajó bastante.

El winche se demoró una eternidad en bajar y cuando llegó vi que terminaba en un aro hecho con el cable del winche, asegurado para que no se cierre ¿Y con eso pensaban sacarnos? ¡Qué diablos, la cosa era salir de allí! El aro tenia amplitud suficiente para pasar los brazos, pero yo preferí colocarme en posición de sentado, hice la señal para que me suban y empezó la tortura, el cable se me incrustaba en la piel, empecé a girar y girar, cada vez más rápido y a cada vuelta me parecía que más se me incrustaba el cable en la carne, me dolía mucho pero apretando los dientes aguanté sabiendo que estaba subiendo y eso era lo importante, temía que el cable se me corriera hacia las corvas ¿Y entonces, tendría fuerzas para mantenerme colgado? Hasta que al fin llegué a la puerta donde “Julito” Recharte me cogió del cuello y de un tirón me metió a la cabina, me tendí en un asiento a esperar que me pase el mareo y el dolor en las posaderas y a que suban al mecánico”

“Metro a metro el winche fue bajando, no sé cuanto tiempo demoró, pero fue mucho, hasta que el operador me avisó que ya había llegado abajo y que el piloto se estaba acomodando para ser izado, un momento después escuché nueva mente el motor eléctrico, haciendo pausas; apenas si miré de reojo atento a mantener el helicóptero lo más quieto posible mientras subían al piloto, pero lo vi girando bastante rápido; escuché unas voces y ¡Ya estaba a bordo el piloto! Mientras bajaban el winche para izar al mecánico, el tiempo que tomó se me hizo larguísimo y durante el cual yo pensaba, sentía, que algo no andaba bien. Había un árbol adelante y en diagonal a mi derecha que se balanceaba adelante y atrás, luchando contra la fuerza del aire lanzado por las palas, ese movimiento constante jalaba mi atención y por un momento hasta me dio la sensación de que era el helicóptero el que se movía acercándose a los árboles, inmediatamente me fijé otro punto de referencia y encargué a Calìn la vigilancia del bendito árbol, bastante tenia yo con mantener el helicóptero estable.

Uno de los helicópteros de apoyo tuvo que retirarse por bajo nivel de combustible, sólo tenía que mantener la posición unos minutos más. Calma, todo está bien, ya falta poco; empezamos a izar al mecánico, lo miré de reojo y vi que aunque también giraba sobre si mismo, lo hacía bastante más lento que anteriormente. ¿Por qué más lento? ¿Qué está pasando? Hay algo que está mal, pero ¿Qué puede ser? Tengo combustible suficiente, los instrumentos no indican nada anormal, algo está sucediendo, no sé qué es pero lo siento ¿Qué puede ser? No sabiendo qué preguntar me dirigí a mi copiloto, sin mucha esperanza, por si él había notado algo

     - Calin ¿Todo bien, los instrumentos?

     - Todo normal, estoy atento ¿Las palas? - me pregunté sin convicción; algo no está bien ¿Qué es, Dios Santo? ¿Será solo mi imaginación? Calma, pensé, ya falta poco, sólo cálmate

     - Estamos a regular distancia de las ramas, solo mantente como hasta ahora - me dijo Calin, estaba tan tenso que su voz me sorprendió pero también me dio algo de tranquilidad.

Mi preocupación seguía en aumento ¿Qué está pasando, qué es lo que me inquieta? Preocupado, inmerso en mis pensamientos repasaba los pasos pen dientes; de pronto, como una luz, comprendí lo que estaba sucediendo, sentí que se me erizaban los pelos de la nuca ¡El cable era de entorchado simple, como una soga, y tenía ya poca torsión, por eso era que ya giraba lentamente! Eso significaba que pronto dejaría de actuar como un todo y cada filamento recibiría la carga individualmente, con menos resistencia por supuesto. ¿Resistiría lo suficiente para completar el rescate del mecánico? Guardé silencio, no había nada que pudiéramos hacer más que confiar en que el cable resistiría.

     - ¿A qué altura está, cuánto falta para llegar arriba? - Traté de que mi voz sonara calmada, pero no sé si lo conseguí

     - ¡Faltan como diez metros todavía! - La voz del mecánico me pareció algo chillona, o tal vez fue sólo mi imaginación.

     - ¡Tranquilo! ¡Sólo cántame cuánto falta, no te detengas hasta que llegue

     - Faltan ocho metros....siete......seis......

El operador iba cantando la distancia entre el rescatado y el helicóptero, metro a metro, hasta que llegó a bordo al fin; el segundo helicóptero de apoyo también tuvo que retirarse, afortunadamente ya nos había proporcionado toda la ayuda necesaria.

Empezamos a salir del agujero que habíamos formado con la fuerza del aire que lanzaba el helicóptero, nos encontrábamos bastante por debajo del nivel de la copa de los árboles así que había que subir lentamente, los enormes troncos, empujados hacia afuera como las paredes de un embudo, tendían a regresar a su posición original balanceándose amenazadoramente; poco a poco, lentamente, fuimos ascendiendo procurando que los árboles se cerraran paulatinamente y que no tomaran mucho impulso y se acercaran a las palas. Libres ya de obstáculos y de la tensión del momento pasado enrumbamos a Teniente López; a lo lejos se podía percibir que el clima había desmejorado, pero eso era secundario, lo importante era que ya teníamos a bordo a nuestros dos camaradas y, a juzgar por su aspecto, se encontraban en buenas condiciones a pesar del grave accidente que habían sufrido.”

“La subida del winche fue lentísima, preocupado por mi copiloto el “Chino” me pareció incluso hasta más lento que cuando me subieron a mi, yo había tenido que utilizar ambas manos para sujetarme y las piernas me habían dolido mucho, y me seguían doliendo por haber tenido tanto rato todo mi peso apoyado sobre el delgado cable y dando vueltas ¿Cómo se las arreglaría con una mano seriamente herida? Miré por una de las ventanillas y me quedé sorprendido, el “Chino” también giraba pero mucho más lentamente que cuando yo subí, estaba muy bien equilibrado, cogido con una sola mano y además sonriente como si estuviera de paseo; cuando estuvo a bordo nos sentamos lado a lado, en silencio Ya estábamos afuera, solo nos quedaba esperar.

Nos habíamos salvado de buena, salimos casi ilesos del accidente, nuestros compañeros acudieron al instante en nuestra ayuda, no nos dejaron solos ni un segundo, el MI- 8 nos habían sacado del monte con las justas, cuando ya la luz del día se iba y hasta metiéndose entre los árboles y ya estábamos rumbo a Teniente López ¡Qué importaba el resto, estábamos salvados! ”

“ En cuanto aterrizamos se llevaron a la enfermería a los dos evacuados para que el médico los examine, mientras tanto los tripulantes del MI-8 nos dedicamos a preparar el vuelo a Iquitos, recargamos combustible, revisamos las cartas de navegación para hacer el seguimiento del vuelo, verificamos luces de cabina y de aterrizaje, linternas, etc. No había obscurecido del todo, a lo lejos se escuchaba esporádicamente uno que otro trueno. y aunque estábamos entre dos luces pudimos ver que el médico se acercaba caminando rápidamente con cara de preocupación”.

“Apenas aterrizamos nos quisieron poner en unas camillas, a mí hasta risa me dio porque después de tenernos colgados como cecina al sol, ahora ¿Nos querían llevar en camilla? Rechazamos el intento y nos trasladamos a la enfermaría por nuestro propio pie, parecía que todo el campamento en pleno se había congregado pues la gente se arremolinaba para ver a los heridos, o sea nosotros, agradezco el interés pero creo que era pura morbosidad, o simple curiosidad, de todas maneras se quedaron fuera de la enfermería; el doctor, empezó por examinarme a mí en primer lugar, mi uniforme era un escándalo de sangre y fluido hidráulico, parecía que la cosa era grave pero en realidad era por la sangre que me había brotado de los cortes en la cabeza; luego examinó al “Chino” Kong y de pronto, cuando parecía estar terminando el examen se marchó sin decir ni pío, nos quedamos intrigados esperando a que regrese ¿Por qué se había ido así, había detectado algo grave y no nos lo quería decir? “

 

EL RETORNO

“Alarmado por su expresión, y al ver que venía solo, supuse que alguno de los heridos había sufrido alguna lesión grave pero, sobreponiéndome a mi ansiedad, esperé a que fuera médico quien hablara primero

     - Flaco ¿Crees que debemos evacuarlos ahora? Ya es de noche

Me quedé atónito ¿Por qué me preguntaba a mí si debíamos evacuarlos?

     - No sé pues doctor, tú eres el que tiene que decidir eso, no yo ¿Cómo los encuentras, están delicados?

     - Buenoo….. no, no es nada serio, Mario Saona tiene varios cortes en la cabeza y está un poco golpeado y Kong tiene un corte en la mano, algo aparatoso pero nada serio

     - De todas maneras es mejor llevarlos a Iquitos que quedarnos aquí, allá hay hospital y además querrán irse a Lima a ver a la familia.... yo ya estoy listo, no perdamos tiempo ¡Vámonos de una vez!

Tras unos segundos de silencio - Flaco... pero... de noche....

     - MIGUEL......! Tú preocúpate de los muchachos ¡ESA es tu responsabilidad! ¡El vuelo es asunto mío! - El doctor dio media vuelta y se fue, más cabizbajo que cuando se había acercado; diez minutos después estábamos arrancando motores.”

“Recién cuando regresamos al MI-8 para embarcarnos con destino a Iquitos
tuve la oportunidad de saludar a Eco Bravo y Calìn Baluarte que,
coincidentemente, eran compañeros de promoción de mi hermano Juan; Calìn,
como de costumbre, nos hizo un par de bromas antes de partir. Un rato
después decolamos hacia Iquitos acompañados por Miguel, el médico al que no
no le gustaba volar, y menos de noche. Después del accidente todo estuvo de
nuestra parte, gracias a Dios”

Habíamos volado algo más de una hora y era ya noche cerrada, estábamos en plena travesía con algo de lluvia y turbulencia moderada, cuando, sin previo aviso, por segunda vez se abrió la puerta de la cabina de pasajeros, era Miguel, el médico, con rostro de preocupación y nerviosa sonrisa

     - “Hola doctor ¿Otra vez por aquí? – le dije calmado - ¡Mejor anda atrás, siéntate y amárrate!

     - Sólo venía a avisarte que los muchachos están bien – me dijo Miguelito - tú no te preocupes, tú vuela tranquilo nomás - ¡Vaya! Pensé ¿A qué venía eso? Me reí para mis adentros, se notaba su “preocupación”

Antes de que tuviera tiempo de contestarle nos sorprendió una regular turbulencia acompañada de fuerte lluvia; el doctor volvió volando a su sitio, pero de paso se ganó su buen golpe en la cabeza, lo que no fue impedimento para que cinco minutos después regrese nuevamente, por tercera vez y visiblemente “preocupado” porque ya llevábamos un buen rato de lluvia intensa, aunque por el tiempo de vuelo, y la información de las condiciones en Iquitos, yo estaba seguro que era la última lluvia que cruzaríamos, un poquito más fuerte que las anteriores, como para despedirnos, pero nada fuera de lo común.

Estábamos comentando con Calín la suerte que habíamos tenido, el día había sido intenso, habíamos estado en los límites pero todo había salido bien, y ahora ya estábamos por concluir; el vuelo, en términos generales había sido tranquilo y ya estábamos próximos a llegar, habíamos tenido algo de lluvia y un poco de “baile” pero nada más y Calín en ese momento me decía - No me digas que no has “quemado” cuando nos metimos entre los árboles – estaba por contestarle cuando se abrió la puerta de la cabina y apareció …….Miguel

     - Flaco ¿Todo está bien? ¿Ya vamos a llegar? - Como no le contesté Miguel insistió - Flaco ¿El tiempo de Iquitos está bueno? ¿No está lloviendo, no? - Continué en silencio, mirando mi tablero de instrumentos y contando mentalmente no sé hasta cuanto para conservar la calma pero “Miguelito” volvió a insistir

     - ¿Flaco, no hay problema para aterrizar, no?

    - ¡¡CAR….. MIGUEL, ANDA A TU ASIENTO, AMÁRRATE Y NO VUELVAS A ENTRAR A LA CABINA!! - Creo que no le gustó mi tono de voz porque no volvió a regresar - ¿Qué te parece Calín? Este gordo de miércoles es un “quemón” (nervioso, temeroso); ya vamos a llegar y sigue fregando ¿Por qué estará tan nervioso?

Apenas un par de minutos después estábamos volando con visibilidad Ilimitada y cielo estrellado; no sé por qué tanta preocupación si el vuelo había sido de lo más tranquilo, algo de lluvia y nada más, y además faltaban apenas quince minutos para llegar”.

“En la cabina de pasajeros sentimos el cambio de las condiciones de vuelo, ya no se escuchaba el golpeteo de la lluvia en el fuselaje y el helicóptero volaba como una seda, la azulada luz del techo creaba una atmósfera especial y los tres nos quedamos sin hablar, miré mi overol de vuelos, era color naranja pero con las manchas de la sangre y líquido hidráulico que me habían caído parecía camuflado, el Chino Kong, siempre sonriente, sujetaba su brazo para mantener en alto su mano vendada y Miguel, después del teatro que le hicimos y del cuento que le metimos acerca del radio compás y la lluvia y los rayos, por fin estaba sentado, cariacontecido y amarrado, aunque no sé si tranquilo, sentí algo de remordimiento por haberle exagerado la situación pero supongo que ya me habrá disculpado.

Los tres nos quedamos callados, creo que pensando en lo mismo. Habíamos tenido un día especial, muchas emociones encontradas difícil de traducir en palabras, atrás quedaban el susto de la emergencia, la angustia de no saber si podrían rescatarnos, el dolor del cable clavándose en mis carnes, la sangre manando de la herida de la mano lacerada, el mal tiempo, la lluvia.

Fue entonces que Eco Bravo me llamó a la cabina para avisarme que un avión Hércules del Grupo 8 nos esperaba en Iquitos para llevarnos a Lima. A través del parabrisas del MI-8 pude ver, a lo lejos, en la límpida noche, las luces de Iquitos; ya estábamos rumbo a la familia ¿Qué importaba el resto?

 

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